APERTURA Y UNIVERSALIDAD

Epifanía del Señor. Ciclo C

 

La estrella de Belén es uno de los signos más conocidos de Navidad. Con él los primeros cristianos no buscaban dar clases de astronomía avanzada, ni pretendían profetizar sobre el presente y el futuro de las y los que hoy llamamos estrellas. El bellísimo texto del Evangelio que hoy escuchamos en el Evangelio tiene otra finalidad: Jesús, el Mesías, es de todos y para todos, a pesar de lo que digan y hagan los Herodes de todos los tiempos. 

 

El hecho narrado por Mateo es denso en su contenido, encantador en su trama e intencional en su desenlace. Por algo ha quedado grabado en la mente y el corazón de tantas generaciones de niños y adultos. El evangelista va tejiendo contraposiciones hasta presentar a Jesús como la manifestación (epifanía) de Dios a quien hay que buscar, aceptar, seguir y adorar. 

 

Dos lugares diferentes: Jerusalén y Belén; dos poderes diversos: el rey poderoso (Herodes) y el pastor humilde (Jesús); dos emociones fuertes: preocupación en los de casa y alegría en los extranjeros; dos decisiones: los que dicen conocer las Escrituras pero no creen y los que creen sin conocer las Escrituras; los que se cierran a la novedad de Dios y los que buscan a pesar de las sombras; los que pretenden solucionar su soberbia con sangre de inocentes y los que son humildes, se postran ante el Niño y lo adoran. 

 

El relato de Mateo nos sigue fascinando. Es provocativo para el que abre los ojos del corazón y busca mirar más allá de la estrella y de las estrellas. Cuatro lecciones para los habitantes de este mundo occidental globalizado que estrena un nuevo año en el ciclo de la vida y de la historia:

 

- Buscar a Dios, como aquellos magos, requiere apertura de espíritu. Los que están llenos de sí y de sus cosas no necesitan de nada, se asfixiarán en su propio aire contaminado durante todo el año y más.

 

- Abrirse a la novedad del Espíritu, como aquellos magos. Creerse superior a otros pueblos, despreciar al pobre e ignorante, defender lo suyo como lo único bueno y verdadero no es el camino para vencer las variadísimas indiferencias que nos aquejan. Necesitamos urdir nuevos gestos de misericordia.

 

- La apertura y la visión universal son medicina que cura muchos males y puerta que abre a muchos horizontes; son senderos que nos enseñan cómo comprender la belleza y las posibilidades del corazón humano. Una mente abierta es capaz de generar diálogo y acogida; una casa abierta propicia el encuentro y a la ternura. Sólo así se abren las puertas de la misericordia. 

 

- Los magos ofrecen dones al Niño y, desde Él a toda la humanidad. Dando es como recibimos; entregar nuestra vida es ampliar la casa común para que todos los pobres encuentren acogida, sean respetados en su dignidad y se conviertan en servidores de la misericordia. 

 

Si hemos visto su estrella esta Navidad, nos pondremos en camino, ofreceremos nuestros dones, adoraremos al Señor del tiempo y de la historia... y diremos sin remordimientos, con gozosa esperanza : ¡Feliz, luminoso, misericordioso año 2016!

 

Los bendigo con inmensa alegría desde el vuelo 2016. 

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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3 de enero de 2016  ©Diócesis de Zacatecas