¿DÓNDE ESTÁ LA AUTORIDAD?

4º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

 

En tiempos de confusiones, incertidumbres, desesperanzas y, al mismo tiempo, de bienestar, avances científicos y oportunidades, cobra sentido hablar de búsquedas. ¿Dónde encontrar lo que buscamos? ¿A quién acudir? ¿Con quién hacer la ruta? La respuesta no está a la vuelta de un razonamiento débil, mucho menos en sentimientos pasajeros o en pasiones egoístas. Tenemos que ir más allá: pensar, sentir, creer, discernir, armonizar, solidarizarnos, caminar en la humildad hasta llegar a respuestas sólidas donde podamos edificar la vida –y lo que contiene- sobre roca firme, segura, donde la esperanza tenga cauces de realización.

 

La proclamación del evangelio de este domingo me hace pensar que no cualquier búsqueda tiene respuesta adecuada, ni cualquier respuesta es aceptable para quien está poseído por el mal y ha perdido la esperanza de encontrar. Se requiere una ‘verdadera autoridad’ para expulsar demonios y abrir caminos a la esperanza de salvación. Dos veces aplica el evangelio a Jesús el término ‘autoridad’; ciertamente no es la de los letrados y los incoherentes fariseos. La gente que busca y rodea a Jesús ve en él algo nuevo: su autoridad libera, sana, deja que la vida fluya, construye seguridad e irradia alegre esperanza. La gente queda asombrada con lo que ve, y proclama que la autoridad de Jesús es para servir sanando; solamente así el mal retrocede con su ¡cállate y sal de él!

 

La falta de ‘autoridad’ es una de las grandes pérdidas de/en nuestro tiempo. Todos los días nos preguntan, de diferentes modos, con qué autoridad decimos lo que decimos y hacemos lo que hacemos. El hijo pregunta al padre, la esposa al esposo, el discípulo al maestro, el ciudadano al gobernante, el trabajador al líder, el feligrés al sacerdote, el peregrino al obispo y viceversa. Sería un buen ejercicio de democracia que el ciudadano preguntara al candidato con qué autoridad dice lo que dice, promete lo que promete, aspira a lo que aspira.

 

 

 

El evangelio de este domingo nos alcanza a todos al mostrarnos el verdadero sentido de toda autoridad: servir a/en la verdad, liberar, crear esperanza, generar vida, tender puentes, armonizar voluntades. La verdadera autoridad viene siempre de lo que uno es, del bien que uno ha incorporado a su vida. La autoridad es una armoniosa mezcla de la vida y de la inteligencia de la vida; del Evangelio vivido y del Evangelio entendido con la cabeza y el corazón.

 

En el relato de Marcos sorprende a los reunidos que Jesús “enseña con autoridad”. La autoridad de la coherencia de vida y la autoridad del amor hacen enmudecer a los espíritus inmundos y asombran a la gente. En cambio, la falta de autoridad del testimonio y de la coherencia evangélica nos impide expulsar muchos demonios y hacer la verdad en medio de la mentira o de la corrupción. ¿En qué lado estamos? ¿Dónde está la autoridad?

 

Los abrazo y los bendigo, no sé si con autoridad.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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1 de febrero de 2015  ©Diócesis de Zacatecas