VENTAS Y GANANCIAS

28º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

“Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos”, dice Jesús a aquel joven rico y a nosotros, los jóvenes ricos del siglo XXI.  Parece ser una invitación a hacer el mejor negocio de la vida para  ganar ganar. Me imagino a Jesús frente a frente con aquel muchacho, sus gestos, sus argumentos, su garantía; también, haciendo lo mismo  con los discípulos, modelo 2015.

 

Es de admirar la sinceridad del joven rico que busca algo más que ‘cosas’; es cumplidor de la ley, es buena persona. Pero hay dentro de él una insatisfacción, unas ganas enormes de ‘otra cosa’.  Es lo mismo que experimentan tantas personas que sienten un vacío interior, quieren hacer ‘algo más’…  y se hacen inquietos buscadores.

 

Aquel joven busca caminos para trascender, para asegurarse la eternidad. Se pone en marcha, no se queda de brazos cruzados. Hasta aquí todo es perfecto; no hay duda de que busca sinceramente la verdad, lo que el buen corazón le dicta. Es cuando acude a Jesús donde puede encontrar la respuesta.

 

Jesús sitúa al joven ante su propia verdad: “Te falta dar un paso. Deja todo lo que tienes, véndelo, sígueme”.  No fue suficiente la mirada de Jesús, ni la voz interior, ni la promesa del tesoro en el cielo, ni la invitación a seguirlo.  Pesó más lo que tenía. Como tantos discípulos de nuestro tiempo, no llegó a ser lo que podía llegar a ser, se quedó en sus miedos, en su zona de confort, en sus seguridades, en su tierra conocida.  ¿Eso es la felicidad?

 

Tanto para aquel discípulo como para nosotros, es difícil aceptar el ofrecimiento de la ganancia del tesoro en el cielo a ese tremendo costo. “Entonces, ¿quién puede salvarse?”, seguimos preguntando angustiados. La respuesta de Jesús sigue siendo contundentemente clara: “Para Dios todo es posible”.   “Pasar por el ojo de una aguja”  significa poner la confianza en Dios, tener el ‘espíritu de sabiduría’ (cfr. primera lectura). Nosotros, habitantes del siglo XXI, somos muy dados a calcular costo-beneficio en nuestras decisiones. La invitación del Señor es para pensarse. 

 

Dichosos los invitados a/en esta hora de la historia. Jesús quiere a su lado seguidores que no estén divididos en sus fidelidades. Jesús quiere discípulos que le apuesten únicamente al amor al Reino de los cielos. No se llega a la perfección, a la felicidad, haciendo lo que yo quiero, sino entrando en el proyecto de amor que Dios dibuja para cada uno de nosotros. Antes de nosotros elegir algo, Dios nos elige, nos mira con ‘amor eterno’.  Creerlo, aceptarlo y vivirlo es el mejor antídoto contra el ‘me da miedo’, ‘¿qué me  puede pasar?’, ‘¿y si fracaso?’, ‘es que solo no me atrevo’.   

 

No estamos solos cuando hemos sido mirados y elegidos por Dios. Su amor  -si lo aceptamos y nos abandonamos en su misericordia-  tiene el potencial divino para vencer todos los miedos.

 

Seguimos orando por todas las familias, espacios de la ternura de Dios.

Los bendigo en su nombre.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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11 de octubre de 2015  ©Diócesis de Zacatecas