CONECTIVIDAD AL ESTILO JESÚS

5to. Domingo de Pascua. Ciclo B

 

Quizás el título no cuadre... Pudiera oírse mejor: Jesús quiere contactos, busca amigos... Hago combinaciones y no terminan de llenarme, pero… Vid, ramas, frutos, por una parte; conexión, contactos, comunicación, por otra. El mundo del Viviente, inmortal y glorioso; el mundo de los vivientes en el siglo veintiuno, mortales que buscan glorias.

 

Después de la imagen del Buen Pastor, el Resucitado se revela este domingo con la imagen de la vid: Yo soy la verdadera vid. En un ambiente de confidencias con los suyos, Jesús habla del amor mejor conectado de todos: “El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer”. Esta relación no se puede adulterar,  ni desconectar, porque no habría frutos.

 

¿Cuál es el secreto para mantener viva -para no traicionar, ni adulterar- esta comunión? Sólo hay un modo: permanecer en Jesús, quien es la verdadera Vid. Siete veces se repite el verbo 'permanecer' en el texto de hoy. Para explicar lo que quiere decir, Jesús acude a una imagen: la unión (comunión, conexión) que existe entre la vid, los sarmientos y los frutos. La vid es el Resucitado, el Viviente; los sarmientos somos nosotros discípulos; el fruto de los frutos es la cadena de amor que genera millones de racimos de amor. 

 

Hace dos años escuché decir a un maestro de informática que la economía de nuestro tiempo se mueve por/en conexiones: asociaciones, alianzas, corporativos... La conectividad y el estar a todas horas conectados nos identifican como habitantes del siglo veintiuno. Cuando pensamos hoy en cómo estamos unidos y conectados a otras personas, descubrimos muchas formas de conexión: teléfono, celular, medios de comunicación, nuevas tecnologías... También nos unen corrientes ideológicas, proyectos, preocupaciones, compromisos, aficiones... Tenemos necesidad de buscar puntos de conexión con otras personas. Esta necesidad de 'unión' con otros revela nuestra soledad e indigencia, el llamado a ser fecundos, a dar frutos. Necesitamos estar unidos a alguien para llegar realmente a ser alguien.

 

La experiencia humana de buscar conexiones nos da cierta seguridad, pero no modifica nuestro corazón. Cuando Jesús compara la relación que se establece entre Él y los suyos invita a la conversión, a dejar que su amor transforme totalmente a la persona: de criaturas a hijos, de siervos a amigos. La unión con Él pide un cambio, un manera nueva de existir y de relacionarse. La vida no es pegarse o 'arrejuntarse' a otro sino dejar que lo mejor del otro circule por nosotros mismos. Si Dios es amor, la vida de Dios en nosotros nos hace hijos, hermanos, herederos de su gloria. Es lo que hemos llamado el fascinante mundo de la Gracia.

 

Conectividad al estilo Jesús es encuentro, comunión, fecundidad. Es nuestra fe pascual. Todo inicia en el bautismo y culmina en la mesa por excelencia de la comunión: la Eucaristía: Dichosos los invitados este domingo y todos los días.

 

Con la bendición del amor de Dios.

         +Sigifredo

   Obispo de/en. Zacatecas.

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 mayo de 2015  ©Diócesis de Zacatecas