EL JUICIO DE LA CRUZ

4º. Domingo de Cuaresma. Ciclo B

 

Nicodemo vuelve a ocupar la primera frase del Evangelio del  domingo. El buscador ‘de noche’ tuvo que apechugar un impresionante monólogo de Jesús sin hacer preguntas. No sabemos en qué terminó Nicodemo, si siguió dormido en ‘su noche’, o se decidió ver la luz de fe y se despertó con el día pleno de la verdad. ¿Terminó creyendo en Jesús? ¿La figura de la serpiente en el desierto le ayudó a mirar/creer/aceptar a Jesús que nos salva en/desde la cruz? ¿Le convencería el proceso judicial del que habla  Jesús? No sabemos. Nicodemo volverá aparecer en escena recogiendo los restos mortales del Crucificado junto con su paisano José de Arimatea.  

 

No es fácil creer en alguien que ha sido condenado a muerte en la cruz. Parece imposible aceptar que un aparentemente ‘fracasado’ sea el Hijo de Dios. ¿A quién se le ocurre? ¿No pudo haber sido de otra forma? ¿Dios es así? ¿Y las cruces de los crucificados de todos los tiempos? Intento comprender los ‘peros’ de aquel Nicodemo y las ‘sospechas’ de los Nicodemos posmodernos… Sin embargo, la fe me reclama que diga con toda la fuerza del amor: el Crucificado es el Hijo de Dios, ha entregado la vida por nosotros para que tengamos vida en abundancia, la cruz es signo de victoria…  “Miren el árbol de la Cruz, donde estuvo clavado el Salvador del mundo”, cantaremos en la liturgia del Viernes Santo.

 

Nicodemo no termina de entender/aceptar el juicio del que habla Jesús. Muchas veces, tampoco nosotros. Pero no hay de otra para el cristiano auténtico: levantar los ojos hacia la cruz es una profesión de fe en Jesús en quien se realiza definitivamente el “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único…” 

 

No es/da lo mismo creer o no creer. Creer –según el texto dominical- es ser salvados, ver la luz, obrar según Dios, acercarse a la luz, realizar la verdad… No creer es condenación, vivir en tinieblas, obras malas, los que obran el mal y detestan la luz… La humanidad entera se organiza alrededor de estas dos posiciones. En la medida en que se opta por la luz y se obra con la verdad, el ser humano va decidiendo su destino, su juicio.   

 

La imagen de Jesús muerto y suspendido en la cruz ha quedado grabada en la memoria de los creyentes. Aprendemos el signo de la cruz desde pequeños, nos acompaña toda la vida y, en la jornada final, nos abrazamos con más fuerza a la fe en el Crucificado que ha vencido la muerte. Meditar y hacer nuestro el viacrucis es participar ya de la vida nueva que brota del costado del Crucificado. 

 

En quince días iniciamos la semana más importante para el cristiano. Para nosotros que pensábamos que lo sabíamos todo acerca del horizonte total de la vida, la fe y el pecado nos caerá muy bien volver a mirar al Crucificado. Así quedaremos sanos de visiones egoístas, utilitaristas y viciadas de Dios, del prójimo y de nosotros mismos.

 

Los bendigo haciendo la señal de la cruz.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

@signorbar
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • YouTube Social  Icon
  • Instagram Social Icon

15 de marzo de 2015  ©Diócesis de Zacatecas