VACACIONES Y VOCACIONES

15º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

 

“Envió a los discípulos de dos en dos”

Marcos 6, 7-13

 

 El mes de julio se caracteriza por ser tiempo de vacaciones y tiempo intenso para quienes deben discernir si Dios les llama a servir como consagrados en la construcción del Reino de Dios. Hablamos de vacacionistas y vocacionados que se preparan para responder a un llamado para una misión especial en la vida.

 

Quisiera saber qué contiene la maleta de cada uno. Seguramente habrá lo necesario... El que va de vacaciones lleva lo suyo y, ¿quién va a una experiencia vocacional?  No necesita de tantas cosas. Me encanta ver a jóvenes que traen su morral lleno de ilusiones, dudas, expectativas y mucha, mucha fe. No se necesita más… Con el tiempo lo irán llenando de la confianza indispensable en Aquel que los llama e invita a la misión.

 

El relato de Marcos que escuchamos habla de vocación a la misión. Jesús reúne a un grupo especial de discípulos, los enseña y envía de dos en dos a la misión. Las instrucciones son de una radicalidad que pudiera espantar a más de uno de los llamados en el siglo XXI. Nada de poner la confianza en las propias provisiones, de llenarse de cosas para ir bien protegidos y ‘asegurados’ ante cualquier contingencia.

 

 La fuerza de la misión está en Dios quien envía y en la Palabra que porta el discípulo apóstol. La vocación y la misión son cuestión de fe-confianza-compromiso. Se trata de creer, escuchar, acoger y obedecer a la Palabra. Quienes así se comporten encontrarán apoyo en aquellos que creen y aceptan el Evangelio.

 

El que es llamado y enviado debe cultivar ciertas virtudes: confianza total en Dios (sin provisiones), sobriedad (no alforja, ni dinero), disponibilidad (sandalias), autoridad  (bastón). El estilo del misionero debe parecerse cada día más al de su Maestro. La posibilidad del rechazo va incluida en el inventario de la maleta del discípulo.

 

A veces pensamos que el anuncio del Evangelio toca a otros, a los ‘profesionales’. Cada bautizado es enviado/misionero. Ir de dos en dos significa que vamos como Iglesia, en comunión de intenciones y de planes. El destino de la misión es la realidad y el entorno de la vida. Allí, sin imaginar cosas raras, somos invitados a proclamar la conversión, expulsar demonios y curar enfermos. Los discípulos misioneros no inventan su misión, sólo deben continuar lo realizado por el Señor.

 

El discípulo del siglo XXI está llamado a dar razón de los valores evangélicos que lo mueven, del apoyo incondicional del Señor y de la esperanza que nos anima, alegra y fortalece. Encontraremos nuevos ‘espíritus inmundos’ que andan sueltos y se resisten a la conversión. Sería bueno que los  identificáramos bien, los del tiempo de vacaciones y los que andan merodeando  como heridas que no han cicatrizado después del día de las elecciones.

 

Se vale imaginar en vacaciones (y todos los días) a los bautizados, de dos en dos, sembrando Evangelio, trabajando por la reconciliación y la paz.

 

Con afecto de enviado bendigo sus ires y venires.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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12 de julio de 2018  ©Diócesis de Zacatecas