AÑO NUEVO 2013. ¿AÑO NUEVO?

 

“Todo lo puedo en Aquel que me fortalece”. 

                                                                       Fil 4,13

   Depende. El año 2013 nos da solamente la novedad del inicio de un nuevo ciclo en el calendario  gregoriano. ¿Será nuevo en nuestra vida personal, familiar, social, eclesial? Eso depende de nosotros, de lo que vayamos a ponerle de vida, del aprovechamiento de las oportunidades, de nuestra inteligencia y  audacia en  hacer frente a los retos, de…  También depende de otras libertades que se entrecrucen con la nuestra, del ambiente cultural, de… El caso es que dependemos de nosotros y no dependemos totalmente de nosotros. ¿Dónde ubicar la voluntad de Dios? Al principio, en medio y al final del año. Estamos seguros de que Dios no nos va a abandonar pero tampoco nos va a suplir en nuestras decisiones. Su presencia es Providencia pero no suplencia, es Bondad pero no nos dice ‘hazte a un lado, voy a ser bueno por ti’… ¿Y la suerte? ¿Existe el destino o nosotros nos lo construimos? ¿Qué será de nosotros? ¿Qué haremos de nosotros y de nuestra historia humana el año 2013?  ¡Qué bella es la vida en el tiempo! ¡Qué decisiva es nuestra libertad!

 

   La forma como nuestra civilización mide y organiza el tiempo nos da la oportunidad de detenernos cada cierto tiempo para reflexionar sobre la historia que escribimos con nuestras decisiones, evaluar lo que hemos vivido y proyectar nuestras aspiraciones. Cada uno sabe lo ganado y lo perdido… Con qué personas se encontró o se desencontró… Las metas logradas con grandes dosis de sacrificio y también las frustraciones explicables o inexplicables… Las personas cercanas que ya no están en nuestro mundo y las que acaban de ingresar en nuestra historia familiar y afectiva… Los momentos fuertes y significativos y el tiempo perdido en insignificancias… Los votos a favor de nuestra participación en la construcción de la ciudad terrena y los votos en contra porque dejamos que el conformismo o la apatía ocuparan nuestro tiempo y algunas hojas de nuestro almanaque personal quedaran en blanco e inutilizadas. Toca a cada persona  y a cada comunidad hacer el balance, siempre difícil y comprometedor, de la libertad y las libertades.  

 

  Terminar un año e iniciar otro, pasar del año viejo al año nuevo, nos enternece y nos cuestiona. Pedimos perdón y prometemos actitudes nuevas… Agradecemos y pedimos nuevas gracias… Nos abrazamos con el año que quedó atrás y, al  mismo tiempo, abrimos los brazos a lo que vendrá ‘por delante’ o ‘más adelante’… Lloramos y reímos… Queremos olvidar y, al mismo tiempo, esperamos el año nuevo con los ojos abiertos. ¡Qué interesantes somos los seres humanos! Estamos envueltos en el misterio de la vida, con sus libertades y esclavitudes, con las decisiones nuestras y los determinismos de otros.  

 

   Por eso son tan intensos e interesantes estos días. Para nosotros cristianos es una  gracia poderlo hacer cobijados en la confianza que nos proporciona el Niño Jesús, recién nacido en Belén y, espero, en nuestros corazones y familias. El tiempo litúrgico de la Navidad nos da la serenidad y la esperanza para leer e interpretar nuestra historia personal, familiar, social y eclesial como una historia en la que Dios sigue actuando en nosotros y con nosotros para el bien de cada ser humano y de toda la creación.  

 

   Con Dios a nuestro favor podemos esperar que el año 2013 sea mejor en el cultivo de la vida y en la recolección de los frutos que esperamos. Con su gracia podemos reconocer que cada instante de vida es valioso y, por tanto, nuestra familia, que entra en todos los instantes de la vida, es un valor clave para nuestra felicidad… Que cada persona que nos ama y amamos es un regalo en el caminar cotidiano… Que caminar con nuestro pueblo, hecho  comunidad, es indispensable para el desarrollo diario de todas las personas… Que nuestra fe en Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, es nuestro mejor capital para los gastos y desgastes de todo el año.

 

   Al iniciar el Año Nuevo,  la liturgia de la Iglesia celebra a María, Madre de Dios y la Jornada Mundial de la Paz. En María tenemos un modelo cercano de vida serena y audaz, de lucha comprometida y confiada, de entrega total al servicio de Dios y de la familia humana y de alegre esperanza. Con la Jornada Mundial de la Paz somos invitados a considerar que la paz no se hace sola, que la llave de la seguridad está en el corazón pacífico y constructivo de las personas y que Jesucristo es nuestra paz y fundamento esencial para darnos el abrazo de paz al iniciar el Año Nuevo.  

 

   Con todo mi corazón, lleno de ternura y de alegría por el acontecimiento de Navidad, los bendigo con la bendición de la liturgia de la Iglesia, propia del primer día del año:

Que Dios, fuente y origen de toda bendición, les conceda su gracia, los bendiga copiosamente y los guarde sanos y salvos durante todo este año. Amén.

 

Que los conserve íntegros en la fe, inconmovibles en la esperanza y perseverantes hasta el fin, con santa paciencia, en la caridad. Amén

 

Que disponga en su paz sus días y ocupaciones, escuche siempre su oración y los lleve felizmente a la vida eterna. Amén.

 

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes. Amén.

 

+ Sigifredo Noriega Barceló

Obispo de Zacatecas

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Enero de 2013 ©Diócesis de Zacatecas