CUANDO LA AMBICIÓN SE FROTA LAS MANOS

25º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

 

La semana que recién termina ha tenido sus colores, sabores, sonidos, recuerdos, añoranzas, nostalgias…, muy especiales. También ha suscitado dudas, cuestionamientos, malestares, preocupaciones, indiferencias junto con alabanzas, gritos de mexicana alegría, planes y proyectos... Es fecha significativa  con diferentes resonancias de acuerdo a las generaciones y circunstancias.

 

Al mirar la inconfundible figura del padre Miguel Hidalgo y Costilla en billetes, pantallas, cartelones, artefactos… hasta en ‘memes’, he vuelto a reflexionar sobre una pregunta que ha rondado en mi cabeza desde hace años: ¿por qué Hidalgo fue lo que es e hizo lo que aún permanece en la historia patria? ¿Anhelo de libertad? ¿Ambición de poder? ¿Generosidad de espíritu? ¿Amor a su congregación? ¿Compromiso de la fe? ¿Amor al prójimo oprimido? ¿Justicia social? Lo mismo pudiéramos preguntar a quienes participaron desde el inicio del movimiento y después.

 

Más de doscientos años después es imposible conocer sus verdaderas motivaciones e intenciones. Ha habido muchos intentos de aproximación a las personas, las influencias, los contextos, los hechos, los resultados. Se han dado tantas interpretaciones cuantas lecturas se han hecho de acuerdo al cristal de los ojos lectores. La verdad de las personas, sus hechos y su entorno, está ahí. Sobrepasa generaciones y fechas. Es inagotable como el misterio de las personas y sus intenciones.

 

Estoy seguro que el padre Hidalgo leyó, meditó y proclamó el Evangelio que escuchamos este domingo septembrino. No estoy seguro qué interpretación dio a su lectura y si influyó en sus decisiones. ¿Qué aprendería de este servidor aparentemente infiel? ¿Qué pensaría del patrón confiadamente generoso y generosamente confiado de la parábola? ¿Lo referiría al Padre generoso de la parábola del hijo pródigo? ¿Se miraría en la inteligencia del trabajador que prevé y prepara con astucia su futuro? ¿Y el dinero que había de por medio? ¿Y los acreedores de la parábola, de Dolores y alrededores? Son preguntas que surgen a propósito de la Palabra de Dios y de las palabras de los hombres y mujeres que ‘nos han dado patria y libertad’. A mi parecer, nadie decide y actúa sin cierta dosis de ambición y de generosidad. ¿Cuál prevalecería?

 

El Evangelio que escuchamos y los acontecimientos de la historia que conmemoramos estos días son espacios donde Dios nos habla y actúa, siempre para nuestro bien. La lección de este domingo y de estos días ‘patrios’ es clara: el discípulo de Jesús debe discernir antes de decidir y actuar. El seguidor de Jesús queda constantemente emplazado a vivir la experiencia del encuentro con Dios para ser su testigo en clave de generosidad y con los brazos tan abiertos que abracen a todos los acreedores.

 

La tentación de la ambición por el poder y el dinero estará acechando en cada esquina; me la imagino frotándose las manos en la espera de que algún incauto caiga en sus redes. La generosidad que se hace solidaridad es el mejor antídoto para que la ambición no se adueñe del territorio de las motivaciones e intenciones.  Parafraseando lo que decíamos cuando jugábamos a las cartas: generosidad ‘mata’ ambición, la controla y encauza.

 

Con mi afecto solidario y mi bendición generosa.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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18 de septiembre de 2016  ©Diócesis de Zacatecas