CIENTO CINCUENTA NAVIDADES

  Navidad 1864: Podemos reconstruir la forma cómo celebraban la Navidad los cristianos que habitaban lo que hoy es la diócesis de Zacatecas hace ciento cincuenta años. ¿Qué ambiente se respiraba en nuestros pueblos después de las Leyes de Reforma (1857)? Quizá lo podemos imaginar: desconcierto por la pérdida de poder/control de la Iglesia en poner normas para la vida social; coraje por el robo, malos usos y destrucciones de las propiedades del clero; incertidumbre porque ya la Iglesia no iba a ser la única autora, administradora y depositaria de los libros donde se escribía la historia de los feligreses desde el nacimiento (fe de bautismo)  hasta la muerte (fe de defunción y testamentos) y de muchos bienes más. ¿Cómo se celebraría Nochebuena 1863-64 en Tlaltenango, Jalpa, Jerez, Fresnillo, Guadalupe, Pinos, Zacatecas, las diversas haciendas…?

  Lo que podemos afirmar, con toda certeza, es que nuestra gente no quedaba indiferente ante el Niño Jesús. Le cantaba, lloraba, celebraba, adoraba y festejaba como una sola familia en casas, calles y templos. Eran días de santas posadas (novena de Navidad), intercambio de aguinaldos, estrenar ropa… y alimentar los sueños de la vida. La fe en Jesucristo y en la Iglesia eran el fundamento y el sostén de la vida familiar, económica y social. Las fiestas religiosas marcaban los tiempos y ritmos de la vida. No es de extrañar que los templos fueran construidos en el centro de las comunidades y sus torres apuntaran hacia el cielo indicando la trascendencia de su fe.

  Navidad 1914: ¿cómo sería? Fue el año de la toma y destrucción de buena parte de Zacatecas… ¡Lo pueden imaginar!

  Navidad 1964: ¿cómo sería? El Concilio Vaticano II estaba ‘agarrando vuelo’…  Lo pueden platicar, quizás con cierta nostalgia, las personas mayores de cincuenta años que empezaban a ‘oír’ la misa de gallo, parte en español, parte en latín. Valdría la pena provocar que compartieran sus recuerdos, aunque se forzara la memoria y se le hiciera trabajar horas extras.

  Navidad 2013-2014: ¿cómo va a ser? Es nuestra Navidad, en nuestro tiempo existencial, en un contexto muy, muy, pero muy diferente a las navidades de 1864, 1914 y 1964, años jubilares en la historia de nuestra Iglesia diocesana. 

El misterio central de nuestra celebración es el mismo: el nacimiento del Hijo de Dios en el tiempo, en Belén, de María y José, para salvarnos. Ahora toca a nosotros ser los pastores y reyes magos que buscan a Jesús para adorarlo y los ángeles del cielo y de la tierra para cantarle alabanzas con música posmoderna. Pero también hay la posibilidad de ser los y las Herodes y sus secuaces que intenten desviar el camino de la fe-esperanza-amor hacia caminos solamente humanos (a veces perversos) y echar a perder el plan de salvación de Dios en nuestro espacio-tiempo digital. 

  El contexto descristianizado en que somos invitados a vivir la Navidad 2013-2014 es una realidad que nos desafía. El centro de la Navidad es otro: el dios consumo. El motivo del tiempo de Navidad: consumir más que el año anterior. Hay todavía valores evangélicos que hemos conservado, cultivado, actualizado y están a la vista de todos: sensibilidad y solidaridad hacia las personas necesitadas y vulnerables, el sentido familiar de la fiesta, fraternidad, generosidad, alegría, amor-caridad, esperanza, fe en Dios, veneración a María y José representantes de la humanidad en la primera navidad, admiración y porras a los pastores… Lo preocupante es que vayamos a caer en la tentación del despilfarro, la superficialidad, lo pasajero, el hedonismo, las luces exteriores, el materialismo, el consumismo y después nos quedemos  endeudados, frustrados, vacíos y no hallemos qué hacer con las basuras de navidad y la flojera de la ‘cuesta’ de enero. 

  El domingo, 1 de diciembre 2013, iniciamos un nuevo Año Litúrgico con el tiempo de Adviento –Navidad. En la ruta por donde transita la vida de fe –testimonio de los bautizados inauguramos las festividades de nuestro Año Jubilar como Diócesis de Zacatecas. Si llegamos a la celebración de la Navidad 150 quiere decir que han habido 149 y más navidades a través de las cuales nuestros padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos nos han transmitido la fe en Jesucristo, en la Iglesia y en las inmensas posibilidades del ser humano cuando cree, adora y sigue a Jesucristo, Hijo de Dios, Hijo del Hombre.

  Que al encender LA LUZ del jubileo se avive el fuego del amor de Dios en nuestras casas, calles y cultura posmoderna.

  Que al entronizar la PALABRA DE DIOS se abran los oídos de nuestro corazón y escuchemos el llamado a ser discípulos misioneros del Señor en nuestras casas, calles y culturas emergentes.

  El portal de Belén no tenía paredes, ni puertas. Jesús ha nacido en la intemperie para que todo el que quiera ver, vea, crea y ame, sin condiciones.  Nosotros sí necesitamos abrir LA PUERTA de nuestra conciencia/corazón para que entre el Señor, nos transforme y, a través de nuestro testimonio, seamos luz del mundo, portadores de buenas noticias y pastores-ángeles que abran puertas para que el prójimo se siente a la mesa y participe del banquete del amor de Dios.

  ¡Feliz Jubileo! ¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año 2014!

Los abrazo con amor filial, fraternal y paternal.

+ Sigifredo Noriega Barceló

   Su obispo

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Diciembre de 2013 ©Diócesis de Zacatecas