VISITADOS Y ENVIADOS A  EVANGELIZAR

 

Peregrinación de la diócesis de Zacatecas a la Basílica de Guadalupe

12 de septiembre de 2013

 

 

Texto Lc 1, 39-56

 

  • Estamos en la casa de nuestra Madre. Hemos venido como Iglesia peregrina desde distintas comunidades cristianas… y con múltiples anhelos y necesidades… Nos sentimos bien recibidos, acogidos, confiados, amados, contentos, llenos de la tierna amabilidad de nuestra Madre, abrazados y mimados por la madre de Dios por quien se vive. Somos parte de esa larga fila del pueblo de Dios que se ha acercado a este lugar santo para agradecer y pedir, para llorar y esperar, para expresar su amor y seguir viviendo… Es la vez número 128 que la Iglesia peregrina en Zacatecas deja sus espacios habituales donde vive y sus ocupaciones de cada día  para traer consigo gozos y fatigas, deseos y miedos, preocupaciones y esperanza.

 

  • Nos hemos puesto en camino desde la fe en Cristo y en su Iglesia. Buscamos agradecer, suplicar, alabar a Dios que sigue haciendo maravillas, admirar y venerar a nuestra Madre del cielo que ha querido este templo para seguir manifestando su maternidad a todos los caminantes en la tierra. No importan gastos, cansancios, sacrificios. Vale la pena esta inversión con tal de manifestar nuestra fe, celebrar nuestra fe, alimentar nuestra fe para vivir como hijos de Dios y hermanos de todos, como samaritanos en un mundo que parece pasar de largo ante tantas enfermedades, carencias, ausencias e injusticias…

 

  • La palabra que hemos escuchado –palabra que ilumina siempre nuestro caminar-  nos sugiere dos tareas  a asumir con urgencia en nuestro peregrinar como Iglesia en Zacatecas: la visita de Dios a su pueblo en la encarnación y el envío a la misión –valga la redundancia-, el salir de nuestras comodidades para ir al encuentro de los y las Isabeles de nuestro tiempo.

 

  • El tierno y comprometedor gesto de la visitación de María a su prima Isabel nos envuelve en el manto de lo que es y significa  la visita en la historia de nuestra salvación: Dios se hace presente, se encarna, camina con su pueblo, se da a su pueblo para salvarlo. El hijo de Dios que María gesta en su seno saluda a quien preparará el camino inmediato  a su venida…El centro, la razón de ser de la visitación es Jesús, nuestro Salvador. María, Isabel y Juan creen y saludan, llenos de gozo, el gran acontecimiento de salvación. Zacarías lo hará después, al creer y aceptar las maravillas de Dios que puede sacar vida de la muerte y esperanza donde las posibilidades humanas están agotadas. La visita de santa María de Guadalupe tiene la misma finalidad: traernos a Jesús y llevarnos a él.  La Señora del cielo –como le llama Juan Diego, nuestro representante-, en otras palabras, nos ha visitado para evangelizar, para comunicar y transmitir la fe en su Hijo en este tiempo, en todos los tiempos y lugares… Por eso la Iglesia le llama estrella de la evangelización, de la nueva evangelización.

 

  • Hemos escuchado, también, en la Palabra, que si somos visitados por Dios es para ser enviados, con carácter de urgencia, a llevar a Cristo a todas las naciones. Nuestra visita a su casa nos compromete a ser visita de Dios a nuestros hermanos, evangelizadores a todas horas, en cualquier circunstancia, por cualquier medio...  A ser buena noticia y portadores de la buena noticia, el Evangelio, a los centros y periferias de la existencia, en la tierra y en el cyberespacio.

 

  • Nuestra Iglesia de Zacatecas celebra el año próximo sus primeros 150 años de haber sido erigida diócesis. Como siempre, si se erige una nueva diócesis es para anunciar a Jesucristo, la única buena noticia que puede transformar al ser humano y sus instituciones. Fue el año de 1864, unos años después de las Leyes de Reforma. Aquellos tiempos eran desafiantes para que la Iglesia cumpliera su misión. 150 años después vivimos otros desafíos, iguales y diferentes, que tienen en común ser desafíos, es decir, oportunidades para enraizar nuestra identidad, purificar nuestra fe, fortalecer nuestro sentido de pertenencia a una comunidad de salvación. Nunca ha habido tiempos fáciles para vivir la fe, celebrarla y proclamarla. Hoy somos visitados para irradiar el Evangelio de/que es Jesús en las actuales circunstancias de nuestro caminar como Iglesia en la diócesis de Zacatecas.

 

  • Los tiempos nuevos tienen retos nuevos. Vino nuevo en odres nuevos… En el proceso de renovar los procesos de nuestra pastoral para anunciar con eficacia el Evangelio, celebrarlo con unción y vida nueva e irradiarlo con alegría en el testimonio de la caridad, hemos decidido constituir seis zonas pastorales con sus respectivos Vicarios Episcopales para animar, coordinar, promover, articular y acompañar, con presencia cercana, los ritmos y tareas de cada región en nuestra Iglesia diocesana. Sabemos que esta nueva estructura es para fortalecer y afianzar la estructura fundamental, la >Parroquia… Al final de esta solemne y diocesana Eucaristía, daremos a conocer la constitución de seis zonas pastorales y el nombramiento de seis Vicarios Episcopales que representarán al obispo y tendrán las mismas facultades que tiene el Vicario General… en su territorio. Necesitamos ser audaces, cercanos y creativos para que no quede ninguna persona, familia y comunidad  sin ser visitada y tocada por la Buena Nueva de Jesucristo. 

 

  • Que la visita que hacemos a la casa de María, casa de la Iglesia, nos impulse para que nos pongamos en camino, como ella, presurosa y amable, humana y humanizadora, sensible a las necesidades de los que caminan con ella: las Isabeles y Zacarías, los Juanes y las Juanitas, compañeros del viaje de la fe, hacedores de la historia y testigos de la esperanza de Salvación.

 

  • No es fácil aceptar el menaje evangélico de ‘ponerse en camino’, y mucho menos presurosos y alegres como lo hizo María.  Son tantas las ocupaciones y los agobios que consideramos no tener tiempo ni para nosotros mismos, mucho menos para las personas que nos acompañan en el viaje de nuestra vida; y más para las que no entran en nuestros planes porque son de otras ideas o costumbres (la moderna forma de racismo).

 

  • Celebramos nuestra Salvación en la casa de nuestra Madre. Toda Eucaristía que se celebra en cualquier rincón del mundo tiene el mismo valor: es la Pascua del Hijo de Dios venido al mundo por el sí de María. Pero celebrar la Eucaristía, como pueblo de Dios peregrinante en Zacatecas, en este lugar que nos evoca tantas esperanzas, lágrimas y luchas, tiene un significado especial en el hoy de la Salvación.

 

 

+ Sigifredo Noriega Barceló

Obispo de Zacatecas

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12 de septiembre de 2013 ©Diócesis de Zacatecas