CINCUENTA DÍAS DESPUÉS… Y DESPUÉS

Domingo de Pentecostés 2015

 

Parecía que el sepulcro era capaz de encerrar la vida en el tenebroso vacío de la oscuridad. Parecía que los amigos de Jesús se perdían en la cárcel de sus miedos invencibles. Parecía que la desesperanza vaciaba de vida su futuro. Parecía, parecía…

 

Pascua-Pentecostés es un día de movimiento increíble e inesperado en el sepulcro y en el corazón  de los discípulos, sepultado por el miedo.  Pascua-Pentecostés es el acontecimiento de la Vida por excelencia, de la exuberancia del Amor, de la nueva creación.  

 

Pentecostés narra de otra forma la vida que salió del sepulcro el día de Pascua. La Vida que aparece en el acontecimiento que celebramos es descrita como fuego, aliento, soplo, viento, fuerza, vida plena en abundancia al alcance de todos. La nueva creación acontece gracias a la efusión de la persona del Espíritu Santo.

 

Pentecostés  pone la Pascua al alcance de todos. Las mujeres que fueron muy temprano al sepulcro, el veloz Juan, el lento Pedro y los asustados discípulos necesitaron de la venida del Espíritu Santo para ver y creer en el Resucitado. Sabían pero no terminaban de creer; oían rumores y noticias ciertas pero estaban muriendo de inanición.

 

Pentecostés cambia de raíz sus erróneas expectativas y las seguridades que servían de ancla a sus miedos. Pentecostés les abre a las posibilidades infinitas del Espíritu. En Pentecostés los asustados discípulos pasan a ser intrépidos y gozosos testigos del Resucitado. En Pascua- Pentecostés hemos nacido como Iglesia permanentemente en salida.

 

Vivimos Pentecostés en el año del Señor 2015.  Año de elecciones políticas, familiares, escolares, personales...  El ambiente electoral aparece enrarecido, sin ilusión, dominado por los miedos de nuevas pestes, plagado de incertidumbres. Parece (por lo que vemos y oímos) que el sepulcro del desencanto gana espacios vitales de la sociedad. Campañas que le apuestan a la exhibición impune de la suciedad, al encono, al juego  de lodo, a la antiética y la inmoralidad, a la destrucción del contrincante, al desencuentro, ¿pueden ayudar a vislumbrar un  futuro decente, alejado de la corrupción, constructor de nuevos espacios  para una necesaria salud pública?

 

Uno de los grandes milagros de Pentecostés es la comunicación entre personas diferentes (= hablar en lenguas). El Espíritu capacita a los discípulos para que hablen el idioma universal del amor, la tolerancia que brota de la verdad y la caridad, la generosidad hacia personas distantes y diferentes. El discípulo de Jesús, modelo 2015, no puede vivir  sin el ánimo y la claridad que proporciona el Espíritu de Dios.  

 

Pentecostés es la fiesta de la comunicación para reconciliar, de la cercanía para acceder a la fraternidad. La presencia real del Espíritu construye la comunidad, promueve lazos de solidaridad, genera responsabilidad personal y social, da dones para la vida, ilumina el camino, fortalece los corazones cansados, anima al desencantado. El Espíritu Santo es señor y dador de Vida. ¿Habrá Pentecostés 2015 en nuestros corazones?

 

¡Ven Espíritu Santo, llénanos de tus dones!

 

Bendigo a cada uno/a de ustedes.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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24 mayo de 2015  ©Diócesis de Zacatecas