QUINCE DÍAS DESPUÉS

III Domingo de Pascua. Ciclo B

La vivencia y convivencia de la segunda semana de Pascua me ha sonado a Cristo Vivo y Viviente, quince días después del Gran Domingo. Los jóvenes coordinadores de la Pastoral Juvenil en nuestro México actual (tan conflictuado, tan necesitado de confianza, participación y esperanza) han ayudado a rejuvenecer y revitalizar a los obispos de todas las periferias del país.

 

Fascinar, escuchar, discernir, convertir, han sido verbos conjugados en todos los modos y tiempos de las realidades juveniles, buenas y malas, esperanzadoras y frustrantes. A su vez, la  conjugación de estos verbos ha dado pie a otros que nos ponen en movimiento hacia la civilización del amor que brota del Resucitado: redescubrir, compartir, anunciar, revitalizar. ¿No es ésta la oferta del Señor Resucitado hecha fruto ya en rostros de adolescentes soñadores y jóvenes comprometidos en su Iglesia para esta sociedad que vive temerosa, desconfiada, a la defensiva? Quince días después resuena el Evangelio de la Vida convirtiendo el agua en vino y los miedos en esperanza. Muchas gracias, muchachos/as, netamente pascuales.

 

El viernes por la mañana -quince días después del Viernes Santo- los jóvenes participantes nos regalaron estas palabras comprometedoras: "Queremos agradecerles toda esta semana que han compartido con nosotros, donde hemos sido testigos de su alegría, de su fraternidad, de su espontaneidad y de su frescura. Hemos encontrado en ustedes el rostro joven de Cristo que vive entre nosotros". Escuchar emocionado estas palabras salidas de corazones jóvenes (nuevecitos porque se han dejado fascinar por Cristo) nos comprometen a ser rostro siempre rejuvenecido de/por Cristo. ¿No es esto la Vida Nueva que el Resucitado nos da a manos llenas? Ahora me quedé pensando en los sustantivos: alegría, fraternidad, espontaneidad, frescura, confianza, apertura..., el rostro joven de Cristo. Es el lenguaje de la esperanza, fruto de la fe en el Viviente.

 

Lo primero que viven los que fueron discípulos cercanos a Jesús en los relatos de las apariciones del Resucitado es miedo, incredulidad, dificultad para admitir que Jesús esté Vivo. Todo esto aparece en el Evangelio de este domingo pascual. Aceptar a Jesús Resucitado no es algo lógico, es un acto de fe y la fe exige una respuesta personal y comprometida. Nuestros adolescentes y jóvenes se alejan de Dios no porque son malos; quizás es porque no alcanzan a ver el rostro joven de Dios y se 'agitan' en sus miedos y dudas. Dios no se nos revela de golpe. Dios es un Dios de historia que transforma las historias de cualquier persona. Los jóvenes -con sus 'incredulidades'- son capaces de creer cuando hay alguien que los acompaña en el complicado y, al mismo tiempo, fascinante camino de sus búsquedas. Me los imagino como los discípulos de Emaús, de ida y de regreso.

 

Con enorme alegría pascual los bendigo.

 

 + Sigifredo

    Obispo de/en Zacatecas

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19  de mayo de 2015  ©Diócesis de Zacatecas