VAYAN A MI VIÑA EN ESTA HORA

 

Homilía de apertura del ministerio Pastoral en Zacatecas

 2 de octubre de 2012 

Catedral de Zacatecas, Zac.

 

 

1. Saludo: 


> ¡La paz esté con ustedes! Es el saludo litúrgico en esta celebración tan especial para la Iglesia que peregrina en Zacatecas y para la Iglesia que peregrina en todo el mundo, en esta hora de la historia de salvación.

 

> ¡La paz esté en ustedes! Saludo al pueblo de Dios aquí reunido, al pueblo de Dios que participa en esta celebración de Iglesia desde sus  casas a través de los medios de comunicación, al pueblo de Dios nacido en Zacatecas y que ha tenido que emigrar en búsqueda de mejores condiciones de vida para sus personas y sus familias.

 

>Les deseo la paz como don del Señor Resucitado y como tarea continua a realizar desde la belleza y la fuerza de nuestra fe en Jesucristo.

 

2.  El día dos de octubre de 2012

 

   Es el día segundo del décimo mes del año. Es la memoria de los Santos Ángeles Custodios, de tan grata memoria en los albores de nuestra vida, para los días luminosos y  los días sombríos. No sé si la velocidad del tiempo en el que vivimos ha jubilado a la mayor parte de los Ángeles de la Guarda.
 
   Es día dos de octubre, día que -según algunos analistas- ha marcado el despertar de un México diferente, del México democrático del futuro, del México donde todos vivamos con dignidad y justicia. Ojalá que no perdamos la memoria de nuestra historia.

   Es dos de octubre de 2012. A nueve días del inicio del Año de la Fe al que nos ha convocado el Papa Benedicto XVI para celebrar los cincuenta años de la apertura del Concilio Vaticano II. A unos cuantos días de que inicie el Sínodo de los obispos en Roma para orar y discernir sobre la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe en un contexto cultural muy diferente al de los padres conciliares y al de la Iglesia en los años sesentas.

 

   Es dos de octubre de 2012. En el proceso de la celebración de los 150 años de haber sido erigida la diócesis de Zacatecas.
 


3. Ante la Palabra de Dios

 

     El Señor nos ha convocado este día para celebrar la Eucaristía en el inicio del ministerio pastoral de este cristiano, aprendiz de discípulo y de misionero, nombrado décimo quinto obispo para esta Iglesia local.

    En este momento solemne y comprometedor hemos escuchado con especial emoción la Palabra de Dios que habla  de su amor paternal, todo ternura y compasión,  que sale en busca de las ovejas, va por ellas, vela por ellas, las alimenta, guía, protege, corrige y les abre  las  puertas de la esperanza.   Yo mismo apacentaré a mis ovejas… Yo las apacentaré en la justicia.  Qué palabra tan contundente. De Él es la iniciativa. Él es el dueño y el único pastor (San Agustín, sermón 46, 29-30. Sobre los pastores). Es iniciativa de amor eterno, de amor fiel, tierno y compasivo.  Pastores y ovejas somos del Señor. La Palabra nos ubica, no hay pierde, nosotros somos simples servidores.  

 

Hemos respondido a la Palabra de Dios con el salmo 24: Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura. Dios es así: el buen pastor, Cristo es el modelo de todos los pastores. Sean así, nos va a insistir Jesús, también el año 2012 y  siempre.

 

    San Pablo, al contemplar las obras de Dios en la comunidad de Corinto, iglesia inquieta, convulsa y, al mismo tiempo, llena de posibilidades,  nos recuerda lo esencial del ser cristiano y, por tanto, del ser pastor: los dones recibidos son regalo del Espíritu Santo para edificar la comunidad en el servicio y en la comunión. El Espíritu Santo hipoteca los dones concedidos: En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. El cristiano no se pertenece, el obispo no se pertenece. Somos para servir en comunión,  para amar en comunión, para vivir en comunión, es decir, para ser comunidad eclesial creíble por su testimonio de unidad en la fe, la esperanza y la caridad.

 

Hemos respondido a la Palabra de Dios con el salmo 24: Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura. Dios es fiel. Nosotros estamos llamados a ser fieles en cualquier circunstancia.

 

    La triple pregunta que Jesús hace a Pedro se convierte en una triple confesión de fe y de amor del discípulo ya rehabilitado por el mismo Jesús. Pedro, a pesar de sus negaciones, recibirá el triple encargo de  pastorear a la nueva comunidad  de discípulos. Apacienta mis corderos. Pastorea mis ovejas. Apacienta mis ovejas… Sígueme. Pedro deberá ser y hacerse discípulo todos los días, en todas partes, sin condiciones,  para buscar los intereses de Cristo y no los propios. ¡Qué realista la triple pregunta de Jesús! ¡Qué realista la triple respuesta de Pedro! Para nosotros, constituidos pastores para servir en la Iglesia en las primeras décadas del siglo XXI, siguen siendo preguntas realistas y actuales que esperan respuestas henchidas de fidelidad hasta la muerte.

 

Hemos respondido con el salmo 24: Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura. El pastor debe ponerse a la escucha de la Palabra de Dios y de las palabras del pueblo de Dios, en cada siglo, para poder guiar; ser permanentemente discípulo para ser maestro; ser obediente al Espíritu Santo para poder ejercer la autoridad; vivir con espíritu filial para ser padre;  dejarse amar para ser amigo; entregar la vida para ser hermano. Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura. Sin la gracia de Dios es imposible la misión del pastoreo. Pedro recapacitó y se puso en el camino de la humildad y la confianza.

 

 

4.  Los desafíos de la Iglesia en Zacatecas en la hora presente.

 

   La triple pregunta que Jesús dirige a Pedro es dirigida hoy a nosotros, Iglesia peregrina en el siglo XXI. Exige de nosotros la respuesta que dio Pedro, confesión de fe humilde, confesión de entrega incondicional hasta la muerte. Nos pide vivir la misión en tiempos en los que emerge lo nuevo, con dificultad e incertidumbre, en todos los campos de nuestro existir.

 

Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas, apacienta mis ovejas, es un mandato que no debiera encontrar en nosotros resistencia alguna, aunque no nos exima de los miedos tan humanos.  Ante las tremendas crisis que vivimos en todos los ámbitos de la vida, a todos los niveles, en la Iglesia y en la sociedad, el envío de Jesús pareciera más una provocación que un día de campo, con todos los gastos pagados y además con varias tarjetas de crédito y de débito a disposición. Pedro y los demás apóstoles cumplieron con santidad su misión. Hoy nos toca a nosotros, pastores y ovejas, a todos los bautizados, cumplir con el encargo-envío-provocación de Jesús.

 

   La evangelización es esencial a la vida de la Iglesia, es su razón de ser. El apacienten mis  ovejas y el vayan a predicar y vivir el Evangelio en todo tiempo y  lugar, en cada cultura y momento de la historia, en cada situación humana, sigue resonando en  los oídos de nuestro corazón de discípulos.

 

    En los tiempos modernos, desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia dedica muchos de sus esfuerzos a acercar el Evangelio al hombre y la mujer de hoy. La nueva realidad cultural nos lanza desafíos enormes a los que la Iglesia, si quiere ser fiel al Espíritu, se siente con la responsabilidad de atender. Hay también nuevos y desafiantes escenarios para la nueva evangelización. La pregunta que Jesús dirige a Pedro es pregunta dirigida ahora a toda la Iglesia: Iglesia católica, Iglesia peregrina en México, Iglesia peregrina en Zacatecas, ¿me amas más que éstos? Nuestra respuesta debe ser decidida y audaz, confiada y comprometida, pronta y alegre; en comunión de fe y en solidaria caridad. El pastor debe ser forjador de la esperanza desde el Evangelio de Jesucristo en los antiguos y nuevos escenarios.

 

Los nuevos escenarios son muchos y complejos. He aquí algunos:

 

  • La creciente violencia con sus altas cuotas de pérdida de confianza y de seguridad, de desesperanza y de temores. El ambiente de pánico generalizado nos está robando el presente y comprometiendo seriamente nuestro futuro.

 

  • La familia en sus variadísimas situaciones de pobreza, migración y desintegración.

 

  • La emergencia educativa: fijamos en la educación nuestras esperanzas y, al mismo tiempo, afirmamos que algo anda mal ante la evidencia de los malos resultados. La educación es una realidad ambigua, compleja y exigente.

 

  • Nuestros jóvenes, la nueva generación en un escenario inédito. Les toca tomar el timón del cambio en un contexto cultural que siembra incertidumbres en lugar de esperanza.

 

  • Las grandes posibilidades de la ciencia y de la técnica y sus grandes tentaciones de endiosamiento. Hoy podemos hacer más cosas y, sin embargo, estamos haciendo de ellas los nuevos señores. La ciencia y la técnica aún siendo necesarias, no llenan los anhelos del corazón humano, solamente son medios.

 

  • Los enormes avances de las ciencias y las tecnologías de la comunicación. Nos proporcionan grandes posibilidades para comunicarnos pero, al mismo tiempo. también pueden convertirse en las modernas bombas atómicas por su capacidad de destrucción cultural.

 

  • El varón y la mujer, la persona humana, el ser humano puesto en subasta, a remate,  en una sociedad excesivamente mercantilizada. El ser humano se está fragmentando y fracturando;  su esencia se ha puesto a debate, con todas sus consecuencias en la comprensión y vivencia de la verdad y en la jerarquización de los valores.  Es, quizás,  la razón por la que pensamos que el problema central de nuestro tiempo es antropológico.

 

  • A nivel nacional ha crecido el número de personas que se declaran indiferentes ante la religión. El horizonte gris de la indiferencia religiosa permea a muchos alejados. Dios se está convirtiendo en un estorbo por una pretendida autonomía total.

 

  • En esta región de nuestro país: el paso del campo a la ciudad que algunos llaman ‘urbanismo galopante’, en crecida desbordante. La nueva cultura pluralista que emerge y se expresa en ideas, creencias, nuevas costumbres y un nuevo estilo de vida. La migración que reporta un beneficio económico pero también genera riesgos para la identidad cultural, el sentido de pertenencia y la integración de las familias. 

 

  Estos escenarios y otros desafían a nuestra Iglesia, a sus pastores y a sus fieles cristianos, hacia dentro y hacia fuera. La pregunta de Jesús vuelve a resonar con urgencia: Iglesia, ¿me amas ante estos escenarios donde Dios va desapareciendo y el ser humano va quedando huérfano de padre y madre, a la intemperie, sin referencia y sin horizonte trascendente?

 

   La Iglesia que peregrina en Zacatecas, aunque se confiese 94.4% creyente y católica, no escapa a las provocaciones de la posmodernidad. La Iglesia es fruto del anuncio del Evangelio que trajeron las generaciones del pasado y está llamada a transmitirlo a las nuevas generaciones. No es dueña del Evangelio, es servidora del Evangelio de Jesucristo. ¿Qué desafíos en esta Iglesia peregrina en Zacatecas? En general, son los mismos desafíos que tiene la Iglesia Latinoamericana y han quedado plasmados como tareas en la Misión Continental a la que nos ha convocado y nos hemos comprometido en Aparecida:

 

  • Volver a anunciar el Evangelio en los escenarios nuevos y en los antiguos. Recomenzar todo, todo, desde Cristo, con nuevo ardor y nuevos métodos, con nueva visión, con audacia y creatividad. Nueva evangelización, nueva catequesis, nueva liturgia, nuevas formas de vivir la caridad de Cristo en una sociedad cambiante. 

 

  • Que el Evangelio sea relevante en la vida de todos los que nos llamamos cristianos, en la vida personal, familiar y social: Que sea inspiración, iluminación y fuerza transformadora  de nuestras realidades tan cargadas de vacíos, sombras y egoísmos. Que incida realmente en la historia que estamos construyendo y dé frutos para el más acá y el más allá.  Que  los valores del Evangelio vuelvan a incidir en la nueva cultura y construyamos la civilización del amor. Todas las estructuras de la Iglesia deben existir y trabajar para lograr este fin.

 

  • No dudamos del papel central del Espíritu Santo en la misión. Pero el Espíritu Santo no lo puede, ni lo quiere hacer todo. Espera la participación activa y creativa de todo el pueblo de Dios, a nivel personal y a nivel comunitario. Los laicos deben ser protagonistas de la nueva evangelización y de la nueva catequesis en todos los ámbitos de la existencia. El clericalismo ya no debe existir. Gran desafío: ser una Iglesia evangelizada y evangelizadora.

 

  • La parroquia urbana, suburbana y rural con sus nuevos retos. Ser hogar y escuela de los nuevos cristianos; formar laicos pensantes, acompañar al cristiano para la misión no para el autoconsumo; acompañar a las víctimas de tantas violencias; alimentar el sentido de identidad y de pertenencia a la gente que ha tenido que emigrar…

 

  • La formación inicial, continua y permanente de los sacerdotes, la vida consagrada y los laicos. Vino nuevo en odres nuevos. Dios sigue hablando en el presente. Tenemos que aguzar el oído para escucharlo en las nuevas realidades, a pesar de tantos y tan fuertes ruidos que deterioran la capacidad de escucha. Formarnos y ser discípulos misioneros en situaciones inéditas de la historia.

 

  • Otros que iremos atendiendo cuando visitemos las comunidades.

 

 

 5.  Vayan a mi Viña en esta hora.

 

   Nuestra  Iglesia de Zacatecas es antigua. Si la fiesta empieza en la víspera, ya estamos de fiesta por sus primeros 150 años.  Han sido tantos los hombres y mujeres, sacerdotes y obispos, religiosos y religiosas, poetas y artistas, apóstoles y mártires que han sembrado y cultivado la semilla del Evangelio en los corazones de los habitantes y en las magníficas construcciones que es imposible recordar sus nombres; Dios los sabe y están escritos en el libro de la vida. A todos ellos nuestra veneración, admiración, reconocimiento, respeto y gratitud.

 

  Toca hoy a nosotros aceptar el envío en las actuales circunstancias. Sabemos que nunca  han existido las condiciones ideales para predicar y vivir el Evangelio. El Evangelio llega y se planta cuando hay situaciones dolorosas en la vida del ser humano y de la sociedad. El Evangelio de Jesucristo está diseñado para:

 

  • ser luz donde hay oscuridad y sombras;

  • ser fortaleza donde las fuerzas humanas se tensan a punto de reventar;

  • ser fermento de esperanza de salvación donde hay vacíos, impotencias humanas, desesperanzas y miseria.

  • ser vida donde la muerte amenaza con el absurdo.

 

   Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas, apacienta mis ovejas:    

 

¡Vayamos todos a la viña a anunciar el Evangelio, a celebrar la vida nueva de Dios en nosotros! ¡Vayamos a ser discípulos y testigos creíbles en esta hora de la salvación! ¡Es la hora de Dios, es también nuestra hora!

 

Vayamos a trabajar en esta viña del Señor, fieles cristianos de Zacatecas, Ensenada, Ciudad Obregón, Granados… Es la hora del laico en la Iglesia y en el mundo. Impregnemos de Evangelio todos los ámbitos de la vida: la familia, la escuela,  la economía, la política, el arte, la nueva cultura. Sin laicos comprometidos no hay familia, si no hay familia no hay sacerdotes, si no hay sacerdotes no hay Eucaristía. Que su fe en Cristo sea significativa para reconstruir el tejido social.

 

Familias de la diócesis: Vayamos a trabajar en la Viña. No se ha inventado, ni se inventará nada mejor que la familia para nacer, crecer y ser personas de bien. En la familia empieza todo y es el lugar de regreso después de haber caminado por las calles de la vida. Nadie mejor que la familia para transmitir la fe.

 

Familia e instituciones de educación: Vayamos a trabajar en la Viña. Son ámbitos indispensables para reconstruir el tejido social. Sin hogar y sin escuelas estamos a la intemperie, sin horizonte, sin futuro.

 

Vayamos a trabajar en la Viña del Señor, autoridades civiles y militares. La crisis cultural actual pone en entredicho todo tipo de autoridad. Mostremos que la autoridad es servicio indispensable para edificar el bien común en el respeto, la tolerancia y la participación. El Estado tiene su misión, la Iglesia la suya. En lo que toca a la misión de la Iglesia buscaremos siempre la cooperación para el bien común, no la confrontación. Desde el Evangelio, la Iglesia asume la tarea de ser factor de unidad en un mundo de polarizaciones, de ser referencia ética  ante los relativismos a que estamos expuestos, de crear una nueva cultura donde el centro sea la persona y la sociedad sea sujeto de su propio destino.

 

Religiosos y religiosas: Vayamos a trabajar en la Viña desde los carismas recibidos. Son  muchas religiosas y religiosos que entregan diariamente su vida en 25 institutos de vida consagrada para ser fermento de un nuevo cielo y una nueva tierra en este siglo.  Gracias por participar en esta edificación. Gracias por enriquecer a toda la Iglesia con sus carismas. Gracias porque su testimonio anuncia y anticipa ya las realidades trascendentes y escatológicas.

 

Sacerdotes de la diócesis de Zacatecas (otras diócesis): vayamos a trabajar en la viña del Señor. En los últimos años no se ha hablado muy bien de nosotros. Gracias por permanecer fieles en el servicio a pesar de tantos tipos de violencia. Ustedes son invitados muy especiales a trabajar en esta viña.  Ayúdenme a ser hermano, amigo, padre y pastor.

 

Hermanos obispos: muchas gracias por hacerse presentes en este día tan significativo para esta Iglesia local. Su testimonio de Iglesia católica y apostólica es una bendición para todos. No hay  misión sin comunión y no hay comunión sin estar anclados en el misterio del amor de Dios que nos ha elegido y enviado a apacentar a su rebaño. Aquí están como sucesores de los apóstoles, como un día estuvieron Pedro, Santiago, Juan, Pablo, inaugurando la Iglesia de Antioquia, de Jerusalén, de Éfeso, de Corinto. Gracias por su comunión y su solicitud por las iglesias locales.

 

 

6. Sigifredo, ¡ve a Zacatecas como su décimo quinto obispo!

 

   Eran las 15 horas con 29 minutos del día 5 de julio 2012 cuando recibí el llamado de la Iglesia a través del Nuncio Apostólico en México para servir en esta Iglesia local. Confieso que recibí con desconcierto y temor este llamado.  Poco a poco he pasado del miedo a la confianza y a la esperanza. La voluntad de Dios ha vuelto a llamar.

 

  • Acepto el oficio de Obispo en esta diócesis como testimonio de amor a Jesucristo y a su Iglesia. Con todo y limitaciones personales, aspiro a que sea:

 

Un testimonio de amor humilde: la raíz de la salvación no está en ser obispo, sino en ser cristiano. Quiero salvarme con ustedes.

 

Un testimonio de amor desinteresado: ustedes, pueblo de Dios, no son propiedad mía sino de Cristo. Con esta responsabilidad buscaré no mi propia gloria, ni el dominio sobre ustedes, ni la propia ganancia, sino los intereses de Jesucristo. Soy y seré ministro, servidor, no el dueño de la casa.

 

Un testimonio de amor generoso: espero que sea más fuerte que las tribulaciones y que la muerte. Rueguen diariamente al Señor resucitado para que lo cumpla.

 

  • No ignoro los grandes retos que implica la misión en el contexto histórico social que vivimos. Tampoco ignoro que la Iglesia es obra y propiedad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y, por tanto, tiene la garantía de la presencia amorosa de Dios hasta el final de los tiempos. Con la gracia de Dios y la ayuda de ustedes quiero ser un obispo servidor del Evangelio. Estoy consciente que presidir una comunidad es servirla sin condiciones. Quiero ser un obispo al estilo del Buen Pastor: conocer a las ovejas, ir delante de ellas, alimentarlas con la Palabra, los Sacramentos y la caridad y dar la vida por ellas. Rueguen todos los días por mí.

 

 

 

Conclusión

 

Para continuar los trabajos previstos en el plan diocesano de pastoral, confirmo en sus cargos a todos los que han recibido un encargo especial.

 

 

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  Nos ponemos en camino como Iglesia local por mandato de Cristo para conducir al ser humano  al lugar de la Vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida y la  vida en plenitud. 

 

 Nos ponemos en camino desde la Eucaristía donde nace la Iglesia, se alimenta, crece y madura para la misión.

 

 

Señor, para ti es mi música, otra vez.

 

Sé tú la melodía, el cantus firmus, que alegra, fortalece y planta la esperanza de llegar a la plenitud de la Vida. Haz que hagamos canciones agradables a tus oídos.

 

Que seamos capaces de armonizar anhelos y aspiraciones, voluntades y corazones en la unidad y en la caridad pastoral.

 

Que vivamos al ritmo de tu voluntad y de las aspiraciones de nuestro pueblo.

 

Virgen María, nuestra Señora del Patrocinio, nuestra Señora de Loreto, nuestra Señora de los Zacatecas: ruega por nosotros.

 

San Mateo Correa Magallanes, Beato  Miguel Agustín Pro, Beato Juan Pablo Segundo: Rueguen por nosotros.

 


 
 

+ Sigifredo Noriega Barceló

    Obispo de Zacatecas

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2 de octubre de 2012 ©Diócesis de Zacatecas