¡VAYAN A MI VIÑA A TODA MÁQUINA!

SEMBRAR, CULTIVAR Y ESPERAR EL TIEMPO DE LA COSECHA

 

   Cuando la Iglesia nombra un obispo le pide que escoja un lema que oriente su servicio como pastor propio. Es algo así como la nota musical que marcará la melodía que va a prevalecer en la puesta en práctica de la misión que se le confía. La petición en cuanto tal no viene en la Biblia. El obispo puede aceptarla o no; no es algo esencial el escoger un lema, o escoger un lema u otro. Lo que es esencial es la misión que se le confía. La tradición de escoger un lema viene de la experiencia personal y comunitaria de tantos obispos que han servido y sirven en la Iglesia. Ayuda a centrar la espiritualidad pastoral del elegido y también a que la gente que se le ha confiado comprenda y crezca en la fe llamada a convertirse en acción pastoral. Es, pues, un elemento -entre tantos- que recuerda, inspira, motiva, enseña, centra y muestra la dirección del servicio pastoral del obispo o de cualquier persona.

  Su servidor ha escogido el lema VAYAN A MI VIÑA (Ite in vineam meam) Está tomado de la invitación que Jesús hace a los trabajadores (cf. Mateo  20,4.7) para que vayan a trabajar a la Viña, no importa a qué hora, ni el salario a recibir. Lo que realmente cuenta es que el Señor, el dueño de todo, es quien invita, confía en los que invita y sostiene a los que invita y envía a trabajar. La obra es suya ‘casi’ en su totalidad. Nosotros somos simples trabajadores en su Viña, cada uno a su hora y en la encomienda recibida. El Señor, -el dueño de la Viña y el que confía en los que invita y envía-, se distingue por su bondad: conoce por su nombre a cada trabajador, le ama infinitamente, pone el ejemplo de Buen Pastor -es más, es el único buen Pastor-, capacita al trabajador con las gracias que va a necesitar, se compadece a diario de los enviados... Y espera con infinita fidelidad y paciencia los frutos.

  El día 2 de enero se cumplieron tres meses del envío de este pastor, su servidor, décimo quinto Obispo en la historia de este Viñedo, Iglesia diocesana peregrina en Zacatecas. Poco a poco va conociendo las personas, la tierra, el clima; las fortalezas, posibilidades, limitaciones y plagas que amenazan con plantar muerte donde debe haber vida y cosechar vida. También ha empezado a conocer la larga e interesante historia de la tierra sembrada, cultivada y cosechada por tantas y tantos servidores en esta diez veces quinceañera Viña. Es de llamar la atención la gran cantidad de frutos de santidad en estas tierras, unos ya reconocidos y puestos oficialmente en la lista (canonizados o beatificados) y la inmensa mayor parte que están en la lista de Dios, inscritos en el libro de la Vida. Ha habido, también, grandes sacrificios para sembrar, transmitir y cultivar la fe, la esperanza y la caridad; batallas ganadas y batallas perdidas, luces y sombras, santos y pecadores. No todas las veces la semilla ha caído en tierra buena... 

  Hoy toca a nosotros seguir sembrando y cultivando la Viña que el buen Dios, dueño de la tierra y de la historia, nos ha confiado. Lo digo y lo recalco: hoy toca a nosotros. No es tarea sólo del Obispo, que, ciertamente, debe preceder en el servicio y presidir los sacrificios…  Sólo de los sacerdotes en sus comunidades u oficios… O de las religiosas y religiosos... No es tarea sólo de unos cuantos laicos y laicas... La misión es de todos y para todos, en cualquier hora de la vida, en todos los terrenos de la Viña... Los desafíos que hay en nuestro tiempo son muchos y también las posibilidades de acercarnos y llevar con nosotros la Buena Nueva a tanta gente que lo necesita y lo anhela.

  Estamos viviendo la eclesial experiencia de la décima Asamblea Diocesana de Pastoral. Hermoso testimonio de Iglesia que busca responder a lo que Dios quiere en y para esta Iglesia, peregrina en la diócesis de Zacatecas. Dios lo hace 'casi todo'. 'Lo que falta' corresponde hacerlo a cada uno de los bautizados, a su hora, en la encomienda personal y comunitaria, ante los desafíos de la hora presente. Deseamos que los frutos de la Asamblea se noten en una Iglesia verdaderamente discípula y misionera. Esperamos que los frutos se noten en parroquias renovadas, escuelas, hospitales, grupos, asociaciones y movimientos más comprometidos en la Nueva Evangelización para la transformación de nuestros pueblos. Oremos para que así sea.

 

Con mi afecto y mi bendición

+ Sigifredo Noriega Barceló

  Obispo de Zacatecas

@signorbar
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Febrero de 2013 ©Diócesis de Zacatecas