UNGIDOS PARA EVANGELIZAR

Misa Crismal

27 de marzo de 2013 

 

 

 

Bienvenidos fieles cristianos, vida consagrada, diáconos y presbíteros a celebrar la salvación que el Ungido nos ha entregado con su Muerte y su resurrección.

 

Bienvenidos a renovar nuestras promesas sacerdotales. Los bautizados las renovaremos en la Pascua (la promesa encierra la garantía del cumplimiento de parte del Ungido y espera nuestra disponibilidad generosa para cerrar el círculo de la salvación).

 

Bienvenidos para bendecir y consagrar los óleos que usaremos para celebrar la salvación en los sacramentos de la Iglesia.

 

 

  • Ungidos en esta hora de la Iglesia y del mundo.

 

Hoy celebramos nuestra hora, nuestro ser y nuestra misión.

 

Reconocemos  y apreciamos lo que el Ungido por excelencia, Jesucristo, nos ha confiado: ser ungidos para ungir, ser ungidos para evangelizar.

 

La unción es un gran don para que nos donemos;

  • una gracia para agraciar a las personas que encontremos en el camino de nuestro peregrinar;

  • un compromiso con muchas tareas para cumplir  bien, muy bien, la misión de la Iglesia en el tiempo presente, en la cultura emergente, con sus posibilidades y negaciones…

 

La unción recibida no es un don para uso particular, ni para la autocomplacencia; es para llevar el Evangelio, con el anuncio, la celebración y el testimonio, a los nuevos escenarios donde se hace la vida, se toman las decisiones que orientan el presente y el futuro; para generar vida, digna y plena, en esta hora de la Iglesia y del mundo. 

 

En esta hora en que la Iglesia se apresta a plantar, otra vez, el Evangelio a través de lo que hemos llamado Misión Continental y misión permanente. Hora que ha llamado poderosamente la atención por el cambio pacífico, sereno, confiado, maduro en su dirigente visible: del Papa Benedicto al Papa Francisco… 

 

En esta hora del mundo que globaliza ciertos valores, la visión de lo creado ‘visible’ y el horizonte inmediato de la vida; pero también que globaliza antivalores que destruyen ideales, la trascendencia…y le apuesta a la cultura de la muerte al mercantilizar todo, casi todo.  

 

En esta hora de nuestro México y de nuestro Zacatecas, con sus miedos y sus esperanzas, sus deseos y sus búsquedas.

 

En esta hora de nuestra Iglesia peregrina en la diócesis de Zacatecas que celebra sus primeros 150 años…

 

 

  • Ungidos por el Espíritu Santo.

 

La iniciativa de la unción no es nuestra, es de Dios. 

Tampoco nos pertenece el protagonismo en la misión: el Espíritu Santo es el de la idea, de la gracia y de la perseverancia hasta el fin, hasta el cumplimiento.

 

No somos dueños del Espíritu Santo, ni de la unción, ni de la misión. Somos simples siervos, servidores del Señor y de su pueblo sacerdotal. Todo nos es dado para ser Iglesia servidora llamada a ser fermento de Evangelio en nuestra nueva cultura.

 

En los textos que nos propone la Liturgia para nuestra celebración aparece con nitidez el Espíritu Santo actuando en la persona del profeta, del apóstol y del Profeta - Apóstol por excelencia: Jesús, el Cristo, el Ungido.

 

  La escena  en la sinagoga de Nazaret está elaborada y puesta de forma intencionada.  Lucas  ha elegido este hecho   para darnos, desde el primer momento, una síntesis de lo que va a ser la persona, la identidad, la misión y la vida de Jesús. En ella se nos dice que Jesús es el Ungido, el Mesías, el Enviado. Con su aparición se cumplen las esperanzas de Israel: ‘Hoy, en nuestra presencia, se ha cumplido este pasaje’ (v.21).

 

  Ver a Jesús en esta escena de Nazaret es vernos en la escena y para los escenarios de nuestra unción. Es ver nuestra unción preparada intencionadamente por la Iglesia… Con parecida liturgia y con el protagonismo del Espíritu Santo. 

 

 Pienso en nuestro bautismo y en nuestra confirmación… Somos bautizados y confirmados, primeramente. Reconozco, admiro y agradezco la lucha diaria del fiel cristiano por vivir su fe, dejarse fortalecer y guiar por ella. Cada año, miles y miles piden ser bautizados y ser confirmados en su fe.

 

 Pienso  en nuestra ordenación sacerdotal: llamados, elegidos, consagrados, enviados ( en tantas y para tantas comunidades)…, El Espíritu sobre nosotros por la oración e imposición de manos del Obispo;  ungidos para siempre con el crisma de salvación,  consagrados para consagrar, santificados para santificar, ungidos para la misión… Nuestra persona, nuestra identidad, nuestra misión, los desafíos de la nueva cultura… El Espíritu sobre mí… siempre don para ser don, para los demás y con los demás. Muchas gracias hermanos sacerdotes y diáconos por la entrega de su vida en esta Viña. 

 

 

  • Ungidos para evangelizar.

 

En la sinagoga de Nazaret Jesús expone un programa de actitudes, criterios y acciones para cumplir su misión de ser Evangelio del Padre.  

 

El programa de la sinagoga de Nazaret es un programa realista, audaz  y ambicioso que Jesús cumple desde el comienzo (cf Lc 7,22). 

 

La misión de Jesús, el Ungido, es ser buena noticia, Evangelio vivo que da vida entregando la vida; potenciar todo lo humano, liberar, vencer la enfermedad y la muerte, infundir esperanza y sentido en la vida, en todo lo que encierra la vida… Año de gracia. La actividad de Jesús se hace Evangelio, oración, desbordante acción de caridad a favor de todos los necesitados de un mensaje de esperanza.

 

El mismo Jesús ha encomendado a la Iglesia la misión de evangelizar en el tiempo presente. El mismo Espíritu que ungió a Jesús está sobre nosotros, nos unge y nos envía para evangelizar con nuevo ardor y nuevos métodos. Para atender más de cerca y de manera efectiva a todos los necesitados de esperanza;  para ser, como Iglesia, buena noticia, oración y testimonio permanente de amor para los pobres, los nuevos pobres, los cautivos y oprimidos de nuestro tiempo.

 

En nuestra diócesis, traemos en nuestras débiles manos, ungidas sin dejar de ser de barro, la enorme y desafiante tarea de la  nueva evangelización.  Nos hemos propuesto en la Asamblea Diocesana de Pastoral (enero 21-22) renovar el proceso pastoral. Poco a poco vamos comprendiendo y asimilando las implicaciones que tiene la renovación… en las personas (agentes y fieles, mentalidad y visión)… en nuestras estructuras… en nuestras instituciones… No hay de otra… O nos buscamos renovarnos o no cumpliremos la misión que tiene la Iglesia de evangelizar en los nuevos escenarios, quizá más desafiantes que los escenarios que tuvieron que evangelizar los primeros cristianos y los cristianos que han abierto brecha a través de la historia…

 

Sacerdotes, Vida consagrada y fieles cristianos: les propongo estas convicciones, esta mística e ideas base que nos muevan en nuestra permanente tarea de la conversión personal y pastoral  (para que la unción que hemos recibido no se nos seque… para que la gracia recibida no quede inútil):

 

Entremos de lleno en este proceso. Dejémonos conducir por el Espíritu de Dios. Abrámonos a los dones de la Pascua: confianza, paz, alegría, esperanza… No tengamos miedo a cambiar actitudes, a emprender nuevos caminos con sus respectivas tareas…

 

Participemos en todas las instancias y a todos los niveles. La renovación la hace el Espíritu Santo con nuestra participación entusiasta, activa, comprometida. No olvidemos que somos discípulos, siempre discípulos, siempre en misión. 

 

Facilitemos el acceso de los fieles al anuncio, la celebración y el testimonio del Evangelio. No cerremos puertas, ni ventanas al que se acerca y pide… No pongamos más condiciones que las que pondría nuestro Señor Jesucristo a quien sirve su Iglesia. Distingamos lo esencial (evangelizar, celebrar la salvación y acompañar) de lo no esencial (requisitos que en lugar de atraer, desaniman a los cercanos y corren más lejos a los alejados).

 

Evangelicemos siempre en comunión y de forma organizada. No hagamos grupos ‘aparte’ sino formemos en la conciencia de ‘ser parte’ de una comunidad. Solos y a solas, ‘no la hacemos’, dicen nuestros jóvenes…

 

Muchas gracias por su entrega generosa y alegre, por sus luchas para superar obstáculos, por su disponibilidad para el servicio en cualquier lugar y circunstancia…

 

 

 

 “El Espíritu del Señor está sobre nosotros porque él nos ha ungido… y enviado”.

 

Celebremos unidos la acción de gracias por excelencia: nuestra Eucaristía.

 

Dispongámonos  a  bendecir los óleos  con los que ungiremos a los catecúmenos, confirmandos, ordenandos y a los enfermos  en la  Pascua 2013;  también los templos y altares que habremos de dedicar a Dios.

 

Renovemos el don del sacerdocio que se nos ha confiado para servir a la Iglesia y al mundo.

 

 

+ Sigifredo Noriega Barceló

@signorbar
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27 de marzo de 2013 ©Diócesis de Zacatecas