JUBILEO: MEMORIA AGRADECIDA PARA UN FUTURO COMPROMETIDO EN LA MISIÓN

 

   La Iglesia particular de Zacatecas no es la única diócesis que está celebrando su jubileo en el año 2014. Las arquidiócesis de Guadalajara y Morelia,  y las diócesis de Zamora, Chilapa-Chilpancingo, Querétaro, León,  Tulancingo y Jalapa también celebran sus primeros ciento cincuenta años de haber sido erigidas. Las arquidiócesis de Tijuana y Tlalnepantla y otras diócesis están celebrando sus primeros cincuenta años de existencia. He visto en las invitaciones recibidas un llamado a compartir la alegría de la fe en Cristo, en su Iglesia y en el ser humano a quien se ha servido desde el Evangelio. En todas se habla de fiesta/festejo para celebrar -con eclesial gratitud- los dones recibidos; pedir perdón por las gracias desperdiciadas por tantos pecados (en ciento cincuenta años hay bastantitos); y mirar el futuro como proyecto para continuar anunciando-celebrando-viviendo/conviviendo el Evangelio, con nuevo ardor y nuevos métodos de acuerdo a los nuevos tiempos.

 

   Hemos dedicado (y lo seguiremos haciendo) muchos meses para desempolvar la memoria de la fe, la esperanza y la caridad de tantos hombres y mujeres que nos han transmitido la fe viviéndola y plasmándola en cientos de testimonios vivos, unos bien conocidos, otros que permanecen en el silencio fecundo de la gente de todos los días. Creyentes y no creyentes (el no creyente también es parte de/en la historia de salvación) han buscado, luchado, escrito en papel y en piedras, construido, pintado, cantado, discutido, meditado, renegado… su experiencia de fe y sus variopintas experiencias de peregrinos hacedores de la historia de la Iglesia en estas tierras plateadas y coloradas… No caben en ningún número las y los grandes misioneros que han nacido en esta Iglesia, o se han formado en nuestras familias e instituciones, han recorrido y recorren las avenidas del mundo moderno portando el Evangelio e irradiándolo en las arterias de las culturas y en los escenarios del mundo. ¿Cómo no reunirnos en asamblea para agradecer todo el bien que el Señor nos ha hecho? Como el salmista, “Damos gracias al Señor de todo corazón en la reunión y en la asamblea de los justos” (Salmo 110). 

 

   También hay pecado y pecados en nuestra historia de/como Iglesia particular. En ciento cincuenta años caben innumerables infidelidades al Señor de la historia. No solamente caben en el pasado pasado y pasado reciente sino que siguen causando males en el presente de las personas, familias, estructuras, instituciones... El mal, las maldades, el misterio del mal, el misterio del corazón humano que sigue pensando y actuando como Caín, como el Iscariote, como los grandes y pequeños pecadores que nos representan en la Biblia. Si sus nombres están en la Biblia quiere decir que siguen estando presentes en las hojas, cuadernos, libros y wikipedias de la historia personal y de nuestra Iglesia.  Los siete pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza) no son un invento de un confesor oscurantista para asustar a los ignorantes con el infierno. Son tentación de todos los días, de todas las personas, en todas partes. En los hombres y mujeres de Iglesia son más notorios. En ciento cincuenta años de Iglesia particular hay muchos pecados, muchas heridas que debemos seguir sanando. Aunque podemos hablar, al mismo tiempo, de ciento cincuenta años de perdón de parte de Dios, nosotros no somos dioses para perdonarnos a la primera. El perdón, de/por nuestra parte, es un proceso que incluye oración, ayuno, limosnas. Durante la Cuaresma 2014 (5 de marzo – 17 de abril, md) invitaremos a hacer un examen de conciencia de/como Iglesia en todas las comunidades. Pediremos públicamente perdón por nuestras infidelidades al amor de Dios y del prójimo. Confesaremos como el salmista: “Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión borra mis pecados” (Salmo 50). Pecado y perdón de los pecados también son parte de un jubileo.

 

   El lema de nuestro jubileo indica el hoy permanente del Evangelio de nuestra salvación: conversión y renovación. Incluye e integra las dimensiones del tiempo: pasado, presente, futuro; memoria, compromiso, proyecto. No podemos vivir de las glorias del pasado ni quedarnos rumiando el pecado y los pecados como si el perdón de Dios no fuera capaz de hacerlo todo de nuevo. Vivir solamente el presente, el momento actual, tampoco es saludable porque se encierra en sus propias paredes y puede apestar. Conversión y renovación es tomar en serio el pasado y el presente para ponerlos en camino hacia el cielo nuevo y la tierra nueva: el futuro de Dios. Nuestra diócesis mira con confianza su futuro como Iglesia encarnada en todas y cada una de sus comunidades. Mirar con confianza el futuro  implica hacerlo proyecto: nuestro futuro como Iglesia diocesana de Zacatecas. “Cada generación celebra tus  acciones y le anuncia a las otras tus portentos” (Salmo 144), cantaremos con el salmista. Durante el mes de febrero 2014 seguiremos formando y capacitando a los servidores que acompañarán a las comunidades parroquiales en su búsqueda de conversión personal-pastoral y renovación de los procesos de pastoral. En el gran tiempo de la Pascua 2014 (20 de abril – 8 de junio) vamos a diseñar, a la luz y con la fuerza del Resucitado, la Iglesia diocesana-decanal-parroquial que anhelamos.

 

   Pueblo de Dios peregrino en la Iglesia particular de Zacatecas, ¡en marcha!

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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Febrero de 2014 ©Diócesis de Zacatecas