VOCACIÓN Y VACACIONES

15º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

 

Es tiempo de ‘hacer maletas’. Pienso en los vacacionistas y en los que tienen que salir de casa porque han tomado una decisión muy importante: obedecer el llamado recibido del Señor Jesús para servir en la construcción del Reino de Dios en el mundo.

 

Quisiera saber qué contiene cada maleta, la del vacacionista y la del vocacionista. Recuerdo cuando me iniciaba como seminarista. Para vacacionar en casa y en mi pueblo llevaba, en el maletín, la ropa desgastada y unos cuantos accesorios... Antes de salir a vacaciones,  íbamos a campos misión, cada año a un lugar diferente. Me recuerdo cargado de papeles y ‘cosas’ que creía necesarias para anunciar a Jesús. En ese tiempo sí me eran necesarias porque tenía menos consistencia en mí mismo, había meditado menos la Palabra y mis miedos eran más grandes que mi confianza en el Señor. Miro hacia atrás y agradezco a Dios el aprendizaje de discípulo, en vacaciones y en las misiones.

 

En la sencillez del relato de Marcos, Jesús reúne a un grupo especial de discípulos, los prepara y los envía, de dos en dos, a la misión. Las instrucciones que les da son de una radicalidad que pudiera espantar a más de uno de los llamados en el siglo XXI. Nada de poner la confianza en los medios y en las propias provisiones; nada de pertrecharse de cosas para ir bien protegidos y ‘asegurados’ ante cualquier contingencia.

 

 La fuerza de la misión está en Dios quien envía y en la Palabra que porta el discípulo apóstol. La vocación y la misión son cuestión de fe-confianza-compromiso. Lo de Dios depende también de aquellos que acogen la Palabra. Los predicadores de la palabra encontrarán siempre apoyo en aquellos que creen y aceptan el Evangelio.

 

El que es llamado y enviado debe cultivar ciertas virtudes: confianza total en Dios (sin provisiones), sobriedad (no alforja, ni dinero), disponibilidad (sandalias), autoridad  (bastón). El estilo del misionero debe parecerse cada día más al de su Maestro. La posibilidad del rechazo va incluida en el inventario de la maleta del discípulo.

 

A veces pensamos que el anuncio del Evangelio toca a otros, a los ‘profesionales’. Cada bautizado es enviado. Ir de dos en dos significa que vamos como Iglesia, en comunión de intenciones. El destino de la misión es la realidad y el entorno de su vida. Allí, sin imaginar cosas raras, somos invitados a proclamar la conversión, expulsar demonios y curar enfermos. Los discípulos misioneros no inventan su misión, sólo deben continuar lo realizado por el Señor.

 

 Enviados modelo 2015. ¿Qué ‘espíritus inmundos’ enrarecen la atmósfera que respiramos? Hay tantos y andan sueltos: corrupción, relativismo, cansancio de ser cristianos, indiferencia, consumismo, dinero fácil… El discípulo del siglo XXI está llamado a dar razón de los valores evangélicos que lo mueven, del apoyo incondicional del Señor y de la esperanza que nos anima, alegra y fortalece.

 

Se vale imaginar en vacaciones (y todos los días) a los bautizados, de dos en dos, sembrando Evangelio, trabajando por la paz.

 

Con afecto de enviado bendigo sus ires y venires.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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7 de diciembre de 2015  ©Diócesis de Zacatecas