TESTIGOS EN SALIDA

Domingo de Pentecostés

 

El gran tiempo litúrgico de Pascua culmina con el envío de los discípulos testigos para que Pentecostés sea la Pascua viva y permanente. El envío del Espíritu marca el tiempo de la Iglesia que tiene como misión anunciar, celebrar y testimoniar este Evangelio hasta los confines de la historia y los recovecos de todas las periferias geográficas y existenciales.  Vayan y den mucho fruto nos ha dejado como testamento el Resucitado.

 

“Cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua” era la noticia voceada que recorría las calles de Jerusalén cuando los discípulos salieron del salón donde fueron sorprendidos y transformados por el fuego del Espíritu Santo. De la timidez pasaron a la valentía, del miedo a la confianza, de la cobardía a ser testigos decididos. Salen presurosos a dar un convencido y alegre testimonio de la resurrección de su Señor.

 

La ciudad estaba llena de peregrinos y turistas venidos de todas las naciones del mundo conocido. Todos entienden el lenguaje del amor. Babel ha quedado atrás. Con la venida del Espíritu prometido empieza la misión de la Iglesia que sale a recorrer las calles de los pueblos y las periferias de la existencia.

 

Pentecostés indica el tiempo nuevo, el paso del Espíritu, la posibilidad de la comprensión universal, la fe que mueve montañas, la era del amor, el aterrizaje de la misericordia... Es el Evangelio de Jesucristo al alcance de quien quiera escuchar y recibir… De los peregrinos de todas partes, en cualquier circunstancia en que encuentren.

 

Tres dones pido al Espíritu Santo para ser Iglesia en salida, testigos decididos, pueblo de Dios comprometido:

 

  • El don de sabiduría para saber leer, comprender y atender los anhelos de quienes habitan las modernas ciudades y sus periferias. La Babel de las modernas confusiones, relativismos, indiferencias, ofertas de salvación, sigue siendo tentadora.

 

  • El don de la audacia para salir de las zonas de seguridad en que nos encerramos bajo el pretexto de inseguridades de varios tipos. El problema de la Iglesia no es doctrinal, ni del pasado; es de valentía pastoral, es hacia el futuro con todo e incertidumbres. Necesita abrirse y lanzarse hacia adelante, tender puentes y no aduanas, generar confianza y sentido desde el Evangelio. El Papa Francisco nos da ejemplo de un Pentecostés permanente.

 

  • El don de aceptar con alegría y confianza la misión. Somos los discípulos testigos enviados a recorrer -con el Evangelio en la mano, la cabeza  y el corazón- las nuevas avenidas del mundo supuestamente conocido del siglo XXI. A nuevos desafíos, nuevos escenarios, nuevas incertidumbres, nuevas oportunidades… NUEVA EVANGELIZACIÓN. El problema de más vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada no es tal si cada bautizado se deja transformar por el fuego del Espíritu Santo y acepta ser movido por el vendaval del Espíritu.

 

Hoy respondemos cantando, bien convencidos y entonados: Envía, Señor, tu Espíritu a renovar la tierra. Aleluya.

 

Los bendigo movido por el fuego del Espíritu Santo.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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15 de mayo de 2016  ©Diócesis de Zacatecas