NO PIDAS EXPLICACIONES AL AMOR

Cuarto Domingo de Adviento. Ciclo C

 

Navidad está a la puerta. A estas alturas del mes, la mayor parte de nuestra gente vuelve a casa, ahí donde nació, donde aprendió las primeras lecciones de vida y de amor. Cómo disfruto mirar a las personas que regresan a la familia primera, al terruño, a la familia ampliada por los lazos del regalo de la vecindad. Cómo me conduelo con las personas que regresan a casa y ya no encuentran a los primeros seres amados.

 

Hoy encendemos la cuarta vela de Adviento. Parece ser que todo está preparado para recibir al que ha de venir y a quienes nos acompañan o acompañamos estos días. Con más luces encendidas, el fuego misterioso de la Navidad nos calienta por dentro y nos alienta a volver a nuestros orígenes con especial gratitud, desbordante alegría y serena esperanza. Todo es para mirar confiadamente el presente que, con la Natividad de Jesús, se llena de infinitas posibilidades de vida.

 

Este domingo me impresiona la pregunta-expresión de Isabel: “¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?”. Hay un encuentro en la cumbre, es único, ya no se volverá a repetirse. Dos mamás gestantes, próximas a dar a luz. María e Isabel están cara a cara con el fruto de su vientre queriendo tomar parte en la desbordante conversación. De las futuras mamás se dirá que son dichosas y benditas. De sus hijos, de uno se dirá que es el Hijo de Dios, el Hombre perfecto; del otro, Jesús mismo dirá que nadie nacido de mujer es más grande que él. Se acaba un tiempo, lo antiguo; comienza lo nuevo, la plenitud de los tiempos.

 

De las dos madres del pasaje evangélico aprendemos grandes lecciones de vida. De María, que no ‘para’ de seguir visitando, hemos meditado en días pasados. Hoy miro a Isabel, la mujer visitada. Todo lo que hay en ella lo expresa con su pregunta “¿quién soy yo...?” A Isabel no le interesa, de momento, su identidad; más bien se admira de lo que está presenciando. La palabra inicial da todo el sentido: ¿Pero quién soy yo? ¿Pero cómo es posible que a mí se me regale lo que se me está regalando?  Isabel se siente pequeña, sencilla, humilde, una mujer del pueblo. No se puede imaginar que Dios la visite en la persona de su prima, que Dios se acuerde de ella, que entre a su casa, es más, que se ponga a su servicio.

 

¿Pero quién soy yo, quiénes somos, para que nos des tanto, para que nos sigas mostrando tu amor paciente y misericordioso?, nos seguimos preguntando en esta Navidad. No sé lo que pasa por tu mente y tu corazón estos días. Sólo sé que sí importas a Dios y Dios viene a ti porque te ama. No pidas explicaciones al amor. El que ama, ama porque sí. Sólo admírate como Isabel: “Pero, ¿quién soy yo…?”

 

Con Isabel y con María, con María y con Isabel puedes tener por seguro que estarás en buena compañía para preparar la venida del Señor.

 

Te bendigo con melodiosa alegría.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

@signorbar
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • YouTube Social  Icon
  • Instagram Social Icon

13  de diciembre de 2015  ©Diócesis de Zacatecas