Sembrando en octubre 2016

 

PARA APROBAR LOS EXÁMENES ‘AL CIEN’ (2)

 

Las marchas del mes pasado, a propósito de familia, matrimonio y educación de los hijos, han dejado lecciones para quien ‘tenga oídos para oír y ojos para ver’. Todas las manifestaciones, las que se han pronunciado a favor de la familia natural (fundada en el matrimonio hombre y mujer) y las que proponen otros modelos de matrimonio como base de la familia y la diversidad de familias. Hay mucho que aceptar a primera vista y oído, y muchas otras ideas y cuestionamientos que discernir con oído atento y ojos abiertos.  Estamos tocando  las fibras más sensibles para todo ser humano: la familia y la educación, sus protagonistas, su pertinencia, su presente, su pasado, su futuro. 

 

En los comentarios previos y posteriores a las marchas han aparecido argumentos de fondo en pro y en contra; lenguaje confuso, ofensivo y palabras conciliadoras; descalificaciones baratas y fobias acedas por largo tiempo guardadas; deseos de afrontar con serenidad realidades complejas e intentos de juicios sumarios y pena de muerte a opositores. Los comentarios en las redes sociales han sido para todos los gustos y tendencias. La exigencia de dar a conocer la propia posición y definirse ante el imaginario social ha sido un mandato casi divino. En fin, el tema y los temas son polémicos por los variados significados que encierran y por el horizonte trascendente al que apuntan.

 

Si modelo es el punto de referencia para imitarlo o reproducirlo, el ejemplar que por su perfección se debe imitar o seguir, la figura ideal a reproducir (según el Diccionario de la Lengua Española)…, hablar de modelo de familia en el siglo XXI resulta laborioso y comprometedor.  Se trata de poner sobre la mesa un debate sin fin dada la diversidad y complejidad de la realidad y las realidades de la familia y las familias. Es, sin duda, un ejercicio que puede ser saludable si somos capaces de pasar de la pasión a la racionalidad, de intereses egoístas al bien de la sociedad, de creencias débiles a una fe sólida y comprometida.  Del modelo de familia que elijamos dependerá, en gran medida, el modelo de sociedad del futuro. El modelo de familia depende del modelo de hombre del que partamos.

El modelo del cristiano es Cristo mismo, hijo de Dios e hijo del hombre, de aquel tiempo y de todos los tiempos. La misión de la Iglesia es anunciar su palabra de salvación, celebrar su presencia redentora y testimoniar su amor misericordioso.  Corresponde a nosotros, cristianos peregrinos en este cambio de época, escuchar su palabra que revela quién es el hombre, su vocación y su misión en el mundo. 

 

La fe en Jesús no está peleada con la racionalidad. Dios es el mejor aliado de sus hijos, del matrimonio y de la familia. Tenemos el gran desafío de volver al origen y a la fuente para desempolvar el plan de Dios sobre estas realidades fundantes de la vida y farol en sus calles oscuras. El mundo sin Dios, intenta redefinir el matrimonio, entenderlo y hacerlo a imagen del hombre del momento y de sus ‘derechos’.  De aquí vienen y vendrán consecuencias que pueden ahogar al ser humano en sus propias lágrimas e intereses.

 

¿Qué tenemos que hacer en nuestra Iglesia diocesana?  Pasar de las reacciones a las propuestas. Durante el mes de octubre vamos a celebrar  Asambleas de Decanato y de Zona Pastoral. Las crisis que vivimos en la comprensión del hombre, del matrimonio, de la familia, de las familias en situaciones difíciles, de la educación… deben tener respuestas que se hagan propuestas concretas de acción en cada comunidad cristiana. Recomiendo volver a leer, meditar y estudiar los últimos capítulos de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre La alegría del amor (nn.199-325) para darle cauce pastoral en todas las comunidades. 

 

Con mi afecto y bendición.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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Octubre de 2016 ©Diócesis de Zacatecas