¡TODAVÍA ES TIEMPO DE PASCUA!

 

  Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría… cantan los prefacios del tiempo de Pascua. Es necesario recordarlo porque el gozo y el desborde de alegría no se notan en todas las celebraciones litúrgicas de este gran tiempo.  Quizá entendemos y aceptamos –todavía- que la Pascua comenzó el miércoles de Ceniza y terminó con la quema de los ‘pobres Judas’ el ‘Sábado de Gloria’, es decir, se quedó en la Cuaresma y todo terminó en el sepulcro del Crucificado, el Viernes Santo. Quizá, por eso, en algunas celebraciones, los cantos se escogen e interpretan como si fuera tiempo ordinario; los adornos festivos en los templos dependen de la ‘ceremonia’ que ‘se’ realiza; los ornamentos litúrgicos como si no hubiera más…

  Bueno, bueno, no estoy enojado… Espero que esto sea sólo la percepción marcadamente subjetiva de un servidor. Sabemos que lo más importante sucede en el interior de las personas y se manifiesta en una nueva vida, que incluye tener los ojos de Jesús para mirar con evangélicos ojos las realidades complejas en que estamos inmersos, los sentimientos de Jesús para amar entrañablemente a todo tipo de prójimos y un comportamiento que es reflejo de la conversión, trabajada paciente y misericordiosamente por el Señor durante el tiempo de Cuaresma.

  La celebración de la Pascua, año 2013, es sinónimo de gracias primaverales…, de la nueva creación en tiempos nuevos…, del hombre nuevo estrenando tierra nueva y cielos nuevos..., del nuevo horizonte superluminoso que ni ojo vio ni oído oyó… Es celebrar la gloria del Crucificado que da sentido de gloria a nuestros inviernos, veranos y otoños. Es anticipar y vivir ya, en el tiempo y en la tierra, el domingo sin ocaso. La gloria del Resucitado es ya nuestra gloria desde el bautismo. Con razón los santos buscaban siempre la gloria de Dios (ad majorem Dei gloriam) y, cuando alguien moría, expresaban el deseo de la glorificación con las sencillas y esperanzadoras palabras Dios lo/a tenga en su santa gloria.  El tiempo litúrgico de Pascua es, pues, muy especial, el más especial dentro del año litúrgico y… de toda la vida del creyente en Cristo.

  La Iglesia universal está celebrando y viviendo el tiempo pascual en un contexto de renovación. Me animo a pensar y lanzar la hipótesis de que el Papa emérito Benedicto XVI escogió el inicio del tiempo de Cuaresma (primera parte del Misterio Pascual) para presentar su renuncia al ministerio petrino también por razones litúrgicas. Por una parte, el sentido profundo de desprendimiento que implica una decisión de tal calibre: renuncia, abnegación, humillación (unas voces le echaron en cara que había tirado la cruz), penitencia, crucifixión… Por otra parte, hacer coincidir la elección y el inicio del ministerio del nuevo Papa con el tiempo de Pascua, tiempo de especial significado para la Iglesia. Sólo es una hipótesis. Ya hemos visto y oído el gran sabor de renovación pascual que el Papa Francisco está inyectando en la Iglesia y en el mundo. Benedicto XVI, retirado tras su gesto impresionante, ha buscado la renovación de la Iglesia desde el pensamiento. Ahora, el Papa Francisco, busca hacerlo con los gestos sencillos de la fe pascual vivida desde lo cotidiano. Así busca seguir llevando a cabo el apasionante desafío de la nueva evangelización en este mundo secularizado.

  Nuestra Iglesia que peregrina en la diócesis de Zacatecas vive la Pascua de su Señor y busca que sus frutos –los frutos del Espíritu Santo- se manifiesten en la renovación de los procesos de pastoral. En esto estamos. El tiempo litúrgico de Pascua es tiempo favorable para dejar que el Resucitado nos renueve desde dentro. La renovación personal y pastoral debe tocar a todo el pueblo de Dios (ese pueblo al que el Papa Francisco ha pedido la bendición), especialmente a los agentes de pastoral, tradiciones, costumbres, estructuras, instrumentos…, todo, todo, todo. He aquí que todo lo hago nuevo, dice el Señor.

  En el proceso de elaborar, en comunión y participación, el plan diocesano de pastoral para los próximos cinco años nos encontramos en la etapa de sensibilización. Nuestra más reciente Asamblea Diocesana reflexionó, propuso y aceptó el objetivo general. Ahora sigue, de aquí al domingo de Cristo Rey 2013, hacer labor de convencimiento para que todo el pueblo de Dios entre en el proceso. Al mismo tiempo acompañaremos en la capacitación a quienes hacen cabeza en los decanatos, parroquias, escuelas, centros de servicio pastoral, movimientos seglares… El Consejo Diocesano para la Pastoral y los demás organismos de consejo y de gobierno nos van apoyando en el discernimiento pastoral y en las decisiones que debemos ir tomando. Pronto tendrán en sus manos la ruta a seguir, con sus tiempos, orden y exigencias. Es, pues, un trabajo-servicio, que pretende ser común y colegial, gradual e incluyente. 

  Sigamos orando para que nos dejemos transformar/renovar por el Espíritu de Cristo Resucitado. 

  Que María, madre del Resucitado y de los resucitados en Él, interceda por nosotros.

 

Con inmenso gozo pascual.

 

+ Sigifredo Noriega Barceló

   Obispo de Zacatecas

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Mayo de 2013 ©Diócesis de Zacatecas