SER RADICAL, NO RIGORISTA

Sexto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

   Ser radical (tal como se oye) no está de moda, aunque los extremistas radicales ocupan un espacio importante en las noticias de cada día. Ser rigorista, tampoco está de moda, aunque sus posturas y reacciones extremas ocupan, también, su buen espacio en los tiempos y espacios noticiosos. Las manifestaciones, tanto de radicales (radix = raíz, en latín) como de rigoristas (rigor = rigidez, tieso, severidad escrupulosa, en latín), se salen de lo que la ‘buena educación social’ considera normalidad, o de lo que la juerga política considera ‘políticamente correcto’. ¿Equilibrio calculado y cómodo? ¿Jugar con el score? ¿Madurez es el justo medio? ¿Mediocridad ideológica? ¿Falta de compromiso? ¿Opacidad como estilo de vida privada y pública? Por otra parte, cada vez son más aceptados públicamente y publicitados los considerados deportes ‘extremos’, las formas ‘extremas’ de solucionar conflictos existenciales, laborales, políticos, religiosos y más. Estos pensamientos, en forma de cuestionamientos, se me vienen al corazón y a la cabeza al leer, releer, meditar, escuchar, interpretar e intentar compartir la reflexión del Evangelio, en este domingo del tiempo ordinario en la Liturgia, domingo posterior  al día del amor y la amistad (a propósito, ¿amistades radicales?, ¿amores celosamente rigoristas?).

   En los años sesentas y setentas (los jóvenes de aquel tiempo) escuchamos con frecuencia que Jesús recibía calificativos de radical, revolucionario, superestrella y más adjetivos que expresaban radicalismos/extremismos de distintos géneros. En nuestro tiempo, más tranquilo en cuestión de ideas radicales  y confuso-confundido-light en cuestiones de moral y costumbres, nos volvemos hacer la misma pregunta: ¿Jesús es un radical?, ¿un rigorista desadaptado? Sus discípulos, modelo 2014, ¿debemos ser radicales?, ¿rigoristas adaptados? La Iglesia católica, tan exigida y vapuleada por determinados radicalismos y rigorismos, ¿debe tomar partido por la izquierda, por la derecha, por la idea dominante del momento? ¿Debe dar cuentas de los comportamientos de sus fieles a la ONU? El cristiano está invitado (‘dichosos los invitados a la mesa del Señor’) a encontrar la respuesta en la persona, palabra y comportamiento de Jesús. La Palabra de este domingo y los dos que siguen es clarificadora: Jesús es un radical, extremadamente exigente y lleno de ternura y compasión, al mismo tiempo.

   En el texto de hoy (Mateo 5, 17-37) aparecen dos grupos, al parecer, radicales, rigoristas y más: los escribas y los fariseos. Ambos grupos (y partidos) buscaban la correcta interpretación de la Ley y los Profetas. No eran tan malos, pero… Ante la influencia de la ocupación de los romanos no quedaba mejor refugio que aprender, leer e interpretar la ley de Moisés de manera correcta; a veces lo hacían de manera rigorista e hipócrita. Jesús no se suma a esas corrientes, tampoco las niega. Va mucho más allá. Indica la necesidad de ir a la raíz de todo comportamiento, a la interioridad de la fe y su manifestación en obras que construyen comunidad. No se trata de cantidad, tampoco de calidad entendida como el mínimo del ‘peor es no hacer nada’.  En otras palabras, la vida del discípulo no se reduce a vivir correctamente; hay que preguntarse si se hace con buenas intenciones, con el deseo y la voluntad de dar el más y más del amor en todos los campos de la existencia/vida.

    Hoy Jesús lo aplica a tres temas que siempre han sido de controversia: el respeto a la vida del prójimo, el respeto al amor entre esposos y la confianza en la verdad. Ir a la raíz en el respeto a la vida del prójimo es no sólo no matar, sino ni siquiera el rencor, el insulto, la violencia más pequeña hacia el otro. La razón es que si alguien es capaz de la violencia aparentemente insignificante (bullyng, decimos hoy) y la deja crecer, tarde o temprano puede llegar a matar  a su prójimo. Y aunque no llegara a hacerlo, dejó de hacer lo más por cumplir lo menos: hay que apostar por la reconciliación, no por la ofensa que lleva a la muerte…  No basta con evitar el adulterio, es indispensable ir a la raíz: ver con respeto a toda mujer… Ante el mandamiento de no jurar, Jesús pide que no se jure por nada ni por nadie. En este caso ir a la raíz es generar confianza en lo que decimos y hacemos, es creer en el sí o en el no de la persona, sin necesidad de nada más…

   No basta, pues, cumplir los mandamientos por encimita; es necesario ir al fondo, a la razón de ser de los mandamientos: el amor de/a Dios y el amor al prójimo que convertimos en hermano.

   Jesús es radical, va a la raíz… Y, ¿nosotros? Buena tarea para todos los días del amor y la amistad.

   Lo abrazo con pretensión de radicalidad evangélica.

 

+ Sigifredo

   Obispo de Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas