CIENTO CINCUENTA AÑOS NUEVOS

 

   “Ésta es la última hora”, nos dice san Juan en la primera lectura del día último del año civil. No se refiere a la forma de medir el tiempo, ni en oriente, ni en occidente. Es una expresión profundamente humana, iluminada y preñada del ‘tiempo’ de Dios gracias al Misterio de la Encarnación que celebramos en Navidad-Epifanía. Con Jesucristo vivimos los últimos tiempos, el tiempo definitivo. El cristiano está llamado a vivir con una actitud de lucha y esperanza. La frase nos llama la atención porque leemos y escuchamos el texto en un ambiente de balance, al término del año civil y al inicio de un nuevo año según el calendario gregoriano que marca el tiempo, principalmente en el occidente cristiano.

 

   Iniciamos el año 2014, año jubilar en la historia de nuestra Iglesia Diocesana. Viene a la memoria de nuestra fe (memoria de la esperanza y de la caridad) el rostro-existencia-historia de nuestros antepasados creyentes, sus deseos de felicidad en medio de sus expectativas y preocupaciones. Quizás no publicitaban tanto el inicio de un nuevo año. Quizás el ruido de la fiesta se oía en corto, se quedaba encerrado en las paredes de las casas, en las salas de las haciendas, en pequeños salones, en último término, en la soledad de la propia conciencia, la más grande de las habitaciones. En todo caso, en cualquier forma que se celebrara, quedaba en el silencio del corazón la convicción de que ‘algo’ nuevo iniciaba. Otro año, otra oportunidad, mirar lo que sigue. La vida medida en el momento presente, echada hacia el futuro. Todavía el ritmo de la Iglesia y la visión religiosa de la vida marcaban los pasos que había que dar para llenar de vida trascendente el año y los años. Se oían las campanas de las iglesias invitando a dar gracias, pedir perdón e implorar nuevas mercedes para continuar el camino. El mes de enero servía también como observatorio meteorológico. Las cabañuelas eran el reloj seguro para calcular los tiempos de las siembras y cosechas. La cuesta de enero es consecuencia de la modernidad, todavía no se inventaba (no se sentía, no era necesario).

 

   Vivimos la fe en Cristo en el tiempo, en cada tiempo, en  todo tiempo. Nuestra fe es luz, manantial y cauce de vida.  Da cimientos fuertes a la familia, fecunda las edades de la vida, reconoce al prójimo como hermano, edifica comunidad y comunidades, hace historia de salvación. Vemos muchas y bellas edificaciones materiales, testimonios de fe esculpidos en piedra como queriendo durar más allá del tiempo. Todavía más trascendente es la fe que transforma vidas, siembra valores morales y espirituales, modela aspiraciones, abre las puertas del horizonte total y definitivo: la casa del Padre, Dios amor.   Cuando el Evangelio es anunciado, celebrado y vivido, en profundidad y con intensidad, se encarna, hace cultura, crea civilización. Celebrar nuestro Jubileo como Iglesia Diocesana peregrina en el tiempo es una invitación a regocijarnos por la acción de Dios en nuestros antepasados y un reconocimiento agradecido por su fe obediente, transmitida de generación en generación. Sobra decir que la vivencia del paquete de la fe incluye grandes dosis de luchas interiores por ser fieles, unas ganadas, otras perdidas.

 

   Empezamos el año 2014 después de Cristo en circunstancias nuevas, con otros aires (a veces muy contaminados) y posibilidades inéditas que nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos no imaginaron. ¿Qué nos traerá el año nuevo 2014? Nos da y nos dará solamente el marco espléndido del tiempo para vivir. De nosotros depende y dependerá el sabor y las aromas que pongamos en/a cada día. Está en nuestras manos (en cierto sentido, también en manos de nuestros prójimos) si el vivir es con dignidad, con paternidad responsable. Todos los días tendrán veinticuatro horas, veinticuatro oportunidades diarias para ser y estar alegres, agradecidos, solícitos, solidarios. El fruto, la felicidad. ¡Feliz año nuevo 2014!

 

   Año 2014, ¿año del Señor?  El Año Jubilar es también un marco espléndido para anticipar el futuro que anhelamos y queremos como Iglesia Diocesana. Para lograrlo, es indispensable recorrer juntos la ruta que nos lleve a convertir los anhelos, sueños y deseos en proyectos realizables, medibles. El gran proyecto de la Iglesia es la Nueva Evangelización a través de una Misión permanente que incluya a todos y llegue a los nuevos escenarios del mundo posmoderno. Durante el año 2014 escucharemos, todos los días, que hay que salir de… para entrar en el proceso del plan pastoral en cada parroquia, grupo, movimiento… Al terminar el año 2014 esperamos tener el diseño de Iglesia Diocesana que queremos en el año 2020. ¿Será año del Señor?

 

¡Feliz año nuevo 2014! ¡Feliz y comprometido año 2014!

Con mi afecto y mi bendición

 

Sigifredo Noriega Barceló

Su padre obispo

@signorbar
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Enero de 2014 ©Diócesis de Zacatecas