RAZA REBELDE

14º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

 

A mediados del siglo pasado anduvo de moda la expresión ‘rebelde sin causa’. Quiere decir que había rebeldías con causa justa, comprensibles y aceptables. No recuerdo bien si la rebeldía y las rebeldías se referían a la posición ante causas sociales, familiares, personales, o era  una manera ociosa de sumarse a la corriente del tiempo.

 

 La rebeldía se expresaba en formas y lugares diferentes; iba desde la manera desgarbada de ser, vestir, hablar, cantar, hasta la toma de las armas para defender y afirmar ideales, ideologías, intereses. La protesta era la manera común de decir a los cuatro vientos que no se estaba de acuerdo… Los rebeldes siempre han existido, con causa o sin causa.  Ser rebelde es un riesgo esperado y calculado del hecho de ser libres.

 

La palabra-realidad  de la rebeldía habla de resistencia, desobediencia, hostilidad, indignación, increencia, desconfianza, oposición, toma de posición…, hasta el punto de la sublevación ante personas y/o situaciones tan diversas como la autoridad, la mediocridad, la nada. El diccionario refiere rebeldía a la acción propia del rebelde; rebelión a la acción y efecto de rebelarse. La etimología de rebelde (re-bellum) habla de ‘volver hacer la guerra’. Ser rebelde contiene una buena dosis de violencia.

 

En la Palabra proclamada este domingo Ezequiel habla de pueblo rebelde y  raza rebelde. El sacerdote-profeta recibe la no tan agradable encomienda de guiar al pueblo del destierro en Babilonia a su tierra para reconstruir su identidad y misión de pueblo elegido. No todos le creyeron; es más, lo despreciaron y persiguieron La libertad de la fe obediencia puesta a prueba. ¿Solución? El profeta sabe que la verdad es Dios; no se desanima y continúa cumpliendo su misión a pesar de la cerrazón de sus paisanos.

 

Jesús usa una frase conocida para referirse a sus paisanos y familiares rebeldes: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra”. El evangelista describe en unas cuantas líneas lo que sucede en el interior de los paisanos rebeldes de Jesús: primero se admiran de Él, luego cuestionan su origen (cuatro preguntas sobre su honorabilidad), se desconciertan y lo rechazan. ¿Solución? Aunque Jesús percibió el rechazo y eso imposibilitó que pudiera hacer milagros (excepto la curación de algunos enfermos), no se dio por vencido; así lo indica el Evangelio al decir que “luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos”.

 

No sé si hoy hay más gente rebelde que en aquellos tiempos. El mensaje de este domingo va en la dirección de la rebeldía que puede suscitar la persona y la misión de Jesús y la de su Iglesia. Creer o no creer en Jesús es una gran responsabilidad. Los desafíos de la fe en Él no son muy diferentes a los de aquellos tiempos. En cada época se cuestiona el origen y la honorabilidad de Jesús con los  matices propios del tiempo y la cultura. Quizás hoy la y las rebeldías se expresan en una indiferencia indiferente, ‘líquida’… ¿Cómo es mi fe en Jesús? ¿Estamos comprometidos en su seguimiento?

 

Con mi afecto y bendición con aroma a vacaciones.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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7 de Mayo de 2015  ©Diócesis de Zacatecas