VAYAN USTEDES TAMBIÉN A MI VIÑA EN ESTA HORA
 
   No tengo idea desde cuando el obispo electo propone un escudo y una frase lema como identificación personal y propuesta de espiritualidad pastoral en la misión que la Iglesia le confía. En nuestro tiempo ya no tiene la importancia que se le atribuía hasta hace pocos años. La misión del obispo en la misión de la Iglesia es ser sacramento del Señor, el Buen Pastor, el modelo perfecto de pastor. Esto no cabe -sería demasiado pretencioso intentarlo-, en un escudo de armas y en una frase lema, mucho menos en tiempos tan conflictivos como los nuestros. Sin embargo, lo seguimos usando como signo -ojalá humilde y pacífico- de presencia en medio del pueblo de Dios y con gran sentido eclesial. 

   Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha invitado a todos sus hijos a estar presentes en el mundo moderno, encarnados en las diversas situaciones humanas, comprometidos en la transformación de nuestro mundo y dialogantes con la cultura moderna. Es a partir del Sínodo sobre la Evangelización (1974) cuando se empieza a hablar de la necesidad y urgencia de una Nueva Evangelización, con nuevo ardor y nuevos métodos. Desde entonces han habido muchos encuentros, reuniones, asambleas y conferencias buscando las razones y los modos de hacerla realidad en todas las comunidades, a todos los niveles. En América Latina se han sucedido acontecimientos eclesiales en Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007). Ha sido la Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe, celebrada hace cinco años en el santuario de Aparecida, en Brasil, la que ha puesto sobre la mesa, con carácter de urgente urgencia, lo impostergable de volver a anunciar el Evangelio a un mundo cada vez menos cristiano y que cambia a ritmo de vértigo. O evangelizamos con la pasión de nuevos discípulos misioneros, o la Iglesia, y el mensaje del que es portadora, serán cada vez menos fermento y levadura en las sociedades posmodernas.

   VAYAN A MI VIÑA, no sólo es un lema bonito y barato; quiere ser un permanente recordatorio de la urgencia de la misión y un mandato a vivir y convivir, con paciente y alegre pasión, la encomienda del Señor Jesús. Por eso lo he escogido como lema y consigna.  El escudo intenta expresar los contenidos de la misión: Jesucristo Crucificado y Resucitado para que nuestras tierras resecas y duramente probadas tengan vida por la Palabra, los Sacramentos y el Testimonio de la Caridad. María, hija, esposa, madre, discípula y misionera, sigue estando al pie de la cruz y de las cruces de los discípulos de su Hijo. Equivale al "vayan y anuncien el Evangelio a toda criatura"; al "duc in altum" con el que nos animaba el bien amado beato Juan Pablo II. 

    A finales de abril o principios del mes de mayo de 1962, hace cincuenta años, el Delegado Apostólico Luigi Raimondi llamó a don Adalberto Almeida Merino y le dijo: "El santo Padre Juan XXIII quiere que vaya usted de obispo a Zacatecas". El señor Almeida con gran pena tuvo que desprenderse del clero y de los fieles de Tulancingo a quienes había servido por cinco años y diez meses. Vino a Zacatecas y sirvió durante el inicio, el desarrollo y la primera aplicación del Concilio Vaticano II. Cincuenta años después, el Nuncio Apostólico Christophe Pierre llama a don Sigifredo Noriega Barceló el día cinco de julio de 2012 y le dice, con palabras parecidas: "El santo Padre Benedicto XVI lo ha nombrado obispo de Zacatecas". Un servidor, con gran pena, ha tenido que irse desprendiendo del clero y fieles de Ensenada a quienes ha servido por cinco años y seis meses.
 
   Nos tocará celebrar los cincuenta años del inicio del Concilio Vaticano II. Nueve días después del inicio de nuestro ministerio en la Iglesia de Zacatecas, nos uniremos a toda la Iglesia para celebrar el AÑO DE LA FE. El Sínodo de Obispos, que inicia ese mismo día, tratará sobre la Nueva Evangelización y las posibilidades y dificultades para transmitir la fe en un mundo tremendamente cambiante y desafiante.

   Somos del Señor. Somos Iglesia peregrina en el tiempo, con nuevos desafíos, en un mundo globalizado. 

¡VAYAMOS EN COMUNIÓN A TRABAJAR EN LA VIÑA DEL SEÑOR EN ESTA HORA DE LA HISTORIA DE SALVACIÓN!

Dios con nosotros 

La Virgen María con nosotros. 

 

 

Sigifredo Noriega Barceló

Obispo Electo de Zacatecas

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Noviembre de 2012 ©Diócesis de Zacatecas