ESPERANZA CRISTIANA Y ESPERAS

Primer Domingo de Adviento. Inicia Ciclo C

 

Cristianos católicos, ¡a sus marcas!, podemos gritar como profetas del siglo XXI. No estoy seguro si todavía hay gente que le interese y ponga atención al llamado; o si comprenda la urgencia y acepte lo maravilloso que anuncia esta invitación con tono deportivo.  Lo cierto es que todo ser humano espera algo (o a alguien) al luchar cada día por ‘salir adelante’.

 

Iniciamos un nuevo ciclo en la liturgia católica. Toda liturgia es celebración, aquí y ahora, del misterio pascual de Cristo. Toda celebración de fe (no mera ceremonia) hace presente la salvación que Cristo nos ha conseguido al morir y resucitar por nosotros. La salvación es la respuesta amorosa de Dios a los anhelos más profundos que anida el corazón humano desde la creación del mundo. Para nosotros empieza en el tiempo y culmina más allá del tiempo.

 

Organizamos la vida y sus fiestas en ciclos. Han tenido que pasar siglos para ponernos de acuerdo en la forma de medir el tiempo. En la liturgia católica el ciclo inicia con el tiempo de Adviento-Navidad y culmina en la Cuaresma-Pascua que se prolonga todo el año y abraza  toda la vida. Durante el ciclo hacemos memoria –como el Señor nos lo ha mandado-  de los misterios de nuestra salvación, desde la preparación a su nacimiento hasta su Pascua que remite a su última venida (Parusía). La liturgia es la vida de Dios en nuestra vida, desde que nacemos hasta que morimos a este mundo.

 

El eje-motor que mueve la vida de cualquier persona es la esperanza de alcanzar lo que anhelamos y disfrutar el cumplimiento de las promesas, los deseos y los sueños. No es lo mismo  espera (lo que llega gracias al esfuerzo humano), que esperanza (lo que viene nos sobrepasa humanamente).  No hay que olvidar que la esperanza cristiana es un don de Dios que pasa a través de genuinas esperas humanas que se van  concretando en el tiempo; a veces, en tiempos fuertes; la mayor parte, en tiempos ordinarios.   

 

En el siglo que vivimos pareciera que la desesperanza ocupa cada vez más espacios en el trajín de cada día. Tendemos a vivir ‘al día’; sólo cuenta el presente con sus cosas desechables. Los miedos hacia el futuro, el sufrimiento y a establecer límites éticos y morales son evidentes. Quizás a esto se deba el pavor a los compromisos definitivos.  La persona que espera de verdad tiene confianza en el cumplimiento de las promesas de Dios.

 

El tiempo litúrgico de Adviento es una oportunidad exquisita para afinar, alimentar y activar la esperanza cristiana. La insistencia de la Palabra del primer domingo es la espera y la atención. Estar atentos es la actitud del que espera. Y el saber esperar nos vuelve atentos. Se trata de esperar al Señor con atención. De Dios sólo podemos esperar buenas noticias. Dios siempre es salvación.

 

Que al encender la primera vela de la corona de Adviento nos comprometamos a vivir  la esperanza en sus esperas de cada día. “Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”, respondemos hoy a la Palabra de salvación.

 

Los bendigo con esperanza.

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

@signorbar
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • YouTube Social  Icon
  • Instagram Social Icon

29 de noviembre de 2015  ©Diócesis de Zacatecas