Sembrando en marzo 2016

 

EL GRAN DESAFÍO DE LA CONVERSIÓN PASTORAL

 

El tiempo de Cuaresma ha iniciado muy temprano en el calendario litúrgico. El Triduo Pascual también vendrá luego, recién pasado el equinoccio de primavera: 25 (Viernes Santo), 26 (Sábado Santo) y 27 de marzo (Domingo de Resurrección).  

 

Cuaresma no tiene sentido por sí misma, es decir, está en relación indisoluble con la Pascua.  El Misterio Pascual es el centro de nuestra fe, de la fe de la Iglesia Católica, la razón de ser de los sacramentos y de la vida cristiana, el acontecimiento salvífico por excelencia, el parteaguas de la historia. En el transcurso de los siglos la Cuaresma ha ido enfatizando diferentes aspectos del amor-alianza de Dios y de la existencia cristiana. En los últimos cincuenta años la Iglesia ha organizado la liturgia cuaresmal de cada domingo en tres ciclos/ejes: el bautismo, el misterio de la cruz redentora y el amor misericordioso de Dios que llama a la conversión. Este año nos conduce el evangelista Lucas hacia el corazón mismo de Dios: su ternura, su compasión, su misericordia. 

 

El llamado a la conversión está presente en los tres ciclos. Amor con amor se paga, dice la sabiduría popular. Volver a Dios, al Dios de Jesucristo, es la respuesta del pecador que se deja envolver por la misericordia infinita del que nos amó primero y no se cansa de perdonar. La vida sería un desastre absoluto, una pudrición asquerosa, si el pecado tuviera la única y última palabra. Aceptar que Dios Padre es rico en misericordia; que Jesucristo, su Hijo, murió por nuestros pecados;  y que el Espíritu Santo es señor y dador de vida, es volver a la vida, es la victoria segura sobre el mal y la muerte. 

 

“Si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante”, nos dice Jesús el tercer domingo de esta cuaresma.  Para nosotros el tiempo de cuaresma puede ser la ocasión propicia para verificar si ‘el amor con amor se paga’ es auténtico, si nuestros proyectos corresponden al proyecto de Dios.  Puede ser el tiempo favorable para limpiar nuestra forma de comprender y vivir la fe de todas las incrustaciones de superstición, comodismo, apariencia, exterioridad. Para rechazar los caminos fáciles, las componendas y traiciones a la alegría del Evangelio.  Para rechazar una religiosidad convenenciera, construida a nuestra medida, al gusto del capricho o del interés del momento.  Para rechazar una pastoral que no le apuesta a la renovación para ser fieles; una pastoral del mínimo, ventajosa en lo económico, pobre en audacia y creatividad, coherencia y transparencia.

 

El tiempo de Cuaresma  es el gran tiempo para vivir el desafío de la conversión pastoral de pastores y fieles. Este año estamos llamados a ‘mirar’ con ojos de conversión los desafíos que nos plantean el matrimonio,  la familia y los diferentes tipos de familia de la posmodernidad.  La misma conversión pastoral es el gran desafío si nuestra Iglesia quiere ser coherente con el Evangelio, buena noticia para todos los matrimonios y familias.  

 

Como pastor de esta Iglesia particular en esta hora de la historia de salvación espero que el tiempo de Cuaresma sea un tiempo favorable para la conversión pastoral. Quizás la tentación más fuerte en esta Cuaresma sea seguir igual, seguir haciendo lo mismo y esperar lo que sea.  Nuestra vocación es la misericordia, acercarla,  servir como enlace, facilitar que el amor de Dios sea la última palabra, no nuestros ilustrísimos deseos. 

 

Los abrazo con mi bendición. 

 

+ Sigifredo

    Obispo de/en Zacatecas

@signorbar
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Marzo de 2016 ©Diócesis de Zacatecas