EL TESORO DE LA VIUDA

32º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

 

La mujer del Evangelio dominical parece doblemente pobre. Una, por ser mujer y, en aquel tiempo, ¡Dios guarde la hora ser mujer! Otra, por ser viuda y no tener ya la protección del marido... Pero las apariencias engañan, las tradiciones pueden pervertirse, la visión de la vida puede torcerse. Así se forman los prejuicios que corrompen  la verdad y dificultan tremendamente las relaciones humanas y la convivencia social.

 

Hace quince días fue Bartimeo quien tuvo a su favor el ‘oído’ de Jesús. Hoy es esta mujer -sin nombre- quien tuvo la dicha de la mirada de Jesús.  La fe de Bartimeo le hace ponerse en el camino de Jesús y su vida da un giro completo como de la noche al día, de la oscuridad a la luz.  La fe de la viuda  acontece en otra circunstancia. Ella no habla, hace su buena obra en silencio, como los pobres de espíritu, sin estridencias, confiada totalmente en su abandono en Dios. No necesita más. Sucede otro milagro: Jesús ve lo que hay en su intención. Ese tesoro sí que vale la pena.

 

El Evangelio de hoy tiene dos partes bien diferenciadas: la primera es una dura crítica a la actitud de los hipócritas que tuercen sus intenciones. La segunda es la alabanza que Jesús hace a nuestra viuda por su entrega total. No es cuestión de ricos y pobres.  La misión de Jesús   -a quien evoca la actitud de la viuda- es “para que todos tengan vida”,  en aquel tiempo y en el nuestro posmoderno.

 

Lo que Jesús critica es un modo de vida en el que la persona se hace centro de sí misma, y todos (y todo) deben girar a su rededor. Este modo de vida no es exclusivo de los ricos. Existen personas -de cualquier condición social- que buscan reflectores, aplausos, que quieren ser imprescindibles; las apariencias son su estilo de vida…  En cambio, Jesús elogia la limosna de una viuda que entrega “todo lo que tenía para vivir”. Ella se empobrece voluntariamente para que otros tengan. No importa que sea mucho cuantitativamente lo que da. Da y, al dar, se hace más pobre. Esto es lo que no pasa desapercibido para Dios. En lo que da, se da, entrega su vida, imita la actitud sacerdotal de Jesús. 

 

¡Qué lección para nosotros buscadores de otros tesoros!  La decisión de la Corte acerca del consumo y producción de la mariguana  me suena a lo opuesto que ha hecho la viuda. Su argumentación es totalmente individualista. Si el liberalismo económico es atroz y mata pobres, el permisivismo individualista matará conciencias y, a la larga, la posibilidad de salir de nuestras corrupciones, también la de la muerte.

 

Aprendamos de la viuda que la felicidad está en darse y ‘dar todo lo que tenemos para vivir’. Aprendamos la mirada de Jesús que es capaz de traspasar los corazones donde se ‘tejen’ las intenciones de lo que hacemos.

 

Gracias, viuda, por darnos el tesoro de tu testimonio. Nos animas a vivir entregando la vida en el secreto de cada día. Nada pasa desapercibido para Dios.

 

Los bendigo desde Los Mochis y el DF.

 

+Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas.

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32  de noviembre de 2015  ©Diócesis de Zacatecas