HEMOS INICIADO EL CURSO ESCOLAR 2013-2014. ¿CUÁL SERÁ EL FINAL?

 

     Ya se notaba el ambiente el domingo anterior. Los preparativos, sobre todo el ánimo y los bolsillos, apuntaban a que ya había tocado el timbre (en algunos lugares todavía la campana) para volver a la escuela formal e iniciar un nuevo ciclo de aprendizaje en/para  la vida.  Ya era hora de regresar a la escuela de/con los alumnos, maestros, padres de familia, personal administrativo, de intendencia y más.  El tiempo de vacaciones de verano había sido gastado en variadísimos quehaceres, las fuerzas  recuperadas y…  Era necesario estrenar nuevos sueños, recuperar, mejorar o alimentar los anteriores. De seguro, algunas personas ya extrañaban las prisas por llegar ‘antes de que cierren la puerta’, los aventones, el bullicio –también el de los adolescentes, jóvenes y adultos-, las levantadas temprano, las infaltables tareas y las necesarias evaluaciones (aunque, parece ser, algunos maestros no las quieren ni con A,B,C,D, ni con 1,2,3,4). 

     Otro ciclo ha iniciado. Así ha sido desde que se inventaron y crearon las escuelas, en todas sus formas y con sus variadísimos modelos educativos. Si la vida es bella, darle la forma correcta desde las inmensas potencialidades del ser humano y las casi infinitas posibilidades de desarrollo, es una tarea más bella y de grave responsabilidad. La educación es algo propio del ser humano. Tanto la naturaleza humana como la experiencia de cada persona requieren de la educación para lograr su plena realización. La educación es, pues, una tarea humanizadora indispensable. Esta es la razón de ser de la educación en la escuela de casa, la escuela de la cuadra siguiente y las diversas escuelas que tenemos durante la vida. 

     En años recientes hemos acuñado la expresión emergencia educativa. Como toda expresión nueva, poco a poco vamos captando su significado y sus alcances en el urgente campo de las emergencias. El Papa emérito don Benedicto XVI habla de emergencia educativa en varios sentidos: la educación como algo que emerge de una determinada realidad, la educación que hace emerger una determinada realidad y la tarea educativa como urgencia que debe ser atendida. La raíz de la emergencia educativa que hoy vivimos es que las distintas escuelas instruyen, comunican información, pero no forman integralmente a la persona; proporcionan mucha ciencia pero sin conciencia moral. (Cf. Benedicto XVI, Mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, Vaticano, 21 enero de 2008).   La consecuencia es que nuestros estudiantes (junto con sus padres y maestros), desde temprana edad, se encuentran desorientados, perdidos, en medio de una situación de angustia y al mismo tiempo tratando de responder a un sinfín de estímulos externos que les reclaman respuestas y decisiones sin tener referentes éticos adecuados. Los linderos entre el bien y el mal (el valor moral de la bondad), entre lo justo y lo injusto (el valor moral de la justicia), entre lo sano y lo enfermo (el valor vital de la salud), se han prácticamente diluido. Hemos cuidado su salud física, hemos prohibido la comida chatarra en las escuelas, les hemos provisto de espacios físicos para el ejercicio, pero… ¿quién toma en cuenta su salud ética y moral?, ¿a quién le importa la salud integral del tejido social?   

     Hemos iniciado un nuevo curso escolar con retos personales, familiares y sociales nuevos y urgentes. La Iglesia no puede permanecer indiferente ante tamaños desafíos. Si hay emergencia educativa debe haber también emergencia evangelizadora. Es lo que traemos entre manos en nuestra diócesis al buscar renovar los procesos de pastoral desde el espíritu de la Nueva Evangelización. No podemos dejarlo a la siguiente generación.

     Que el Espíritu Santo nos ilumine y nos fortalezca para intentar caminos audaces ante el reto del nuevo curso escolar.

 

     Con afecto y mi bendición.

+ Sigifredo Noriega Barceló

@signorbar
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Septiembre de 2013 ©Diócesis de Zacatecas