A CINCUENTA DÍAS


   No se trata de los cincuenta días después de Pascua que celebramos con el gozo de la resurrección de nuestro Señor. Tampoco se trata del primer Pentecostés del Nuevo Testamento. Más bien se trata de los cincuenta días después del 2 de octubre de 2012. Es el cumplimiento de una promesa-espera muy especial para esta Iglesia diocesana que peregrina en Zacatecas desde hace ciento cuarenta y ocho años y había permanecido sin obispo los últimos seis meses.
  Está claro que un Obispo no es el dueño, ni hace él solo la diócesis. Todos los fieles cristianos trabajamos sirviendo al Señor en la construcción de su Reino.. Solamente Él es el único dueño y señor. Todos nosotros somos simples servidores de la Viña en la hora en que se nos ha llamado. Él nos ha ungido con el Espíritu Santo para iluminarnos, enviarnos, animarnos y fortalecernos en el camino hasta el final. Es obvio que al Obispo se le ha confiado un servicio especial: ir delante de la comunidad eclesial en santidad (por eso usa la mitra), el de guiarla ("apacienta, pastorea mis ovejas"; por eso usa el báculo) y el de amarla y ser fiel hasta entregar la vida (por eso usa el anillo). A los presbíteros y diáconos los ha ungido y enviado para ser servidores de la comunidad a tiempo completo anunciando la Buena Nueva, celebrando la Vida en los Sacramentos y en la vida de cada día, y siendo testigos y apóstoles con su vida, a través de la vivencia alegre de la misión en/con las comunidades y en los oficios que el Obispo les ha confiado. El Señor ha ungido también a los fieles laicos para que sean presencia vida del Evangelio en los diferentes ámbitos donde se cultiva la vida, en toda las realidades terrenas donde el cristiano es llamado a hacerse responsable de los hermanos y de la creación.


  La Iglesia es todo el pueblo de Dios y la Iglesia diocesana es el pueblo de Dios que peregrina en un determinado espacio geográfico y en un tiempo concreto de la historia. La diócesis de Zacatecas es nuestro espacio geográfico y 2012 es el año y el tiempo concreto de nuestro ser y quehacer pastoral. El obispo trabaja sirviendo junto a y junto con los presbíteros, diáconos y fieles laicos. Los presbíteros y diáconos sirven junto a/con los fieles laicos y el obispo. De igual manera, los fieles laicos -organizados y desorganizados- trabajan junto a y junto con los presbíteros, diáconos y el obispo. Todos los bautizados hemos sido ungidos y enviados a trabajar poniendo al servicio de la iglesia y del mundo los talentos y carismas recibidos. Que nadie vaya a esconder los talentos recibidos o a trabajarlos para servicio propio. Que nadie se aísle de la comunidad de fieles. La Iglesia es misterio y es comunión.

 

   El Señor nos ha concedido caminar juntos durante estos primeros cincuenta días. “¿Cómo has estado? ¿Cómo te ha tratado Zacatecas?”, son las preguntas de casi todos los días, de muchas personas y en todas partes. “Responder con alegría al llamado de la voluntad de Dios es fuente y causa de felicidad”, respondo con franca espontaneidad, dejando que las personas saquen conclusiones. Efectivamente así es: soy feliz de servir en esta y a esta Iglesia de Zacatecas como lo he sido sirviendo en las diócesis de Ciudad Obregón y de Ensenada. Cuando veo oportuno devuelvo la pregunta: “Y ustedes, ¿cómo se han sentido con su nuevo tata obispo?”. La respuesta es, al principio, un silencio difícil de interpretar y, unos minutos después, una sonrisa, también difícil de interpretar.  Espero que vayamos caminando bien, hacia donde Dios quiere que vayamos juntos y nuestra gente más lo necesite. El obispo es padre, pero también hermano y compañero de camino y en el camino.  Como dice un canto de entrada conocido: Juntos como hermanos, miembros de una Iglesia, vamos caminando al encuentro del Señor.

 

   A sugerencia de los señores Decanos, hemos dedicado las primeras semanas a visitar los dieciséis Decanatos para encontrarnos con todos los sacerdotes, concelebrar la Eucaristía y saludar a los fieles. Poco a poco nos vamos conociendo, ovejas y pastor, pastor y ovejas, con todo y circunstancias. Hemos escuchado inquietudes y expectativas ante los retos que debemos enfrentar como personas y como Iglesia. Hemos convivido y compartido los diversos alimentos que nutren cuerpo y espíritu y fortalecen nuestro ánimo. Vamos y venimos. Venimos y vamos. Estamos en camino, en el camino del Señor y de su Iglesia.

 

   Terminamos un ciclo más en el recorrido de salvación que celebramos en la Liturgia. Iniciamos otro ciclo con el tiempo de Adviento y de Navidad. En el camino celebramos la presencia maravillosa de la mujer que Dios mismo preparó para que fuera la madre de su Hijo y madre de la Iglesia. En el camino contemplamos complacidos y agradecidos la respuesta de la Virgen María, la llena de gracia y la madre de nuestro pueblo. ¡Cómo admiro y agradezco las manifestaciones de fe del pueblo zacatecano hacia nuestra Madre, la Virgen María, en sus variadas y ricas advocaciones!

 

   A los cincuenta días… Dios nos conceda muchos, muchos más para seguir trabajando en el servicio del Reino.

 

   Con mi afecto y mi bendición. 

+ Sigifredo Noriega Barceló

Obispo de Zacatecas

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Diciembre de 2012 ©Diócesis de Zacatecas