OCHO DÍAS DESPUÉS

II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

 

“Ocho días después” habla de tiempo y de tiempos. Antes decíamos circunstancias, hoy contextos, es decir, el tiempo bien o mal acompañado, en la vida situada (¿sitiada?). No podemos sustraernos al tiempo y a los tiempos, a las circunstancias o a los contextos. Nuestra vida transcurre, corre, es vivida, afirmada, negada, dignificada, pisoteada…, en el tiempo y sus contextos.

 

“Ocho días después” habla también de Cristo Resucitado que vive y actúa en el tiempo: al amanecer, muy temprano, al atardecer, en la noche, de nuevo, ocho días, después…  La misericordia de Dios es eterna, aleluya, aleluya, es nuestra respuesta el segundo domingo de Pascua.  Pero la misericordia eterna de Dios se manifiesta, ‘se hace’, trabaja en el tiempo de las personas, las comunidades, el mundo. Se hace gracia, don, oportunidad en contextos históricos, sociales, culturales de los peregrinos por la vida.

 

La confesión central de nuestra fe es la Resurrección del Crucificado el primer Viernes Santo de la historia. Jesús vive es el anuncio que la Iglesia proclama, celebra y comparte desde hace dos mil años, en el hoy del “ocho días después”.  La liturgia de los Domingos de Pascua nos irá presentando qué significa que Jesús está vivo en nuestras circunstancias o contextos.

 

En este domingo Jesús Resucitado aparece muy activo atendiendo a los suyos que están “muertos de miedo”. Entra donde ellos se encierran, en sus miedos, en sus escondites. Los saluda con el don de la paz y los miedos dan paso a la confianza, la alegría, el futuro garantizado. El Viviente ha vencido el miedo y por eso es capaz de infundir, transmitir, llenar de paz a los suyos. El saludo/don de la paz del Resucitado sigue actuando ‘ocho días después’ en las celebraciones litúrgicas, en nuestras circunstancias o contextos. La misericordia de Dios es eterna, aleluya, aleluya.

 

El Señor Resucitado se presenta también exhalando aliento, mejor, su aliento, su ánimo, su vida. Es otra imagen que escoge hoy el Evangelio para decirnos quién es el Resucitado: el que tiene tal plenitud de vida que puede hacernos vivir y sacarnos de nuestros miedos con su aliento, con el perdón de los pecados. La misericordia de Dios es eterna, aleluya, aleluya, cantamos.

 

Llama la atención la ausencia de Tomás en el momento de dar aliento. Tomás se queda sin aliento porque rechaza el aliento de las palabras de su comunidad; quiere ser alentado en directo por el Resucitado… El Resucitado dice a todos los Tomases y Tomasas que son dichosos los que se dejan alentar por el aliento de los hermanos; los que creen y descubren al Señor Jesús en el seno de la comunidad reunida;  los que creen a los que creen y en sus palabras y testimonio descubren al Resucitado.

 

Desde entonces el “ocho días después” se ha convertido en el domingo de la comunidad reunida para recibir la paz y el aliento del Señor Resucitado para irradiarlo en todas las circunstancias o contextos de la vida.

 

La paz del Señor esté con ustedes.

 

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas

@signorbar
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • YouTube Social  Icon
  • Instagram Social Icon

11  de mayo de 2015  ©Diócesis de Zacatecas