XII ASAMBLEA DIOCESANA DE PASTORAL

 

Alocución inicial 

18 Enero 2016

 

¡Bienvenidos/as a la XII Asamblea Diocesana de Pastoral en la historia de la diócesis de Zacatecas!

¡La paz de Jesucristo esté con ustedes!

¡Vayan a mi Viña a irradiar la alegría del Evangelio, otra vez, muchas veces!

 

  • Hoy, 18 de enero, inicia la semana de oración por la unidad de los cristianos. Nos unimos en la intención de la Iglesia en todo el mundo, con distintos gestos, la oración, el encuentro con grupos de diversas confesiones, con la determinación de poner acciones concretas para cumplir el deseo/sueño del Señor Jesús: que todos seamos uno como el Padre y Él son uno. En este ambiente eclesial de especial significado iniciamos nuestra Asamblea.

 

  • Hemos sido convocados a celebrar una Asamblea Diocesana de Pastoral por décima segunda vez en la historia de nuestra diócesis. Es Jesús, el Señor de la historia, el rostro misericordioso del Padre y el apóstol por excelencia de la misericordia, quien nos invita a estar con él para platicar con nuestros compañeros/as de camino sobre los sucesos y acontecimientos de la vida de nuestra Iglesia particular, los desafíos de la hora presente para comunicar el Evangelio, celebrar la salvación y vivir la caridad gratuitamente en medio de un mundo -mercado global- que todo lo quiere arreglar con dinero.

 

  • Hemos sido convocados por Él como Iglesia que peregrina en las calles de las 119 comunidades parroquiales, escuelas y familias innumerables, en tantas periferias existenciales, sociales y culturales, en medio de este mundo, para buscar y decidir qué hacer para ser fieles discípulos y renovados agentes. Hay nuevos escenarios que urgen una nueva iniciación cristiana y necesitan escuchar el Evangelio de la familia. Creemos y sabemos por experiencia que donde entra Cristo todo se transforma en vida nueva, en vino generoso y exuberante, vuelve la alegría de la fiesta y el banquete no termina, como escuchamos en el Evangelio de ayer.

 

  • La misión de la Iglesia de todos los tiempos es anunciar a Jesucristo y su Reino dondequiera que exista un ser humano.  La Iglesia cumple su misión cuando anuncia a Jesucristo irradiándolo; acoge y celebra con alegría su presencia salvadora en medio de su pueblo; y proyecta caridad, compasión y ternura en la vida de cada día, todos los días, en todos los rincones de la existencia humana. La misión no se cumple de cualquier manera. Cada momento y cada época nos desafían para que afinemos el espíritu y los modos más eficientes a nuestro alcance.

 

Hoy, en el contexto de cambio de época y de surgimiento de nuevas visiones culturales, nuestra fe en Cristo y la misión  encomendada  a sus discípulos tienen nuevos, urgentes y complejos desafíos y retos.  No podemos quedarnos mirando al cielo, con los brazos cruzados, prendiendo velas a ver si se compone el mundo. Cristo nos urge a salir, a ser servidores de la misericordia. Evangelio, compasión, ternura, misericordia son lo mismo. 

 

  • Somos conscientes que la Iglesia cumplirá el mandato de Jesucristo si vuelve a evangelizar. Hablamos de NUEVA EVANGELIZACIÓN como el espíritu y la mística que debe envolverlo todo, inspirarlo, sostenerlo. Los indicadores para saber si estamos recorriendo bien la ruta son los frutos de la conversión, la misericordia hecha estilo de vida, la caridad que irradia, acerca y hace cultura el amor incondicional de Dios.

 

  • Iniciamos nuestra XII Asamblea Diocesana de Pastoral con un doble propósito: mirar el camino andado durante 2015  para revisar los desafíos que encontramos en la manera como inicia un cristiano su peregrinar en este mundo y decidir juntos qué líneas de acción van a orientar nuestro camino para ser cristianos ‘al cien’.  También miraremos la ruta a seguir durante este año bisiesto 2016. Hemos decidido detenernos en las realidades de la familia y las nuevas familias, sus muy variadas situaciones y las oportunidades de irradiar con alegría y determinación la Buena Nueva de Jesucristo. Sabemos muy bien que donde está Cristo no hay tristeza ni soledad.

 

  • Continuemos con confianza los trabajos de esta Asamblea que ustedes  iniciaron en sus parroquias, decanatos y zonas pastorales. La obra es del Espíritu Santo, señor y dador de vida.  La iniciativa viene del que nos amó primero. El patrocinio es del dueño de la mies, Jesucristo. Él sigue y seguirá cumpliendo su promesa de estar con nosotros todos los días, con sus tardes y sus noches oscuras.  Nosotros somos simples trabajadores de la Viña en esta hora de la historia. Seamos entusiastas, trabajadores, participativos, cumplidos y alegres.

 

Que Dios Trino conduzca y lleve nuestros trabajos a buen término. Que la Virgen María, madre de la Iglesia, madre de misericordia, la invitada a las bodas de Caná, nos acompañe en las decisiones que debemos tomar para que el “hagan lo que Él les diga” sea el mejor consejo recibido y realizado durante la vida del discípulo.

 

 

 Sigifredo Noriega Barceló

Obispo de/en Zacatecas

@signorbar
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18 de enero de 2016 ©Diócesis de Zacatecas