Sembrando en noviembre 2016

 

LAS COSECHAS DE/ EN NOVIEMBRE

 

El mes de octubre tiene los encantos del otoño estacional y del otoño existencial, del avanzar e ir madurando en la vida. Esto se puede observar en el clima, el ánimo, los colores de los campos,  las cosechas… en fin, en el ambiente respirado, anhelado y vivido.  Es lo que nuestros sentidos captan y nuestros sentimientos expresan. La vida no sería vida sin el otoño.

 

Durante este mes se anuncian a los ganadores de los premios Nobel, quizás los más significativos en este mundo globalizado. Se reconoce a las personas e instituciones que más han aportado a la humanidad en el campo social, cultural, las ciencias y las tecnologías. Son premios que hacen visibles a personas/instituciones que hacen su trabajo en el silencio de la investigación, la imaginación creadora y el aporte científico, generoso, humano  para que nuestro mundo sea más habitable.

 

Noviembre pone a nuestra consideración a los seres queridos más cercanos que no ganaron premios Nobel pero que han aportado los valores y premios que hacen vivir a personas, familias y pueblos. Inicia con todos los Santos; al día siguiente conmemora a los Fieles Difuntos; el resto del mes es para los que aún vivimos. Noviembre es el mes para hacer el recuento de  los granos sembrados y cultivados durante  la vida, contar las historias del cultivo y prepararse para la cosecha definitiva. En pocas palabras, es el mes de las personas de todos los días y la cosecha de las diferentes estaciones de la vida. Hasta el afán comercial habla de una semana ‘del buen fin’ durante este tiempo.

 

La liturgia de la Iglesia católica centra la atención en Cristo como Juez de vivos y muertos y como Rey de toda la creación. La lectura de la Palabra de Dios ilumina, con parábolas y visiones apocalípticas, el final del tiempo de las personas y de la historia.  La intención no es sembrar el miedo para que las personas reaccionen y se porten bien. El final del tiempo litúrgico invita a contemplar el horizonte de la plenitud que sólo Dios puede dar. En otras palabras, es el tiempo para meditar y celebrar la consumación de la salvación que nos ha ganado la redención de Jesucristo. Los cristianos de generaciones anteriores solían meditar en las postrimerías (realidades últimas) del hombre: muerte, juicio, infierno y gloria.

 

La mentalidad del mundo moderno es implacable en la búsqueda de resultados. Todo lo mide por logros prácticos, medibles y contables. Tener éxito en la vida pareciera que es la única razón de estudiar, trabajar, descansar…de vivir.  Suele poner la felicidad en las cosas, el gozo en el placer momentáneo, la ganancia en cuentas bancarias. El sentido de la vida se vacía en el vacío de las pretensiones. ¡Qué bien nos cae el mes de noviembre para purificar nuestras intenciones! ¿Por qué no hacer  del mes el mes del fin eterno de la vida?

 

La familia y las diversas situaciones que viven las familias no son ajenas a esta mentalidad. Espero que las Asambleas de Zona que celebramos este mes ayuden a discernir los desafíos prioritarios y las líneas de acción que traduciremos en planes, proyectos y programas pastorales. 

 

Noviembre es el marco de tiempo favorable para aterrizar el ‘buen deseo’ de que avancemos en la conversión pastoral. Nuestra Iglesia Diocesana cumplirá su misión evangelizadora si es  fiel al Señor de la historia y a todas las familias que andan como ovejas sin pastor en cada una de las calles de nuestras comunidades.

 

Con mi afecto y bendición.

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

@signorbar
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Noviembre de 2016 ©Diócesis de Zacatecas