LA CRUZ CAMINO A LA GLORIA

Domingo de Ramos “De la Pasión del Señor”. Ciclo A

 

   Hoy es al revés: la celebración litúrgica empieza por la gloria y concluye en la larga lectura de la pasión según san Mateo. El triduo pascual inicia con la muerte del Crucificado y culmina en la gloria del Resucitado. ¿Es así  en la vida/historia del ser humano y de la humanidad? Primero aclamados, más tarde crucificados y ¿resucitados? Domingo de Ramos “de la Pasión del Señor”.

   Hoy es día domingo, pero no es cualquier domingo. Como en la vida, aunque haya domingos, no todos los domingos son iguales. Domingo de contrastes: hosannas y cruces, gloria y condena, inicio de una semana especial y final de una vida… Domingo de ramos/palmas para aclamar y para enjuiciar… Domingo de procesión y de permanecer de/en pie… Es domingo y como todo domingo celebra la muerte y la resurrección de nuestro Señor y la esperanza de  la nuestra y de los nuestros. Color litúrgico rojo, como en el Viernes Santo, Pentecostés, las fiestas de los apóstoles y de los mártires. ¡Qué de contrastes! ¿Así es la vida del cristiano?

   Hoy abrimos la puerta de la Semana Santa. Para muchos es la puerta de un período de vacaciones, vacaciones de primavera, según el lenguaje laico. ¿Por qué tiene que coincidir con el marco religioso de Semana Santa, y no con el inicio de la primera estación del año? De ser domingo de contrastes, la Semana Santa pasa a ser semana contrastada: silencio y ruidos, espíritu y mundanidad, santidad y pecado, procesiones y playas, ayuno y excesos, trabajos y descanso, contemplación y distracciones, comunión y dispersión… La vida de nuestra sociedad está llena de contrastes heredados y contrastaciones inducidas por nuestras decisiones. Mientras más, más… ¿Para bien? ¿Para mal? El contexto y el aire que respiramos estos días influyen irremediablemente en la manera de vivir, convivir y aprovechar estos días.

   Nos disponemos a inaugurar, con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. El pórtico de este domingo es pequeño: la bendición de los ramos y la procesión de entrada, sencilla y solemne. Grande, muy grande, infinitamente grande es el final: la plenitud de la Pascua. La aclamación al Señor es una confesión de fe y un grito humilde: “¡Sálvanos, Señor!”. El relato de la pasión según san Mateo nos invita a entrar en el drama de Jesús, a ser protagonistas con él. No podemos permanecer indiferentes. Somos interpelados, como lo fueron los apóstoles, el pueblo y las autoridades religiosas y políticas de aquel tiempo. También a nosotros se plantea el dilema de absolver o condenar a Jesús, de apostar por la verdad o por la mentira. En la fe no hay términos medios. La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús es la señal del amor incondicional del amor de Dios. Agua viva, Luz del mundo, Vida eterna desde la puerta del bautismo… El plan de Dios no está diseñado para suscitar/mantener cristianos mediocres.

   Entremos con Jesús y con la Iglesia a la Jerusalén de la tierra y del cielo. La mejor forma de hacerlo es ir ‘montados en un burrito’, es decir, montados en la  humildad,  vestidos con la obediencia de la fe y adornados con los ramos de la entrega, como lo hizo Jesús. Recordemos que esta procesión y la procesión de la vida van por dentro.  La liturgia de la Iglesia en estos días santos nos permite ahondar en el precio que Jesús pagó para salvarnos, para llegar a ser hijos de Dios de una sola pieza y… multiserviciales. Las escenificaciones y tradiciones de nuestros pueblos nos pueden ayudar a crear un ambiente favorable. No nos quedemos en el folclor. Lo más  importante está en el sí humilde y obediente de la fe que transforma nuestra vida e influye en la sanación del tejido social. Salgamos al encuentro del Señor. Los brazos del Crucificado están abiertos para llenarnos de gloria, de la gloria de la Resurrección.

   Bendigo los ramos con que aclamarán a Jesús.

   Bendigo a las personas que los porten este día y todos los días.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas