VOCACIÓN: VIVIR Y DAR VIDA

5º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

 

El Papa Francisco viene a nosotros, está en salida, fiel a la forma de vivir su misión de pescador de hombres en este inquieto y movedizo siglo veintiuno. ¿Quién lo llamó (invitó)?  ¿A qué viene? ¿Por qué su respuesta transparente, sencilla, desenfadada, directa, provocativa?  Lo miro remando en la barca de Jesús, la misma de Pedro, en medio de las olas y tsunamis de la segunda década del siglo presente.  Esta semana llega a algunas de nuestras periferias.

 

“Aquí estoy, Señor, envíame”, responde Isaías. “Dejándolo todo lo siguieron”, responden aquellos pescadores en el amanecer de la primera hora.  La misma palabra que escucharon ellos y tantas personas a través del peregrinar de la humanidad no ha dejado de llamar. Este domingo, cada día, todos los días, resuena en los oídos del corazón  de quien anhela y busca descubrir su misión en esta vida. El Señor de la barca no está afónico, ni ha perdido la confianza en los candidatos a pescadores. “Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste”, canta maravillado el salmista.

 

El episodio que relata el evangelista es curioso. Primero Jesús pide un favor: que le permitan subir a la barca para predicar. Después invita (¿ordena?) a remar mar adentro y echar las redes para pescar. Todo parece normal… pero no es hora de pescar. Pedro hace un gesto de confianza. “Por tu palabra” es la única explicación del pescador aparentemente fracasado. Es  la misma razón que Jesús pedirá a los que quieran ser sus discípulos. Toda vocación se ubica en el territorio de la fe. Ésta transfigura y transforma el trajín de la vida, lo convierte en mar de pesca extraordinaria. La vida es bella cuando/porque es fecunda. 

 

Jesús entra en la vida de Pedro y sus compañeros en su vivir ordinario,  sin aspavientos. Es el misterio y la historia de toda vocación, también la del Papa Francisco, la tuya, la mía. Hay que estar allí, escuchar con confianza el llamado, atender, obedecer. Todo empieza con una inquietud, se va anidando en lo ordinario, se teje de manera sencilla pero significativa, tanto que cambia el sentido y horizonte de la vida.  

 

Vivir y dar vida es la gran vocación a la que es llamada toda persona. Aquellos que la cumplen son verdaderos apóstoles. Antes y junto a cualquier otra vocación (sacerdotal, matrimonial, religiosa, celibataria…) estamos llamados a ser fecundos, a dar vida. Cuando Jesús llama a ser pescadores de hombres  envía a ‘rescatar con vida’ a quien anda amenazado por la muerte.

 

La razón de ser de la misión es dar vida, es decir, curar, posibilitar, abrir cauces, tender puentes para el encuentro, anunciar un nuevo amanecer. La condición es amar la vida, ir donde el pecado y la muerte amenazan la vida y ‘echar las redes’, sabedores que  Jesús es el mejor aliado de la vida.  

 

El Papa Francisco, sucesor de Pedro, viene a ayudarnos a confiar en la potencialidad de nuestra fe en Cristo y en santa María de Guadalupe. Nos recordará que todavía bullen  latidos de vida donde parece que todo está perdido. Tengamos confianza en el mensaje de la misericordia, corazón vital del Evangelio de Jesús.

 

Oremos mutuamente para que cumplamos bien nuestra misión.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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7 de febrero de 2016  ©Diócesis de Zacatecas