DIOS EN EL FONDO DE LA VIDA

Solemnidad de la Santísima Trinidad. Ciclo C

 

Si buscamos la palabra Trinidad en la Biblia no la vamos a encontrar. Si la buscamos en la persona y en el Evangelio de Jesucristo encontraremos a la Trinidad en acción, comunicando y dinamizando, amando y llenando de vida, caminando en la historia, transformándola y abriendo todo horizonte hacia la plenitud. ¡Oh Santísima Trinidad! han exclamado muchos cristianos, intuyendo la cercanía amorosa de Dios.

 

¿Y si la buscamos en el corazón y en la vida de los creyentes? ¿En la historia y en sus recovecos? Desde los primeros siglos de la era cristiana la palabra Trinidad ha buscado expresar lo inexpresable en palabras: el misterio de Dios-amor-comunidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo; Dios con nosotros, en nosotros, en el fondo de la vida. Quizás no alcanzamos a dilucidar –no hace falta- lo que hay en el fondo cada vez que decimos: “Gloria al Padre, y al Hijo, y al espíritu Santo”.

 

La pregunta acerca de la existencia de Dios ha inquietado al ser humano. Dios es el nombre que ha dado a lo que ha balbuceado, deletreado, buscado, imaginado, proyectado, encontrado... ¿Cómo es Dios? ¿Cómo vive? Si es bueno, ¿por qué el mal, el sufrimiento de los inocentes, la lentitud, a veces insoportable, de la justicia divina? ¿Por qué nos duele hasta el alma desprendernos de las personas que nos aman y amamos? ¿Para qué la muerte? Nuestra inteligencia, por sí sola, no va más allá del enigma, de la desesperación... Con frecuencia nos hacemos dioses a nuestra medida, de barro, de materiales reciclables, selfies imaginarios, sin rostro, sin nombre.

 

Celebrar la Santísima Trinidad es dejarnos encontrar por el Dios revelado por Jesucristo, con rostro, con nombre. Se ha comprometido con nosotros, sale a nuestro encuentro para indicar que el fin del fin es la plenitud, que está en el fondo mismo de la vida ‘empujando’, codo a codo con nosotros, la creación y la historia. Desde ahí hace un formidable trabajo de reorientación de la historia desde la profundidad de las realidades creadas. Dios de Dios, Luz de Luz…, balbuceamos llenos de confianza en la confesión de fe.

 

“Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender”, dice Jesús a los discípulos de todos los tiempos. Dios se acomoda a nuestras limitaciones. Nos envía al Espíritu Santo para que trabaje en/con nosotros hasta conducirnos a “la verdad plena”. El espíritu hace este trabajo de dos maneras: nos conecta con el origen (“no hablará por su cuenta”); y nos ayuda a escudriñar el misterio del futuro de la creación y de la historia (“anunciará las cosas que van a suceder”).

 

Dios Trinidad está presente en el fondo del devenir humano. Creer con firmeza que Dios es nuestra plenitud es caminar con sentido, seguros porque sabemos de dónde venimos y a dónde vamos. El cristiano es enviado a contagiar de esperanza todos los recovecos del camino de la vida. Buena falta le hace a un mundo descreído, que crea dioses a su imagen, semejanza y antojos para sobrevivir. 

 

Los bendigo en nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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22 de mayo de 2016  ©Diócesis de Zacatecas