27 de marzo de 2013

 

Muy estimado hermano, padre…

 

  En la vida de todo ser humano hay fechas significativas que marcan su existencia en el camino. Para nosotros sacerdotes es el día de nuestra ordenación y el día en que renovamos nuestras promesas sacerdotales. Es la fecha que hoy nos ocupa y suscita mi comunicación contigo a través de esta carta.

 

  Te saludo fraternalmente y te felicito por haber sido llamado, elegido, ungido y enviado por el Señor de la historia. Me congratulo contigo por tu respuesta generosa y por haber sido enviado a servir a su Iglesia en este tiempo y en esta tierra, agraciada y cultivada por tantos hermanos que han dado la vida en el servicio a las familias y comunidades zacatecanas y de todo el mundo. 

 

  El tiempo de Cuaresma que está por culminar en la Pascua ha sido generoso en experiencias inéditas de nuestra Iglesia.  Primero, como una cuaresma personalizada, el Papa Benedicto XVI que sorprende a la Iglesia con su renuncia el ministerio petrino y su gran lección de humildad, coherencia y valentía. Luego, como una Pascua anticipada, la elección del Papa Francisco que acepta con simplicidad evangélica el ministerio petrino y vuelve a despertar la esperanza de que el Evangelio de Jesucristo entre en nuestra cultura, la impregne, transforme y fecunde para dar frutos de fraternidad, justicia y paz. Somos privilegiados de vivir estos testimonios de fe y entrega ministerial. El Señor sigue haciendo maravillas a pesar de tantos vientos opuestos a/en la barca de Pedro y sus tripulantes.

 

  En esta fecha tan sentida en la historia de los sacerdotes y fieles cristianos renovamos el don que hemos recibido por pura gracia de Dios y nos comprometemos a vivir con entrega total y alegre nuestro ministerio en vísperas de celebrar los primeros ciento cincuenta años de nuestra Iglesia Diocesana. Todavía resuena en nuestra conciencia el llamado urgente de la décima Asamblea Pastoral que hemos compartido durante el mes de enero de 2013. Es una fecha muy especial en la que hemos clarificado, juntos como pueblo de Dios, lo que el Espíritu Santo quiere para esta Iglesia peregrina: renovar el proceso de pastoral… Renovar, es decir, dejar que el Espíritu de Dios haga su trabajo en nuestra persona y en todas las estructuras que hemos inventado para anunciar, celebrar y vivir el Evangelio; tan sencillo como dejar que Dios refresque, reavive, actualice sus dones para edificar su Iglesia, hacer su morada entre nosotros y su Reino sea realidad en estos tiempos nuevos en la historia humana.  El proceso pastoral, es decir, estar siempre en camino, no instalarnos, analizar, indagar, arriesgar, preguntar y hacernos responsables de los caminos seguidos para que el Evangelio sea significativo en la vida de los bautizados y fermente la nueva cultura que emerge cada día y provoca desafíos y retos a la misión de la Iglesia en el mundo. El hacer discípulos a todas las gentes en los tiempos que vivimos exige que la NUEVA EVANGELIZACIÓN sea nueva en sus horizontes, ámbitos, métodos, pedagogía y ardor. Que sea evangelización, es decir, que lleve al aprendiz de discípulo a un encuentro personal y comunitario con Cristo; transforme  su vida;  lo lleve al discernimiento de la voluntad del Padre a través de la formación inicial y permanente en comunión con la Iglesia; y  lo disponga para asumir su vocación y su misión en este globalizado, digital y super tecnificado mundo.

 

  Ya estamos inmersos en el proceso de hacer el plan pastoral diocesano. Hay mucho camino recorrido por tantos hermanos sacerdotes y fieles cristianos. Buscamos ahora hacerlo desde las diversas comunidades que forman la Iglesia diocesana. Una vez clarificado el objetivo sigue el establecer líneas estratégicas para hacerlo realidad en cada comunidad y en cada ámbito donde se transmite, celebra y vivencia nuestra fe. Una de las estrategias es actualizar o crear el Consejo Parroquial para la Pastoral. Su existencia y eficiencia es indispensable para dar los siguientes pasos. Como fruto del tiempo de Pascua esperamos dar indicaciones e instrucciones precisas para acompañar el proceso pastoral de tu parroquia, oficio o situación personal. También hemos decidido hacer efectiva la existencia y funciones de las seis zonas pastorales en las que hemos organizado nuestra diócesis. No es una estructura más, ni el intento de aumentar la burocracia eclesial. No, nada de eso. Pretende ser, más bien, un organismo vivo que facilite la vida de comunión y acompañe muy de cerca los procesos pastorales en cada región.

 

  Finalmente, te invito a sumar la gracia sacramental, los dones recibidos, tu talento, tu experiencia, tu entusiasmo. Si Jesús, el Buen Pastor, nos ha recalcado que ‘sin Él nada podemos hacer’, pienso que, sin tu respuesta entusiasta, la comunidad a ti confiada se quedará rezagada como aquella higuera marchita que vio Jesús con tristeza.

 

  Todos los días te acompaño desde mi oración personal, pobre pero hecha con mucha esperanza y caridad.

 

  Que María y José que acompañaron a Jesús desde el principio, nos acompañen para ser sencillos y alegres servidores en esta Viña del Señor.

 

     Tu hermano y padre.

+ Sigifredo Noriega Barceló

   Obispo de Zacatecas

@signorbar
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27 de marzo de 2013 ©Diócesis de Zacatecas