TESTIGOS DE SU MISERICORDIA

La Ascensión del Señor. Ciclo C

 

 La Iglesia celebra la Ascensión del Señor en este domingo. Lucas enmarca la escena en la última comida de Jesús con sus discípulos. En el ambiente todo suena a despedida y envío, ausencia y presencia, misión cumplida y tiempo de los testigos, Cristo y la Iglesia. Sin embargo los discípulos no acaban de comprender la nueva dirección que toma su fe en Cristo. Habrá que esperar al Paráclito, al Espíritu Santo.

 

No es fácil aceptar que hay cosas que acaban, historias que terminan, ciclos vitales que se cierran. Es la experiencia humana de todos los días. Nos acostumbramos a las personas que amamos, a determinadas presencias con sus tiempos y espacios, creamos dependencias. Pensamos que, si nos falta alguien, la vida será imposible, ya nada será igual… Sin embargo, hay partidas, adioses y despedidas que son necesarias. Es la ocasión de ser lo que estamos llamados a ser, desarrollar la originalidad y la potencialidad que llevamos dentro, ser libres. Hay que cortar el cordón umbilical, decimos coloquialmente. Desde esta óptica podemos aproximarnos al sentido de la fiesta de la Ascensión.

 

Jesús ‘termina’ la misión encomendada. Hasta el presente se han cumplido las Escrituras: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y resucitar al tercer día…” Ahora comienza un tiempo nuevo: “En su nombre se predicará, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados”. Empieza el tiempo de los testigos. La Ascensión indica el momento preciso de la separación (se fue elevando a la vista de ellos). Antes les había enseñado qué hacer y les había instruido cómo ser sus testigos. Les había asegurado que, en cualquier situación, nunca estarían solos en su testimonio misionero hasta los últimos confines de la tierra.

 

La Ascensión del Señor es la fiesta de la adultez del cristiano. Éste ya no contará con  la presencia física del Señor pero tendrá a su favor otro tipo de presencias. La fe en el Resucitado le conducirá a encontrarlo en los escondites de la vida, allá donde parece no soplar ni siquiera un suave viento. Ser testigo del Señor será su misión, es decir, comunicar a otros lo que ha visto y oído. Es el tiempo de que la fe se haga compromiso, apertura, salida, autonomía, riesgo, audacia. Nunca estará sólo porque le acompañarán otros testigos. Hoy somos deudores de la Iglesia que nos ha precedido. Los discípulos del mañana serán deudores de nosotros si somos testigos audaces.

 

Al testigo cristiano, modelo siglo XXI, se le pide que irradie el Evangelio de la misericordia. Hay tantas personas heridas en el camino que necesitan de estos modernos samaritanos de la compasión incondicional, al estilo Jesucristo. El cristiano ‘momia’ es el que se queda mirando al cielo sin mirar a su alrededor y sin hacerse hermano de los peregrinos que se han quedado tirados en las cunetas de la historia.

 

 Celebrar con fruto la Ascensión del Señor es acercar su Pascua a quienes están atrapados por la muerte de la esperanza, en cualquier muerte.

 

Señor Jesús, haznos testigos de tu misericordia.

 

Con la bendición solemne de la Ascensión del Señor.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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8 de mayo de 2016  ©Diócesis de Zacatecas