EN CONEXIÓN

4º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

 

Hace dos años escuché en una conferencia que solamente las personas que ‘están conectadas’ tienen cabida en el mundo posmoderno. El conferencista añadió que los campos de la educación y la salud, junto a la conectividad, son las áreas de oportunidad indispensables para quienes quieren sobresalir en un mundo que se mueve por  competencias y hace de los mercados su hogar, escuela y fin de la vida.   De momento no me ‘cayó el saco’. Educación y salud siempre han sido  necesarios para el desarrollo de personas y pueblos, pensé, pero la conectividad ¿por qué?

 

Dos años después estoy convencido que si no estamos conectados nos perdemos lo mejor que puede ofrecer este mundo. Si Descartes viviera en el siglo XXI  cambiaría su famosa frase “pienso, luego existo” por  “estoy conectado, luego me muevo”. ¿Cambiaría el racionalismo por el pragmatismo para poder vivir en un mundo que se ha desconectado de la razón y del espíritu para conectarse al vaivén de lo práctico, la ambición, los intereses?

 

Aunque la conectividad puede tener muchos significados, según el campo a que se refiera, propongo hacer una relectura del Evangelio de este domingo desde el estar conectados/desconectados. Los paisanos de Jesús estaban bien conectados con la religión de sus antepasados que enseñaba que la salvación era excluyente: los judíos se salvarán y los paganos se condenarán. Llega Jesús, entra en la sinagoga, lee al profeta Isaías, corta del texto las amenazas de condenación y oferta la salvación a quien tenga fe en él, a todos. Los paisanos no solamente se desconectan de Jesús sino que intentan lincharlo. Jesús “pasando por en medio de ellos, se alejó de allí”. Los ejemplos que pone Jesús indican un cambio profundo. Dos paganos, la viuda de Sarepta y el sirio Naamán, creyeron y fueron liberados. Saquen consecuencias para la vida.

 

 La fe nos conecta con Jesús y su reino. El reino de Dios es el campo donde se autentifica si nuestra  conectividad con él es real o pura religión externa. El reino de Dios es el campo donde cae la semilla que está llamada a dar frutos de libertad, verdad, justicia, solidaridad, paz. Esto significa que el lugar más propicio para la fe es la vida de cada día. Si vida y fe están conectadas estamos en el camino de Jesús. La oferta es para todos, no solamente para los que van a la sinagoga o dicen ser personas muy religiosas.  Es cuestión de estar conectados con él e interconectados en la vida con los hermanos más necesitados.

 

El Papa Francisco viene a confirmarnos en esta fe. Nos mirará con compasión y nos invitará a conectar la fe en Jesús con los grandes desafíos que vivimos en todos los campos de la vida. Nos recordará que la misericordia de Dios está al alcance del enchufe de la fe sencilla, alegre y comprometida. Nos invitará a ser coherentes, a trabajar incansablemente por unir fe y vida, fe y compromiso social. Es que solamente una fe conectada con la vida y una vida conectada con la fe tienen futuro, el presente y el futuro de la salvación.

 

Los bendigo con compasión y ternura.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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31 de enero de 2016  ©Diócesis de Zacatecas