ADVIENTO: ACTIVAR LA ESPERANZA

I Domingo de Adviento. Ciclo B

 

Conocemos bien los momentos sombríos de la vida: te falta el aire de la ilusión, las situaciones parecen aplastarte, las calles y el horizonte se cierran con mil llaves. ‘Ya no puedo más’, gritamos o escuchamos del otro lado de la pared, en la pantalla, en las redes, en el teléfono móvil. Sí, tenemos momentos en que nos desinflamos, no deseamos vivir, no deseamos vivir así, aquí, con éstos. Lo hemos vivido o lo hemos compartido, unos más, otros menos. A nivel personal, familiar, social…

 

En días pasados hemos sido testigos de que hay gente que está despertando del largo sueño de un México idealizado, irreal, surrealista, hecho en el discurso mediático, construido por unos cuantos actores interesados. El despertar ha sido y está siendo pesado, desilusionador, difícil, más ahora cuando se acerca el mes de diciembre. Valores que sostenían nuestros sueños se han devaluado: confianza, seguridad, esperanza, alegría, honestidad, respeto, democracia, autoridad, legalidad… ¿Dejar de esperar? ¿Tumbar todo? ¿Dejar de soñar? ¿Qué hacer? ¿Convertir el país en un extenso cementerio de sueños sepultados? ¿Qué? ¿Quién? ¿Cuándo?

 

¡Es tiempo de Adviento! Entrar en él es volver activar la esperanza, la humana y la divina. La nuestra que no soporta el mal, se indigna, se manifiesta, aprende a sacar fuerzas del infortunio y la debilidad, pone a trabajar el denario recibido, grita, reúne, se levanta, diseña un nuevo proyecto... La esperanza que se fundamenta en Dios, la de largo y trascendente alcance, la que se fundamenta en el amor fiel y misericordioso, la que tiene su raíz y sustento en el “tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo…”  Es el adviento del Salvador, de la salvación integral, total, para siempre. Ambas requieren de la fe en Dios y en el hombre, en el hombre y en Dios. ¡Ven, Señor Jesús!

 

Entrar en el Adviento es entrar en una historia de salvación en la que Dios lleva delantera infinita en el amor, la vida, el futuro. El horizonte es luminoso y seguro porque Dios es luz, la Luz; porque Dios es amor, el Amor; Dios es nuestro futuro. El momento y la hora no dependen de nosotros, sino de Él. Corresponde a nosotros estar atentos a su paso, vigilantes, despiertos. Quizás la gran tragedia de nuestros males es que hemos sacado a Dios de ‘la jugada’, del presente de la vida y del horizonte total. Cuando queremos salvarnos a nosotros mismos perdemos el rumbo, la ruta, la esperanza. Entrar en el Adviento es entrar en la historia de salvación que Dios Luz-Amor-Futuro quiere escribir con nosotros en el presente, por más gris y sombrío que sea. Este Adviento puede ser la hora de Dios para los que estén despiertos y vigilen.

 

Al encender la primera vela  pidamos a Dios nos ayude a activar la esperanza; que trabajemos unidos por la paz y la confianza mutua; que podamos servir pronto los frutos de la justicia y la alegría en todas las mesas de los mexicanos.

 

Los bendigo con la esperanza bien activada.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas