UNA MIRADA HACIA EL CIELO

Solemnidad de todos los Santos

 

¡Es domingo, día uno de noviembre! Lo primero que viene a mi vasta imaginación es la ‘gente’ que sale todos los días a buscar la vida. Se levanta, observa, sale, mira el suelo y, quizás, alce un poco la vista hacia el horizonte inmediato: vivir este día, un día a la vez, solventar las necesidades propias y las de la familia para ‘salir adelante’. En estas prisas y apuros, ¿quedará tiempo para pensar en ‘ser santos’?  Es más, ¿interesa el tema?

 

No somos distraídos, mucho menos, malos. Alguna chispa de santa y divina bondad, temporal y eterna,  aparece cuando nos deseamos ‘buenos días’, ‘que te vaya bien’, ‘Dios te bendiga’, ‘cuídate’… No hay día en que no pensemos más allá del presente de la vida, de esta vida.  Quizás, por el momento, nos urja responder a necesidades inmediatas; quizás no falten instantes de evasión, de querer ‘irla llevando’, del ‘hay nomás’...  Sin embargo está presente, consciente o inconscientemente, el anhelo de trascender. Buscamos dar sentido a cada detalle en nuestro peregrinar; por eso buscamos el ser buenos para estar en paz, para ser felices.

 

La solemnidad de todos los Santos –hoy cae en domingo- es un largo y bello canto de reconocimiento, admiración y gratitud a nuestra gente que se ha levantado en la vida, luchado, creído, amado, esperado; ha pisado la tierra, la ha regado y cultivado sin dejar de mirar hacia el cielo; ha abierto su corazón, alargado sus brazos samaritanos y decidido salir al encuentro del prójimo y, desde luego, de Dios Amor.  “Vi una muchedumbre tan grande, dice el apóstol vidente Juan, que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas”. Seguramente, en esos 144,000 (12x12+1000) hay familiares, amigos, compañeros de viaje, vecinos…  ¡Y los que faltan!

 

“Veremos a Dios tal cual es”, sigue diciendo el apóstol profeta.  Es nuestra esperanza.  Mañana conmemoramos a todos los Fieles Difuntos; sus restos mortales permanecen en la tierra, su alma con Dios. La visión de Dios es nuestra esperanza, el Buen Fin de todas las gracias, inspiraciones, luchas, agobios, fatigas, sueños, deseos, anhelos, gozos.

 

“Dichosos los…”  El Evangelio de este domingo habla de otra felicidad, muy distinta a la que ordinariamente buscamos en esta vida.  No sé si la felicidad eterna es la meta de muchos cristianos del siglo XXI. Lo que sí sé es que Dios nos quiere santos y que nos invita a “ser santos como santo es el Padre celestial”.   Hablar de felicidad en el tiempo y en el cielo es hablar de santidad.  Que en el recuerdo de todos los Santos descubramos la dicha  que contienen las bienaventuranzas.

 

¿Cuál es/sería el perfil del santo del siglo XXI?  No es diferente al perfil de los Santos de ayer. Cambiarán los contextos, con sus oportunidades y amenazas, pero Dios Amor es el mismo.  Quizás (vuelvo al quizás) el deseo de ser santo no está en las aspiraciones del creyente del siglo XXI. Pero, ¿vale la pena ser cristiano hoy sin abandonarnos al amor de Dios que nos hace santos?

 

Con mi bendición y afecto.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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01 de noviembre de 2015  ©Diócesis de Zacatecas