2016 : MISERICORDIA, FAMILIA Y FAMILIAS, EN PROCESO

E l 31 de diciembre miramos hacia el pasado conocido; el día primero de enero levantamos la mirada hacia el horizonte desconocido de un año recién nacido. Pareciera algo mágico terminar un año y estrenar otro, dar vuelta a la página y abrir otra, cerrar un ciclo y abrir uno nuevo. ¿Así de fácil es la vida? ¿Vivimos fatalmente en la superficie de lo pasajero? ¿Condenados al 'así es el tiempo', 'así es la vida'? En la reflexión acerca del tiempo de la vida -en sus diferentes etapas y niveleshemos recuperado la palabra proceso y procesos. No nos satisface estar sometidos a tiempos fatales, a vivir porque 'así es la vida', 'así lo quiso Dios'. Nos resistimos a estar esclavizados a fechas, sucesos, eventos cíclicos, elementos externos que se nos imponen porque 'así nos tocó'.

 

Queremos ser parte del tiempo, procesarlo, provocarlo en sus posibilidades, aprovecharlo como oportunidad, ponerlo a disposición de nuestros planes, influir en él con nuestras libertades y decisiones. Buscamos ejercer nuestros derechos sobre los días, meses y años de la vida. Deseamos darnos el tiempo para hacer que sucedan las cosas. Nos gusta ser los protagonistas, los que toman la rienda, los que invierten recursos, inteligencia y valentía para que el tiempo sea nuestro. No siempre cosechamos los frutos esperados; eso sí, disfrutamos los retos y el haber estado ahí y allá, no como simples espectadores. Hablamos de acontecimientos y de historia cuando convertimos los eventos y sucesos en parte de un caminar libre y responsable. Procesamos cada uno de sus elementos, distinguimos fases, aprendemos a dar pasos, ponemos acciones adecuadas, relacionamos resultados y causas y vamos integrando los frutos en la experiencia del vivir de cada día. Aprender a vivir bien lleva tiempo, tiene sus etapas (no hay que quemar etapas, dice la sabiduría popular), exige entrega generosa y saber esperar con paciencia. Los logros/ resultados/ frutos se van dando durante el camino y, al final, la cosecha de plenitud. En la vida, si queremos ir siempre hacia delante, necesitamos comprenderla y vivirla como proceso. Quisiéramos que fuera una bella magia pero no es así, nunca será así. Hay que darle ritmo. Tenemos que desencadenar procesos.

 

En 2015 buscamos desencadenar procesos en la iniciación cristiana. Esperamos haber logrado desenredar los nudos que hacían (hacen) que el nuevo cristiano naciera (nazca) viejo, cansado, agotado en su mente y en su corazón, sin Evangelio en sus arterias y venas vitales. El trabajo pastoral es permanente, constante, renovado, entusiasta, audaz, inteligente, planeado, con visión de futuro. Tenemos que continuar los procesos que hemos iniciado. 2015 no termina la iniciación cristiana; la ha iniciado con nueva pasión y en perspectiva de renovación. En 2016 pretendemos desencadenar procesos de renovación evangélica en la familia y en las familias heridas por diversas causas. Solamente Jesucristo puede hacer maravillas, transformar corazones, sanar enfermos, curar heridas y declarar un año santo, lleno de gracias y oportunidades para que la familia renueve su identidad y se apasione en su insustituible misión en la Iglesia y en el mundo.

 

El Jubileo de la Misericordia es una oportunidad de oro para volver al núcleo del Evangelio, por tanto, al corazón y a la urgencia de la Nueva Evangelización. Misericordia, familia y familias se necesitan si queremos que el tejido social y la casa común vuelvan a ser de acuerdo al plan de Dios y aporten la frescura del Evangelio en este mundo empobrecido y envejecido.

 

En el año 2016, oremos:

 

• Dios, Padre de misericordia, danos un corazón misericordioso.

• Jesús, rostro de la misericordia de Dios, danos un corazón misericordioso.

• Espíritu Santo que infundes misericordia, danos un corazón misericordioso.

• María. Madre de misericordia, ruega por nosotros.

 

Les deseo un año con abundantes frutos de misericordia.

 

+ Sigifredo Obispo de/en Zacatecas