ENTRE ASOMBRADOS Y DESPISTADOS

10º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

 

Vivimos con/entre personas. Así es la vida y la vida no es una ciencia exacta. Es inabarcable el abanico de colores vitales, modos de pensar,  elegir, creer, estar, ser. No sé dónde poner la raya que separa a los cuerdos de los ‘descordados’, a los buenos de los malos y de los mejores. ¿Quién se anima a poner la raya de la normalidad en el ser humano? ¿Dónde empieza la locura y termina lo culturalmente aceptable como ‘normal’? Últimamente hemos acuñado la expresión ‘políticamente correcto’, no sé con qué intenciones.

 

Intento leer y releer lo que hemos provocado que ocurriera las semanas previas al día de las elecciones, por comisión y omisión. No me queda duda de la necesidad de ser responsables en el día de la votación, pero también antes y después. ¿Qué México/Estado/Municipio/Distrito anhelamos? ¿Qué propuestas son viables y le apuestan al bien común y no solamente al ‘interés privado y partidista’? ¿Quién debe encabezar la coordinación de los anhelos y necesidades de la ciudadanía? ¿Quién garantiza el respeto a los derechos humanos, individuales y sociales? ¿Quién vigilará mejor y actualizará las instituciones que nos hemos dado para vivir en paz, con seguridad, en la verdad y la justicia? ¿Quién abonará más para crear condiciones de una vida digna para todos? Es obvio que una sola persona ‘no la hace’; mucho menos un solo ‘partido’.  La sociedad está urgida de la ética política que atañe a todos, políticos, ciudadanos e instituciones.

 

Leo y releo la Palabra del domingo de las elecciones y encuentro que Jesús desconcierta a todos: unos critican de lejos, otros se despistan, otros se involucran.  El evangelista recoge tres reacciones diferentes ante Jesús y su Reino: la de la familia, la de los especialistas de la ley y la de los seguidores. El primer grupo quiere protegerlo pero no lo comprende; el segundo, lo sataniza sin miramientos y lo rechaza; el tercero, no entiende gran cosa, ni son gente de grandes virtudes, lo buscan y están atentos a su mensaje de vida, son un poco locos, se salen de la lógica dominante.

 

Ser familiar de Jesús no implica creer automáticamente en Él; tan es así que lo tachan de loco o de endemoniado. Los maestros de la Ley niegan rotundamente la evidencia y, a la fuerza de Dios, le llaman poder del demonio. Es que Jesús, hijo de Dios, no cabe en  moldes hechos a la medida de ‘lo normal’.

 

 ¿Quiénes son, pues, los que logran entrar en el proceso de la fe y, por tanto, de la vida en plenitud? Los que se abren a la novedad del Espíritu y no tienen miedo en romper las ataduras de ‘lo normal’ (aunque esté casado –por la ley y por la Iglesia- con malas costumbres); de lo culturalmente aceptable (aunque sea el mal con colores y sabores de corrupción); de lo políticamente correcto (aunque implique pactar con el demonio y sus ángeles seductores).

 

“El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. ¿Asombrados? ¿Despistados? ¿Nuevos familiares de Jesús?

 

Con mi afecto y mi bendición.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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7 de agosto de 2015  ©Diócesis de Zacatecas