¡VIVA CRISTO REY!

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo

 

En el trayecto de la vida encontramos y somos encontrados por una multitud de personas. Hay algunas que nos dejan una huella imborrable por su presencia y cercanía, oportunidad y testimonio. Su memoria reaviva sentimientos y afectos, palabras y gestos de especial gratitud y reconocimiento. Son personas que entran, con su amor incondicional, en el centro de nuestro existir porque aportan las riquezas humanas (valores espirituales y morales) que hacen que vivir no sea una aventura ciega sino una oportunidad permanente de bienaventuranza. A muchas les llamamos reyes, príncipes, reinas, princesas, o algún nombre que exprese grandeza y cariño.

 

Al terminar este año litúrgico (ciclo B, año impar) la liturgia de la Iglesia nos propone celebrar a nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Si la liturgia es la celebración diaria -en cada hora e instante- de la salvación redentora de Jesucristo, es comprensible que, al terminar el ciclo litúrgico, nuestro Señor Jesucristo sea contemplado en su trono de gloria al cumplir su misión. 

 

Las palabras centrales del texto evangélico que hoy escuchamos son éstas: “Soy Rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.  En el lenguaje familiar, popular, cariñoso usamos los términos ‘rey’ ‘reina’  para expresar lo máximo que es una persona para nosotros. Es el amor verdadero quien erige y corona como rey o reina a otra persona. Al hacer esto le estamos diciendo que tiene derecho sobre nosotros, nuestra vida y lo que contiene.  Ésta es la verdad más profunda de una relación humana: LA VERDAD DEL/EN EL AMOR.

 

 ¿Cómo saberlo en nuestra relación con Jesucristo, Rey del universo? Muy sencillo: viviendo los valores de su Reino. El reinado de Jesús consiste en inaugurar aquí, como germen y semilla, lo que anhelamos sea el final de toda la historia de la creación: el triunfo del reino de la verdad y de la vida, de la santidad y de la gracia, de la justicia, del amor y de la paz. El reino de Cristo Jesús comienza aquí, pero no es de aquí porque no es como lo que los hombres inventamos. Vivir los valores del reino de Jesús es entrar ya en la eternidad. Es lo que intentamos vivir, con tropiezos y a empujones, durante el año litúrgico que terminamos.

 

Anunciar hoy el Reino de Dios es el gran reto para los cristianos y la gente de buena voluntad. El seguimiento de Jesús debe verse en los valores que sembramos y cultivamos al tejer los hilos que sustentan las relaciones sociales de cada día, desde la familia y las instituciones que nos hemos dado. Solamente así seremos, con Cristo, testigos de la verdad y discípulos suyos creíbles en una sociedad que exige testigos de la verdad del amor, en serio.

 

Señor, tú eres nuestro rey, proclamamos hoy con el salmo 92. Que así lo hagamos realidad con su gracia benevolente.

 

Los bendigo en nombre del Rey.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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22 de noviembre de 2015  ©Diócesis de Zacatecas