OTRO ROSTRO DEL AMOR

16º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

 

Hace un poco más de un año tuve la experiencia de compartir varias horas con el Dalai Lama, premio Nobel de la paz, en su visita a Zacatecas. Personajes de este calibre causan curiosidad e invitan a conocer otras formas de ser y de ver al mundo convulsionado en que vivimos. Entre otros temas me cautivó uno en especial: la compasión. Maestro, ¿qué es la compasión?, le pregunté con especial atención. Para la gente de occidente –contestó- es muy importante definir algo; para nosotros, gente de cultura oriental, tiene más sentido contemplar, con los ojos del espíritu, el interior de las personas y acontecimientos. Compasión, compasión, compasión (es) compasión, repitió, esbozando una sonrisa serena y mirando a las personas con sus pequeños ojos orientales.

 

He recordado este pasaje de la vida al ‘contemplar’ a Jesús este domingo en el que invita a sus discípulos al reposo y al silencio. Efectivamente, es en el silencio y en la soledad donde se aprenden caminos de encuentro con Dios y con el prójimo que no proporcionan ni las aulas ni los libros. Hay susurros, caricias y brisa de Dios que sólo se perciben cuando uno se retira y ‘aguanta’ el silencio y la soledad. Hay lecciones que Dios sólo imparte en la paz  y en la tranquilidad.

 

Silencio, reposo, soledad, interioridad, compasión, van de la mano y apuntan directamente al corazón de la vida. Es lo que Jesús hace hoy: “Vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos porque andaban como ovejas sin pastor”. Jesús habla de frutos, no de resultados inmediatos y a la carta. Los frutos quedan dentro de la persona y abonan el corazón para que mire con compasión. Los resultados quedan fuera de la persona y no necesariamente se traducen en mirada compasiva.

 

Cuando Jesús acciona la compasión todo cambia; hay conversión del corazón. Si la gente que lo seguía buscaba resultados visibles en sus hambres de salud y seguridad, va a tener los frutos de la paz, la esperanza  y la alegría. Ya no andarán como ovejas sin pastor, ni el pastor andará sin ovejas. Hermosa lección. Vio, se compadeció y les enseñó muchas cosas para la vida en el tiempo y en la eternidad.

 

No quiero caer en la tentación de buscar definir la compasión en el siglo XXI. Compasión, compasión, compasión… Simplemente miremos como Jesús nos mira, compadezcámonos como Jesús se compadece de nosotros, actuemos la compasión como Jesús que hace producir frutos en abundancia en cualquier circunstancia de la vida. Puede ser el rostro del amor sereno, silencioso, pacífico, generoso, entrañable, que requiere nuestro mundo tan ruidoso, materializado y desmoralizado.

 

Los bendigo desde el avión en vuelo hacia Chicago para encontrarme con ovejas zacatecanas y de otras latitudes. Espero que mi corazón sea compasivo con todos.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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19 de Julio de 2015  ©Diócesis de Zacatecas