EVALUACIÓN SEMESTRAL

24o. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

 

Hace dos semanas fui a Fresnillo a platicar con padres/madres de familia de alumnos de primer ingreso en una Universidad pública. El tema no podía ser otro que su debut como padres/madres de un hijo universitario. Platicamos acerca de los retos del nuevo año escolar como educadores en tiempos de cambio de valores morales. En algún momento saltó el tema de una posible evaluación como padres al terminar el semestre. ¿Quién lo hará? ¿Qué indicadores tomar en cuenta?  Está claro, sugerí, que ustedes  y los maestros van a evaluar a sus hijos en el corto plazo; la sociedad del presente y del futuro, tarde o temprano, verá los frutos de su corresponsabilidad.

 

La sesión me pareció interesante, aleccionadora, motivadora, comprometedora. El desafío de la evaluación ronda en todos los ambientes, privados y públicos, escuelas y fábricas, iglesias y equipos deportivos... En todas partes y con carácter de necesidad. La evaluación es para ayudarnos a crecer como personas, familia, grupo, equipo, iglesias… No tiene el carácter apocalíptico de ciertos exámenes que se aplicaban para 'aplacar' a los examinados. Somos conscientes que la evaluación integral es parte de toda educación.

 

En el Evangelio de hoy Jesús evalúa a sus discípulos, en especial al jefe del grupo. La confesión de Pedro me parece un momento fantástico en el proceso educativo  que realiza Jesús con sus discípulos. Se trata de 'medir' el crecimiento/aprovechamiento de quienes serán pilares en su Iglesia. El tema a evaluar es la fe/seguimiento de los más cercanos; es una prueba de confianza-compromiso en el plan de Dios.

 

El modo de hacerlo tiene una dinámica especial. Jesús 'entra' progresivamente en el tema: “Quién soy yo”, es decir, su identidad. Comienza desde lejos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”, hasta llegar al posicionamiento personal: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” La respuesta de Pedro es correcta pero no tiene consistencia; la sabe 'de machete' pero no termina de aceptar/asimilar sus implicaciones.

 

Sabemos lo que sigue después de la evaluación. Pedro mejorará notablemente en el conocimiento/amor a su Maestro, será humilde y estará abierto a aceptar el plan de Dios que implica que el Mesías sea condenado, rechazado, crucificado y que resucite al tercer día. El camino de la fe no se aprende en un primer semestre; es camino a recorrer durante toda la vida y más allá de esta vida.

 

Los cristianos necesitamos ser evaluados en el transcurso del camino de la vida; si lo dejamos hasta el juicio (evaluación) final corremos el riesgo de no tener oportunidad de exámenes extraordinarios. Sostener esta convicción debe comprometernos en la excelencia; ésta, en cristiano, se llama santidad. Creemos que la salvación final es gracia de Dios, padre misericordioso.  Pero no debemos olvidar que sin entregarse no se gana buena calificación, sin cargar con la cruz no se llega bien librado al final. Nadie se va de este mundo sin llevar una cruz. De nosotros depende si la llevamos con dignidad, a regañadientes, o, de plano, la tiramos en las cunetas de la vida.

 

Los bendigo con la señal de la cruz.

¡Santas fiestas patrias!

 

+         Sigifredo

Obispo de /en Zacatecas

@signorbar
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • YouTube Social  Icon
  • Instagram Social Icon

13 de septiembre de 2015  ©Diócesis de Zacatecas