¿LEPRAS EN EL SIGLO XXI?

6º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

 

¡Qué aventado el leproso que Marcos nos presenta en el relato evangélico de este domingo!  La primera imagen que me viene a la mente es la de una madre que es capaz de todo con tal de que el hijo enfermo recupere la salud. El cuadro del leproso me recuerda también a las personas que se brincan trancas,  no escatiman esfuerzos  y vergüenzas para lograr la salud, una beca, un empleo, un buen lugar para sus hijos/ hermanos/prójimos. Aman y saben lo que quieren, y lo buscan de todo corazón.

 

Es común ver en muchas recepciones de hospitales, ventanillas oficiales,  secretarías particulares, puertas de potenciales samaritanos, a personas capaces de saltarse protocolos e insistir, sin callarse, con tal de conseguir aquello en lo que creen. ¿Es bueno? ¿Es recomendable este tipo de comportamiento?  Querer es poder, dice el dicho. No hay duda que el querer, cuando tiene como fuente y fundamento el amor, es capaz de romper barreras, muros, escollos… En el Evangelio aparece con frecuencia la invitación a insistir, siempre y cuando sea la expresión sincera de la fe que busca la verdad del/en el amor.

 

¿Qué hace de especial la persona enferma de lepra para ser ejemplo de insistente humildad? Simplemente cree en Jesús, se acerca a él, pide con humilde confianza, se arrodilla: “Si tú quieres puedes curarme”.  Arriesga todo con tal de alcanzar la curación total; quiere volver sano a la vida de la comunidad y salir de la exclusión de la que el pecado le ha encerrado. Va a Jesús porque cree que en Él hay esperanza de salvación. Otra vez Jesús escucha compadeciéndose y se compadece escuchando: “¡Sí quiero, sana!”. Otro milagro de la fe: “Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio”.

 

El hecho se ha divulgado tanto que, dos mil años después, sigue llegando a nuestros oídos. Me pregunto si el milagro de la curación total aplica a todos los tipos de lepra que azotan a personas, familias, ideologías, grupos, partidos, comunidades, culturas… Sería buen ejercicio -de humilde salud- que tú hicieras el elenco de estas terribles enfermedades que excluyen del banquete de la sana convivencia, de la esperanza en una vida digna y plena.

 

El leproso curado nos cuestiona con su actitud de creyente audaz, decidido, aventado, sin miedo al qué dirán. No sé si hay enfermedades, esclavitudes, pecados inconfesados, lepras visibles e invisibles, de las que no queremos salir. El leproso, como tantas personas curadas por Jesús, nos enseña a dejarnos conducir por la fe en Él; a no tener miedo de romper prejuicios, tabúes, posiciones cómodas, pasivas, fatalistas… Sólo basta creer a fondo y abandonarnos en los brazos siempre compasivos del Señor Jesús.

 

El miércoles próximo iniciamos, otra vez, el camino de la Cuaresma que conduce a la Pascua. Es muy buena oportunidad para arrodillarnos ante el confesor, puesto ahí por Jesús, para sanarnos de nuestras lepras.

 

Los abrazo con mi bendición.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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15 de febrero de 2015  ©Diócesis de Zacatecas