UNA COMUNIDAD ALTERNATIVA

7º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

  

   Jesús es radical, no rigorista, hemos meditado el domingo pasado. Hoy el Maestro nos muestra que la radicalidad del discípulo y su comunidad  aplica a dos realidades muy sensibles/sentidas  en los tiempos posmodernos: la violencia  (de vis = fuerza brutal, en latín) y el amor  a los enemigos (hostes = enemigo, en latín). El Evangelio, siempre buena noticia de salvación, aplica a todas las realidades humanas -intenciones y deseos, omisiones y acciones, mañana y tarde de la vida, noche y día- con el fin de sanar, orientar, transformar, trascender, humanizar, divinizar al sujeto, su entorno y su contexto (circunstancias decíamos, antes).

   Hablamos de calidad en los productos de nuestras estudiadas, informadas e industriosas manos. Buscamos que la calidad sea certificada y que haya garantías comprobables. Algunas empresas están tan seguras de la efectividad de la calidad, que ofrecen devolver el dinero si el cliente no queda satisfecho. Bienes materiales con ‘valor’ agregado y ¿valores éticos? que tratan de dar confianza en las relaciones comerciales. Todo esto es bueno ya que abona al progreso de las personas, de las empresas y de la sociedad entera. Pero… ¿Se pueden aplicar los criterios de las relaciones comerciales a las relaciones humanas? Hay y, si los hay, ¿cuáles son los parámetros para saber si nuestras relaciones humanas son de calidad?  ¿Cómo certificar (dar certeza-garantía) nuestra fe-amor?  Jesús responde y nos invita a ir, otra vez, a la raíz, a ser discípulos radicales. 

    “Han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo les digo: No hagan resistencia al hombre malo…”  Nos puede sonar a ingenuidad ante el mal y los malosos, de parte de Jesús; cosa de tontos, despistados, de parte nuestra.  La ley del talión (talis qualis = tal cual la ofensa, tal cual el castigo) buscaba evitar una venganza desproporcionada, o venganzas sin límite de tiempo, no la reconciliación. Jesús presenta una nueva alternativa ante la violencia para no resistir al mal con mal: ofrecer la otra mejilla, dar hasta el manto y acceder más de la cuenta. Es decir, la violencia se vence solamente con la no violencia; el mal solamente se puede vencer con el bien.  Lo primero que pide el Señor ante el problema de la violencia es estar totalmente dispuesto a no ejercerla. Alguien tiene que cortar con ella a través de la no violencia y la reconciliación.  La razón: somos hijos del mismo Padre Dios y los hijos de Dios no pueden embrutecerse en el odio y en la violencia.

   “Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo, odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos…”  La primera regla de la convivencia humana es la caridad sin límites, sin condiciones. Jesús plantea como un imperativo la actitud de amar que va más allá de simpatizar, tolerar…  Es amar, hasta el grado de  llegar a convivir con el otro como hermano. Este tipo de amor que propone Jesús es el único que abre verdaderas posibilidades  de formar una auténtica comunidad humana. Por eso, quizás una de las maneras más nobles de  amar al enemigo es orar por él. Con la oración nos hacemos presentes, no perdemos el vínculo con las personas que nos ofenden o persiguen. Oramos por ellos no porque sean malos, sino para no romper los vínculos y posibilidades ante Dios.

   Jesús mueve el tapete de nuestros acomodos fáciles, mediocres y nos invita al plus de la perfección: “Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”. Es la invitación radical para que el discípulo y su comunidad edifiquen sobre roca y no sobre arena.  Para amar al enemigo y renunciar a la violencia, el discípulo debe tener otra convicción: ser una persona y una comunidad alternativa. No se puede seguir a Jesús pensando y haciendo lo mismo que todos los demás. Cuando Jesús eligió a sus discípulos no pensó en hacer un grupo de imitadores de los comportamientos establecidos. Se dedicó por completo a formar una comunidad que fuera capaz  de proponer/proporcionar un comportamiento alternativo en lo esencial: ante el servilismo, servicio; contra el odio, amor;  ante el egoísmo, la entrega de la vida; contra la marginación, la inclusión desde el amor; ante el culto viciado por intereses, la adoración en espíritu y en verdad…

   Buenos días, buenos días… ¿Cómo estamos ante el día y los días nuevos inaugurados por Jesucristo? ¿Estamos ya inmersos en esta red de la caridad? ¿Le entramos? Sólo se trata de introducir la solidaridad y el amor gratuito  que brotan de nuestra fe en Cristo en todas las relaciones humanas.

   Nos encomendamos a Dios mutuamente. Los bendigo.

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas