UNA COMUNIDAD ALTERNATIVA

7º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

  

   Jesús es radical, no rigorista, hemos meditado el domingo pasado. Hoy el Maestro nos muestra que la radicalidad del discípulo y su comunidad  aplica a dos realidades muy sensibles/sentidas  en los tiempos posmodernos: la violencia  (de vis = fuerza brutal, en latín) y el amor  a los enemigos (hostes = enemigo, en latín). El Evangelio, siempre buena noticia de salvación, aplica a todas las realidades humanas -intenciones y deseos, omisiones y acciones, mañana y tarde de la vida, noche y día- con el fin de sanar, orientar, transformar, trascender, humanizar, divinizar al sujeto, su entorno y su contexto (circunstancias decíamos, antes).

   Hablamos de calidad en los productos de nuestras estudiadas, informadas e industriosas manos. Buscamos que la calidad sea certificada y que

¿CUÁNTOS DIOSES HAY… EN NUESTRA VIDA?

8º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

 

    No sé si es la forma adecuada de formular una pregunta en los tiempos posmodernos que vivimos. ¿Cuántos amores? ¿Cuántos esposos/as? ¿Cuántos intereses? ¿Cuántos refugios? ¿Cuántos hogares para una vida? ¿Cuántos dólares? ¿Cuántas inversiones? No sé, no sé… ¿Se puede hablar de cantidad en temas tan decisivos? ¿Cuántos? ¿Cuántas? De que necesitamos pesas (pesos) y medidas en el diario existir, no hay duda. Ahí (allá) están el sistema métrico decimal, el sistema inglés, los sistemas económicos de ayer y los actuales. Pesan y miden. Indican y miden el valor de las cosas y propiedades... ¿Es todo lo que necesitamos para el bien estar y el bien vivir? ¿Es lo único? ¿Qué más? ¿Algo más?

   La Palabra del domingo previo al inicio de la Cuaresma nos invita a preguntarle a la vida y al Dios de la vida. Los temas que la Palabra sugiere para tematizar en nuestro diario vivir son importantes y exigentes: el dinero, sus usos, costumbres y tentaciones; la divina providencia, la del día primero del mes, la de todos los días y sus tentaciones; la justicia divina, la del último día, la de cada jornada y sus tentaciones; el Reino de Dios, sus luces, sombras, ambigüedades y tentaciones. ¡Ah que Jesucristo que nos hace pensar, decidir, seguir haciendo el discernimiento para seguir eligiendo/decidiendo! Tan fácil que hubiera sido para Él haber solucionado, de una vez por todas, las dudas habidas y por haber… Pero no.  La fe en Él y las tareas encomendadas en la construcción del “venga tu Reino” están para ser pensadas, procesadas, aceptadas o rechazadas. En el camino somos invitados a obrar y hacer la parte que nos corresponde. Si acertamos, disfrutaremos las mieles de la paz. Si no, el disfrute dejará enormes crudas de vacíos y remordimientos.

   La alegría de la vida consiste en con-seguir la paz, vivirla, compartirla, repartirla.  La paz (si quieren aterrizarla añadan: del corazón, entre esposos, hermanos, vecinos, familia, sociedad…) sólo se da y fructifica en gozo (que nadie puede quitar) cuando estamos seguros a qué dios servimos/dedicamos/entregamos nuestra vida. Un corazón que tiene varios dioses sufre porque no sabe qué quiere, a quién quiere, a dónde va… Por sentido común, está claro que si se tienen dos amores (o más, en tiempos de globalización y relativismos espantosos) a todos se les promete (al cabo da lo mismo) y a todos se les miente una y otra vez, hasta que… (cf. La noticia más relevante de la semana que acaba de terminar… en la cárcel).

  “Ahí donde está tu tesoro, está tu corazón”, dice el Señor. “No se preocupen por su vida pensando qué comerán, o con qué se vestirán”, afirma con una sonrisa infinita, de polo a polo, nuestro Padre rico en misericordia, que tiene infinitas acciones en la creación. “A cada día le bastan sus propios problemas”, termina afirmando con contundencia la Buena Noticia de hoy. “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y lo demás se les dará por añadidura” nos indica/impera el Señor Jesús al inicio de esta semana (lo repite desde el inicio de la vida cuando nuestros padres se amaron y fuimos engendrados).

  La garantía está dada para toda la creación, en el tiempo, en todo tiempo, por el Padre eterno. Dios es fiel, divinamente fiel, infinitamente fiel. ‘Dios no les falta/ faltará a sus creaturas’, decían y dicen las ‘gentes’ creyentes,  ante situaciones difíciles y desesperadas, personas que no se han contaminado con la moda de tener varios dioses. Dios es nuestro padre; su corazón, fiel y misericordioso, está puesto en sus hijos amados. De ahí que la divina providencia sea expresión sublime de su fidelidad y de su misericordia sin fin. Quien nos ama y nos sostiene en la existencia, lo hace para siempre, no cambia de parecer. Por eso respondemos a la Palabra de hoy con el salmo 61: Sólo en Dios he puesto mi confianza.

  Nuestra respuesta/responsabilidad es: si Dios es fiel, nosotros… ¿somos fieles?  ¡Qué bello nombre, fieles cristianos! ¿Es así en nuestros afectos diarios? No hay de otra, el amor es fiel, o no es amor. No hay de otra, somos fieles administradores de/en la creación confiada por nuestro Padre, o nos hacemos infieles destructores de los bienes creados, originalmente diseñados y heredados para que alcancen a todas las generaciones.

   Próximo miércoles, inicio de la Cuaresma 2014.

  

Que la bendición deseada y pedida sea signo de fidelidad.

 

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas

haya garantías comprobables. Algunas empresas están tan seguras de la efectividad de la calidad, que ofrecen devolver el dinero si el cliente no queda satisfecho. Bienes materiales con ‘valor’ agregado y ¿valores éticos? que tratan de dar confianza en las relaciones comerciales. Todo esto es bueno ya que abona al progreso de las personas, de las empresas y de la sociedad entera. Pero… ¿Se pueden aplicar los criterios de las relaciones comerciales a las relaciones humanas? Hay y, si los hay, ¿cuáles son los parámetros para saber si nuestras relaciones humanas son de calidad?  ¿Cómo certificar (dar certeza-garantía) nuestra fe-amor?  Jesús responde y nos invita a ir, otra vez, a la raíz, a ser discípulos radicales. 

    “Han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo les digo: No hagan resistencia al hombre malo…”  Nos puede sonar a ingenuidad ante el mal y los malosos, de parte de Jesús; cosa de tontos, despistados, de parte nuestra.  La ley del talión (talis qualis = tal cual la ofensa, tal cual el castigo) buscaba evitar una venganza desproporcionada, o venganzas sin límite de tiempo, no la reconciliación. Jesús presenta una nueva alternativa ante la violencia para no resistir al mal con mal: ofrecer la otra mejilla, dar hasta el manto y acceder más de la cuenta. Es decir, la violencia se vence solamente con la no violencia; el mal solamente se puede vencer con el bien.  Lo primero que pide el Señor ante el problema de la violencia es estar totalmente dispuesto a no ejercerla. Alguien tiene que cortar con ella a través de la no violencia y la reconciliación.  La razón: somos hijos del mismo Padre Dios y los hijos de Dios no pueden embrutecerse en el odio y en la violencia.

   “Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo, odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos…”  La primera regla de la convivencia humana es la caridad sin límites, sin condiciones. Jesús plantea como un imperativo la actitud de amar que va más allá de simpatizar, tolerar…  Es amar, hasta el grado de  llegar a convivir con el otro como hermano. Este tipo de amor que propone Jesús es el único que abre verdaderas posibilidades  de formar una auténtica comunidad humana. Por eso, quizás una de las maneras más nobles de  amar al enemigo es orar por él. Con la oración nos hacemos presentes, no perdemos el vínculo con las personas que nos ofenden o persiguen. Oramos por ellos no porque sean malos, sino para no romper los vínculos y posibilidades ante Dios.

   Jesús mueve el tapete de nuestros acomodos fáciles, mediocres y nos invita al plus de la perfección: “Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”. Es la invitación radical para que el discípulo y su comunidad edifiquen sobre roca y no sobre arena.  Para amar al enemigo y renunciar a la violencia, el discípulo debe tener otra convicción: ser una persona y una comunidad alternativa. No se puede seguir a Jesús pensando y haciendo lo mismo que todos los demás. Cuando Jesús eligió a sus discípulos no pensó en hacer un grupo de imitadores de los comportamientos establecidos. Se dedicó por completo a formar una comunidad que fuera capaz  de proponer/proporcionar un comportamiento alternativo en lo esencial: ante el servilismo, servicio; contra el odio, amor;  ante el egoísmo, la entrega de la vida; contra la marginación, la inclusión desde el amor; ante el culto viciado por intereses, la adoración en espíritu y en verdad…

   Buenos días, buenos días… ¿Cómo estamos ante el día y los días nuevos inaugurados por Jesucristo? ¿Estamos ya inmersos en esta red de la caridad? ¿Le entramos? Sólo se trata de introducir la solidaridad y el amor gratuito  que brotan de nuestra fe en Cristo en todas las relaciones humanas.

   Nos encomendamos a Dios mutuamente. Los bendigo.

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas