LOS ENTRETEJIDOS DE LA FE

150 años generando vida desde el Evangelio

 

     Cuando el Papa Pío IX erigió nuestra diócesis, hace ciento cincuenta años, lo hizo para responder a los retos que enfrentaba la Iglesia después de las Leyes de Reforma de 1857. La disminución de su poder, la enajenación  de muchos de sus bienes y la pérdida de los territorios del norte que pasaron a los Estados Unidos, la obligaron a buscar  nuevos caminos para cumplir su misión.  Los obispos tuvieron  que aprender a vivir su ministerio en situaciones nuevas  y complejas que no se habían dado en trescientos años en el nuevo mundo.  Situaciones nuevas y difíciles piden respuestas creativas y audaces. La Iglesia en México tuvo que reestructurarse en su geografía y en su visión. Así nació la diócesis de Zacatecas, seis diócesis más y dos arquidiócesis. 

 

     Nunca ha sido tarea fácil anunciar, celebrar y con-vivir el Evangelio de Jesucristo. El Señor Jesús nos lo anticipó.  Intentar que el Evangelio penetre en el esqueleto, los tejidos, las arterias, las venas y la piel de la cultura y las culturas, en cualquier circunstancia histórica, es la tarea permanente de los discípulos convocados en la/como  Iglesia. Lograr que influya y transforme los corazones y las instituciones que el ser humano va creando en el transcurrir de la historia, es el fin que buscan los agentes responsables de la obra de la evangelización. Así ha sido en la historia de la Iglesia desde los tiempos de los Hechos de los Apóstoles. Vayan por todo el mundo y hagan discípulos, es el mandato del Resucitado, del Señor de la historia.

 

     ¿Ha madurado nuestra Iglesia diocesana en 150 años? ¿Qué indicadores  podemos encontrar? La única forma de saber si nuestra Iglesia diocesana ha cumplido y está cumpliendo su misión son los frutos visibles y compartidos de la fe, la esperanza y la caridad. Por sus frutos se conocerán, nos ha indicado el Señor a quien amamos y servimos. No hay de otra. Son frutos de vida  y para la vida;  en el tiempo y para la eternidad. Los frutos de vida trascienden, o no son frutos maduros. 

 

     En ciento cincuenta años podemos contar entre seis y siete generaciones.  Nuestros padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos… son parte –somos parte- de la historia de salvación tejida por la fe/esperanza/caridad en este espacio geográfico y en esta época de la historia. Los templos, los edificios, las variadas obras de caridad… son expresiones y manifestaciones importantes de una fe vivida, compartida y transmitida. Cuando la fe/esperanza/caridad se hacen estilo de vida de los bautizados el Evangelio se hace cultura. Cuando la semilla del Evangelio es bien sembrada y cultivada, el cristiano contribuye a crear una civilización humanizadora y liberadora. Es sal de la tierra, luz del mundo, genera vida, es fermento de cielo en la tierra. Entonces la Iglesia cumple su misión.

 

     Celebrar el jubileo de nuestra Iglesia particular nos compromete en la gratitud a Dios y a su Iglesia peregrina. Nos invita también a dejarnos conducir por el Espíritu del Resucitado que tiene la especialidad de renovarnos permanentemente. Conversión pastoral y renovación pastoral.

 

+ Sigifredo Noriega Barceló

    Obispo de/en Zacatecas

@signorbar
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Junio de 2014 ©Diócesis de Zacatecas